Ex primera dama promueve un islamismo tolerante y feminista

Kemal Jufri/The New York Times
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YAKARTA, Indonesia ⎯ Las mujeres musulmanas transexuales miraron alrededor del salón de recepción maravilladas. Estaba llena de espléndidos tributos de gobernantes extranjeros: espadas de filigrana doradas de Kuwait, urnas chinas elaboradamente pintadas y versos del Corán elegantemente enmarcados. Finalmente, la anfitriona, Sinta Nuriyah, de 69 años de edad, entró al salón en su silla de ruedas, pasando frente a un gigantesco busto de su esposo, Abdurrahman Wahid, un ex presidente y una voz poderosa del islamismo moderado.

Las mujeres, que usaban pañoletas y trajes tradicionales, habían acudido a Sinta en busca de consejo. Su escuela islámica para mujeres había sido cerrada por una organización intransigente local en medio de una represión nacional contra los grupos de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales, y no tenían idea de cómo reabrirla.

Sinta, que usaba un chal de batik y un velo que cubría parcialmente su cabello, estaba en su típico buen estado de ánimo, escuchando atentamente y encontrando pausas en la conversación para ofrecer consejos. “Acérquense al jefe de distrito regional”, dijo. “Todas las personas tienen el derecho de venerar a Dios, no solo algunas personas. Esa es la verdad en el islamismo”.

Ofreció una resplandeciente sonrisa a las mujeres reunidas, estrechando sus manos y abrazándolas mientras se aglomeraban alrededor de su silla de ruedas para tomarse autorretratos.

“No hay nadie más en Indonesia como ella, que se preocupe tanto por los grupos marginados”, dijo con entusiasmo Shinta Ratri, la lideresa de la escuela.

Desde la muerte de su esposo en 2009, Sinta, especializada en estudios de la mujer y paralizada de la cintura hacia abajo después de un terrible accidente automovilístico en los años 90, ha llevado adelante la campaña de la familia a favor de un islamismo feminista y tolerante. “Vivimos entre diferentes religiones, etnicidades y culturas”, dijo en una entrevista. “Es necesario que hagamos frente a los extremistas”.

En el tejido pluralista de Indonesia han estado apareciendo rasgaduras en los últimos años, a medida que grupos islámicos intransigentes que anteriormente estaban al margen de la política nacional ejercen cada vez mayor influencia. El primer gobernador cristiano de Yakarta en generaciones, Basuki Tjahaja Purnama, también conocido como Ahok, está enfrentando una persecución por “insultar al Corán”, después de una vigorosa campaña por parte de los intransigentes musulmanes para que sea derrocado.

Sinta, fue uno de los pocos personajes musulmanes importantes que se puso del lado de Basuki después de que fue acusado el año pasado, elogiándolo en una reciente aparición en televisión como “lo suficientemente valiente para dar un paso al frente y quitar un puesto al grupo dominante”.

Su activismo a favor de las minorías frecuentemente la enfrenta con los intransigentes. Durante los últimos 16 años, Sinta se ha dedicado a recorrer las ciudades indonesias durante el Ramadán, celebrando ceremonias interreligiosas para poner fin al ayuno con el fin de promover la tolerancia.

El año pasado, en una iglesia católica en Semarang, fue enfrentada por un grupo musulmán intransigente cuyos miembros la acusaron de promover la mezcla de dos tradiciones religiosas. La disputa fue ampliamente reportada en los medios noticiosos nacionales, y el líder de la división regional de Banser, una milicia musulmana con orientación moderada, anunció que se movilizaría para proteger los actos de Sinta en el futuro.

“Tienen que ser enfrentados”, dijo Sinta de los intransigentes, quienes trataron de alterar numerosos actos interreligiosos que ella encabezó el año pasado. “Si no lo son, se envalentonarán y serán aún más audaces”.

Sinta también está en una lucha por promover los derechos de la mujer. En un programa de debates que será transmitido a fines de abril, el presentador le preguntó porque se oponía a la poligamia, diciendo que él había escuchado decir a un hombre que era él perfectamente apto para tener a sus 12 esposas.

“¿Quién puede ser apto para múltiples esposas?”, preguntó Sinta.

Nada en los primeros años de Sinta predijo lo alto que ascendería.

Nacida en 1948 en la localidad rural de Jombang en Java Oriental, fue la hija mayor y una de los 18 hijos de un calígrafo que tenía solo una esposa. Fue educada en un internado islámico local para niñas donde impresionó a sus maestros con su religiosidad y ambición académica.

