En Canadá, donde hay pocos musulmanes, una organización despierta el miedo a los islamistas

(Ariana Drehsler/The New York Times)

STONEHAM-ET-TEWKESBURY, Quebec – Patrick Beaudry, enjoyado, tatuado y barbado, vive en una remota ladera boscosa en el Quebec rural, y le preocupa vivir bajo la sharia.

Hace año y medio, se reunió con dos amigos en una cabaña del azúcar en Quebec para hablar sobre cómo detener la propagación de lo que llamaron “el islam político e invasivo” en Canadá. Formaron una organización llamada La Meute o Los Lobatos, crearon una página en Facebook e invitaron a personas de ideas similares a unirse.

En un mes, tenían 15,000 seguidores. Hoy, la cantidad ha superado los 50,000, y la organización sigue atrayendo gente. Ahora, Beaudry y sus colegas dicen que están formando a esos seguidores para que sean miembros que paguen cuotas, lo cual dará músculo financiero a la organización y, esperan, influencia política.

El primer ministro Justin Trudeau ha abierto públicamente las puertas de Canadá a refugiados y ha presentado un rostro de tolerancia e inclusión en un mundo cada vez más hostil hacia la inmigración. Sin embargo, mientras que la política de inmigración canadiense ha transformado al país durante décadas, han crecido bolsones de intolerancia.

En ninguna parte ha movido a la acción a tantas personas como en Quebec, donde muchas todavía se refieren a sí mismas como “pure laine”, o pura lana, que son los descendientes directos de los colonos de la Nueva Francia del siglo XVII. La respuesta más emocional se ha concentrado en los inmigrantes musulmanes conservadores, quienes, quizá, presentan el mayor contraste con la cultura tradicional de base europea y el laicismo por el que Quebec luchó tanto para ganarle a la Iglesia católica romana.

Las inquietudes son exageradas bajo cualquier medida. Los musulmanes representan solo tres por ciento de la población de Canadá y, aun cuando el islam es una de las religiones de crecimiento más rápido en el país, solo representarán menos de seis por ciento de la población en el 2050, según el Centro Pew de Investigación.

No obstante, Beaudry y sus pares dicen que creen que existe una amenaza real de que los islamistas estén dirigiendo la cultura de la tolerancia de Canadá según su voluntad. La inquietud principal de la organización es el islam político que impulsó la Hermandad Musulmana, que es el movimiento panárabe que creció desde Egipto a la caída del Imperio otomano, después de la Primera Guerra Mundial.

“El islam político está invadiendo lentamente nuestras instituciones”, declaró Beaudry, y dijo que su organización tiene pruebas documentales, aunque no estaba preparado para mostrarlas. “Tengo que despertar a las personas y sacudirlas, y entonces podremos hacer el cambio”.

El tema es popular entre las organizaciones de derecha en toda América del Norte y Europa, donde la lenta integración de los inmigrantes musulmanes conservadores a las culturas judeo-cristianas ha excitado los temores de una guerra mundial cultural entre algunos.

Una medida en el 2004 para establecer la mediación con la sharia en las disputas familiares musulmanas en Ontario, donde ya se permitía el funcionamiento de tribunales basados en las religiones judía y católica, incitó la indignación nacional.

Posteriormente, en Quebec se aprobó una ley por la que se prohíben los tribunales en los que se aplique la sharia. Al final, Ontario prohibió los tribunales basadas en las religiones para todas las denominaciones. No obstante, con los acontecimientos, algunas personas se quedaron con la impresión de que los musulmanes conservadores estaban trabajando para inculcar la sharia en Canadá.

Los musulmanes canadienses dicen que no solo no están fundados esos temores, sino que propagarlos también es peligroso para ellos y para la sociedad en su conjunto.

“Están creando un problema donde no lo hay”, dijo Hassan Guillet, un abogado e imán.

Guillet dijo que los musulmanes canadienses están atrapados entre lo que él llama un centro mediático, implacable y negativo con frecuencia, en el islam y las organizaciones de derecha, como La Meute, que divulga información errónea.

“Si se sigue rechazando a los jóvenes, se sentirán frustrados y sentirán que no pertenecen, y buscarán su propia sociedad”, advirtió Guillet, y añadió que tal desapoderamiento había conducido a que algunos jóvenes musulmanes europeos siguieran el camino de la radicalización. “No queremos eso. Queremos que nuestros hijos sientan que pertenecen. Queremos que nuestros hijos se sientan canadienses”.

