¿Es Trump racista?

© 2016 New York Times News Service

¿El partido de Lincoln acaba de nombrar a un racista como candidato a la presidencia? No debemos de lanzar acusaciones a la ligera, así que examinamos más de cuarenta años de la carrera de Donald Trump para ver qué dice su historial.

Una de las primeras señales de alarma surgió en 1973, cuando el departamento de Justicia durante el gobierno de Richard Nixon _ al que no podríamos llamar radical de sus tiempos _ demandó a Trump y a su padre, Fred Trump, por discriminar sistemáticamente a los negros en la renta de vivienda.

Yo examiné 1,021 páginas de documentos de esa batalla legal y la verdad es que son devastadores. Donald Trump era entonces presidente de la empresa de bienes raíces de la familia y el gobierno acumuló abrumadoras evidencias de que la compañía tenía la política de discriminar a los negros, incluso a los que servían en las fuerzas armadas.

Para probar la discriminación, se enviaban negros a los edificios de departamentos de Trump a preguntar sobre la disponibilidad y, poco después, se enviaba a personas blancas. Una y otra vez, a los negros se les decía que no había nada disponible, mientras que a los blancos se les mostraban los departamentos disponibles para renta de inmediato.

Un ex superintendente de edificios que trabajó para la familia Trump explicó que le dijeron que marcara cualquier solicitud de personas negras con la letra C, de “color”, al parecer para que la oficina supiera que había que rechazarla. Un agente de renta de los Trump precisó que la familia quería rentarle solo a “judíos y ejecutivos” y ponía obstáculos a rentarles a negros.

Donald Trump luchó furiosamente contra la demanda por derechos civiles en los tribunales y en los medios de comunicación, pero la familia a fin de cuentas llegó a un arreglo cuyas condiciones fueron consideradas por todos como una victoria para el gobierno. Aun así, tres años después, el gobierno volvió a demandar a los Trump por seguir discriminando.

Hay que decir, en pro de la justicia, que esos juicios datan de hace mucho tiempo y que las políticas discriminatorias muy probablemente fueron establecidas no por Donald Trump sino por su padre. Fred Trump parece haber sido arrestado durante un acto del Ku Klux Klan en 1927. En unos papeles descubiertos recientemente Woody Guthrie, que vivió en una propiedad de Trump en los años cincuenta, arremete contra Fred Trump por incitar el odio racial.

Como sea, aunque Donald Trump haya heredado las políticas discriminatorias de la empresa de su padre, él se alió de manera decisiva contra el movimiento por los derechos civiles en la batalla por la vivienda en los años setenta.

Otro momento revelador ocurrió en 1989, cuando la ciudad de Nueva York estaba convulsionada por el caso del “corredor de Central Park”, que golpeó y violó a una joven blanca. Cinco adolescentes negros y latinos fueron arrestados en conexión con ese caso.

Trump intervino, criticó al alcalde Ed Koch por llamar a la paz y compró anuncios en periódicos a plana completa para exigir la pena de muerte. Los cinco adolescentes pasaron años en prisión hasta que fueron exonerados. En retrospectiva, ellos sufrieron una versión moderna del linchamiento y Trump fue uno de los que azuzaron a la turba.

La discriminación siguió a Trump cuando este entró en el negocio e los casinos. En los años ochenta, según un ex trabajador del casino de Trump, Kip Brown, citado por The New Yorker, “cuando Donald e Ivana venían al casino, los jefes les ordenaban a todos los negros que no estuvieran en el piso. (…) Nos ponían en el fondo.”

En un libro de 1991, John O’Donnell, que fue presidente del hotel y casino Trump Plaza en Atlantic City, refiere que Trump criticaba a un contador negro y decía: “¡Negros contando mi dinero! No lo tolero. Las únicas personas que quiero que cuenten mi dinero son los tipos chaparritos que usan yarmulka todos los días. Creo que ese tipo es perezoso. Y probablemente no es su culpa pues la pereza es un rasgo de los negros. Es verdad, eso creo. No es algo que puedan controlar.” O’Donnell escribió que durante meses después de ese incidente, Trump lo presionó para que despidiera al contador negro. Finalmente, el contador renunció por su propia voluntad.

Trump negó haber hecho esos comentarios. Pero en 1997, en una entrevista con Playboy, admitió que “probablemente son ciertas las cosas que escribió O’Donnell sobre mí”.

Los registros recientes seguramente son más conocidos: las declaraciones de Trump de que el presidente Barack Obama nació en Kenia; sus insinuaciones de que Obama fue admitido en universidades de prestigio solo gracias a la acción afirmativa; sus críticas contra los inmigrantes mexicanos que, “en muchos casos, (son) criminales, narcotraficantes, violadores”; su propuesta de prohibir temporalmente la entrada en Estados Unidos a todos los musulmanes; su crítica a un juez estadounidense de padres mexicanos, del que dijo que no puede llevar su caso por ser mexicano; su reticencia a distanciarse del Ku Klux Klan durante una entrevista por televisión; su retuiteo de una gráfica que afirma que 81 por ciento de blancos asesinados son víctimas de negros (la verdadera cifra es de un 15 por ciento), y así sucesivamente.

Trump también ha retuiteado mensajes de supremacistas blancos y de simpatizantes nazis, entre ellos dos de una cuenta llamada @WhiteGenocideTM con una foto del fundador del partido nazi de Estados Unidos.

Trump niega repetida y vehementemente ser racista y ha llegado a borrar algunos tuits ofensivos.

Mi opinión es que “racista” es un término muy cargado, algo que suspende la conversación en lugar de aclararla, y que debemos de tener cuidado de no usarlo simplemente como epíteto. Aún más, los musulmanes y los latinos pueden ser de cualquier raza, por lo que algunas de sus declaraciones técnicamente no nos hablan tanto de racismo sino de intolerancia. Y también es verdad que en alguna declaración en particular, Trump se haya expresado mal o haya sido mal interpretado.

Pero, de todos modos.

Aquí tenemos a una persona que por más de cuarenta años ha estado asociada repetidamente con la discriminación racial y con comentarios intolerantes sobre las minorías, algunos de ellos hechos ante la televisión a la vista de todo mundo. Si bien cualquier episodio en particular puede ser ambiguo, lo que surge después de más de cuarenta años es una trama narrativa, una conducta uniforme. Y yo no veo de qué otra manera llamarla si no es racismo.

Nicholas Kristof
© The New York Times 2016

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