Wahid, un carismático maestro joven en la escuela cuyo padre era el líder de Nahdlatul Ulama, la organización musulmana más grande de Indonesia, se enamoró de la franca y hermosa jovencita, que entonces tenía solo 13 años. Visitaba la casa de ella después de la escuela para jugar ajedrez con su padre, y eventualmente le pidió permiso para casarse con su hija.

Pero Sinta le dijo a su padre que no le interesaba. “Era demasiado joven, y el amor no había florecido todavía”, dijo. Era considerado escandaloso que la hija de una familia común rechazara a Wahud, pero el padre de ella le dejó decidir.

Fue el improbable inicio de un gran romance.

Después de que Wahid se mudó a El Cairo para estudiar, y pasara apuros en clase, Sinta le escribió: “La humanidad no debería fracasar siempre en la vida. Si ahora estás fallando en tus estudios, entonces no deberías fallar también en el amor”.

Él aprovechó la apertura, y le escribió entonces desde Bagdad, a donde se había trasladado, para pedirle que se casara con él. Esta vez, ella estuvo dispuesta, pero como él no regresaría de Irak en tres años más, su abuelo lo representó en la ceremonia nupcial.

Después de que Wahid regresó a Indonesia en 1971, Sinta obtuvo un título en la ley Shariah y luego dejó la universidad para iniciar una familia, teniendo eventualmente cuatro hijos mientras hacía y vendía dulces y golosinas heladas para ayudar a mantenerlos.

En 1992, regresó a la escuela, tomando cursos de posgrado en la Universidad de Indonesia en el recientemente creado departamento de estudios de la mujer. “Quería analizar el grado al cual la religión da forma a la vida de las mujeres, y también el grado al cual las mujeres influían en la religión”, dijo.

Ese fue también el año del accidente automovilístico. Sinta, que salió despedida del vehículo, se encontró tendida en el camino, incapaz de moverse. Lo recuerda como un periodo infernal y deprimente en el hospital rodeada por quienes habían tenido apoplejías y estado en accidentes. Después de un año de terapia física, finalmente pudo mover sus brazos, pero siguió paralizada de la cintura para abajo.

Sinta quiso continuar sus estudios, pero las clases de estudios de la mujer eran en el cuarto piso del edificio. Cuando se descompuso el elevador, Sinta pidió a amigos que construyeran una camilla de bambú e hizo que los guardias de seguridad del campus la subieran a clases todos los días. “Soy alguien que si hay algo que quiero, entonces lo consigo”, dijo.

Para su tesis, estudió los efectos sobre la salud del embarazo en las niñas novias. Eso la puso en contacto con una antigua amiga de la escuela, y tuvo un vistazo de cuán diferente podía haber resultado su vida. “Mi amiga tenía 16 hijos, porque su esposo era un prominente predicador que quería tener 25 hijos”, dijo Sinta, agitando la cabeza.

En 1999, después de que renunció el dictador Suharto, su esposo se convirtió en el primer presidente de Indonesia en ganar una elección disputada. Mientras que la notoriamente corrupta familia de Suharto vivía lujosamente, Sinta instó a su esposo a proyectar una humildad democrática, una razón por la cual la familia sigue siendo recordada con cariño en Indonesia. “No necesitábamos actuar o vestir ropa como si fuéramos reyes”, dijo.

Su esposo fue impugnado después de dos años en el cargo por no mantener el orden en los tumultuosos primeros años de la democracia de Indonesia. Pero ambos siguieron activos en asuntos públicos. Sinta estableció una red de internados islámicos progresistas para niñas para promover la equidad de género en algunas de las partes más rurales y conservadoras del país.

“No es fácil borrar las doctrinas que ya han penetrado profundamente”, dijo, y señaló que aun cuando clérigos superiores objetaban sus revisiones al plan de estudios clásico para los internados islámicos para niñas, otros lo habían adoptado.

Dice que le preocupa profundamente si las instituciones musulmanas moderadas de Indonesia eran capaces de refrenar la ola de islamismo fundamentalista.

“Ahora nuestra lucha es incluso más pesada” que las luchas anteriores contra las potencias colonialistas e imperialistas, dijo, “porque la gente a la que enfrentamos no son extranjeros, sino de nuestra propia nación”.

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