En cuanto a la influencia de la Hermandad Musulmana en Canadá, Samer Majzoub, el presidente del Foro Musulmán Canadiense y frecuente blanco de las teorías de la conspiración, la calificó de simple propagación del miedo.

Notó que el reciente ataque terrorista mayor de Canadá no provino de los musulmanes, sino que se cometió en su contra. Se refería al asesinato de seis feligreses en una mezquita en Quebec, que cometió un pistolero en enero; el hombre acusado de los asesinatos promovía puntos de vista de extrema derecha.

Han surgido organizaciones pequeñas, de derecha y violentas, en las décadas desde que Canadá relajó sus leyes migratorias para abrazar el multiculturalismo. Sin embargo, la repulsión hacia la violencia y sus discursos de odio las han mantenido en los márgenes. La Meute ha creado un ambiente más moderado en el que la gente puede comunicar sus temores.

“La Meute es muy diferente de lo que hemos visto hasta ahora”, dijo Samuel Tanner, un profesor adjunto en el Centro Internacional de Criminología Comparada en la Universidad de Montreal, quien estudia a la extrema derecha canadiense.

Equiparó a los seguidores de la organización con los demócratas de cuello azul en Estados Unidos que apoyaron al presidente Donald Trump. “Son un tipo nuevo de derecha que mezcla el conservadurismo con algunos valores liberales”, dijo.

Algunos expertos advierten que organizaciones como La Meute, por mucho que rehúyen la violencia, crean un entorno facilitador, en el que puede crecer el odio. “Están incrustados en un etos cultural más general que confiere ‘permiso para odiar’”, notó Barbara Perry, una profesora en la Universidad de Ontario e Instituto de Tecnología que ha escrito extensamente sobre el extremismo de derecha en Canadá.

Beaudry, el hijo de quien fuera leñador y operador de equipo pesado, se unió al Ejército canadiense cuando tenía 17 años y pasó años en Alemania. Se retiró después de un accidente automovilístico en el 2002 y, subsecuentemente, pasó varios meses trabajando como contratista privado en Afganistán. El espectro del régimen talibán influyó enormemente en él.

Dijo que sus amigos y él estaban motivados por el asesinato, en 2014, de dos soldados en Canadá, en incidentes distintos, a manos de extremistas canadienses que se habían convertido al islam. “Nos dimos cuenta de que estaba pasando algo”, comentó Beaudry y agregó que los ataques terroristas en Francia y Bélgica siguieron poco después.

Dijo que el objetivo principal del financiamiento de La Meute es el de educar a sus miembros y a otros sobre el crecimiento del islam político en Canadá.

Beaudry habló específicamente sobre la oposición de la organización al nicab y el burka, los estilos islámicos de prendas para cubrir el rostro de las mujeres. Solo una porción muy reducida de la población canadiense las adopta, pero “si la gente no puede mezclarse con la sociedad”, dijo Beaudry, “se convierte en un cáncer, y si quieres salvar la vida, tienes que actuar”.

También cree que una moción parlamentaria que se aprobó el mes pasado por la cual se condena la islamofobia es una medida para silenciar las críticas al islam político y es el primer paso hacia una ley islámica contra la blasfemia.

En la página privada en Facebook, los dirigentes de La Meute les hacen preguntas a los seguidores buscando a los más informados y dedicados que podrían cubrir los puestos de la jerarquía.

Beaudry dijo que La Meute estaba asignando seguidores a 17 “clanes” geográficos, cada uno de los cuales tiene funcionarios y personal, “para que la gente sepa ante quién reportarse y a dónde ir cuando suceden cosas”. Dijo que cinco clanes “están en pleno funcionamiento” y que esperaba que todo esté formado para finales de año.

La organización tiene células de transporte que llevan a las personas a los mítines y unidades médicas para atender a los lesionados. Algunos miembros empezaron hace poco una estación de radio por internet. El mes pasado, La Meute desplazó a 400 personas en cuatro ciudades para protestar por la moción contra la islamofobia.

“Estamos tratando de enseñarle a la gente que tienen muchísimo más poder político, que importan muchísimo más de lo que cree la mayoría”, notó Beaudry. “Queremos influir en nuestro mundo, en nuestra política”.

Craig S. Smith
© 2017 New York Times News Service

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