Exiliados llegan y encuentran que su hogar es un teatro berlinés

(Gordon Welters/The New York Times)

BERLÍN ⎯ Kenda Hmeidan llegó aquí procedente de Damasco, apenas en noviembre. Dejó atrás un país en guerra, y a su familia. La separación fue dolorosa, pero su camino no fue el que uno esperaría. Ella es actriz y vino aquí para unirse al recientemente creado Exil Ensemble.

Es un grupo de siete artistas originarios de Siria, los territorio palestinos y Afganistán que no pueden dedicarse a su arte en sus países natales y que ahora están en residencia en el Maxim Gorki Theater, uno de los escenarios públicos más innovadores de Alemania.

Cuando empezó la guerra, Hmeidan, de 24 años de edad, había visto a amigos escapar rumbo a Europa, pero ella eligió quedarse y obtener su título de actuación en Siria en 2015.

“Yo no quería venir de manera ilegal, porque quería regresar algún día”, dijo recientemente, sentada en la cafetería del Gorki.

Pero ¿cómo convierte uno su propia llegada en arte tan pronto? ¿Cómo enfrenta el trauma? ¿Y cómo se expresa en un nuevo idioma?

Para Hmeidan y el Exil Ensemble, la respuesta es “Winterreise”, o “Travesía invernal”, un docudrama tragicómico creado en torno a un tour en autobús que los actores tomaron a través de Alemania en las semanas más frías de enero. La primera producción teatral del grupo ⎯ y una poderosa confluencia de arte, política y diáspora ⎯, se estrenó en el Gorki con buenas críticas.

“Están en medio de un proceso, y es un proceso muy delicado”, dijo Yael Ronen, la directora de base del Gorki, quien escribió y dirigió “Winterreise”. “La guerra en Siria sigue sucediendo. Tienen familiares ahí. Las heridas están abiertas”.

Algunas historias que surgieron en el ensayo eran demasiado crudas para ponerlas en el escenario, así que “Winterreise” se convirtió en una especie de meditación sobre el exilio y la llegada, creada en torno a una travesía más que en torno de una trama.

“Tratamos de realmente mantenerla muy personal, no convertirlos en los representantes, o bocas, que hablaran en nombre de los refugiados que vinieron a Alemania”, dijo Ronen, de 40 años de edad, quien se mudó a Berlín desde su nativa Israel y ha recibido elogios en Alemania y Austria por obras dominadas por monólogos que se inspiran en las vidas de los artistas. (Su obra “The Situation”, en el Gorki, sobre israelíes y árabes en Berlín, fue designada mejor obra el año pasado en la competencia Theatertreffen para dramas en alemán.)

Los actores del Exil Ensemble tienen contratos de tiempo completo en el Gorki hasta el otoño de 2018. Su mandato es crear dos producciones para el escenario principal al año, además de realizar talleres y estudiar para prepararse para carreras en los escenarios alemanes. El Gorki es financiado por la ciudad de Berlín y tiene un elenco de 18 actores. La residencia del Exil ha sido cubierta por 1.2 millones de euros (más de 1.2 millones de dólares) del gobierno federal alemán, la lotería de Berlín y la privada Fundación Mercator.

El Munich Kammerspiele tiene una iniciativa similar, el Open Border Ensemble. Las nuevas compañías son parte de una creciente respuesta cultural en Alemania a la afluencia de más de un millón de solicitantes de asilo procedentes de Medio Oriente desde 2015, que ha causado un examen de conciencia sobre la identidad nacional. Esa oleada también ha llevado a un ascenso de los partidos políticos de derecha, que argumentan que el país recibió a demasiados refugiados.

“Yo describiría el clima en la sociedad como muy frágil”, dijo Philipp Ruch, el director artístico del Centro para la Belleza Política, que produce “intervenciones” artísticas que tienen mensajes políticos intencionados.

“Los políticos dicen que hemos dado albergue a suficientes refugiados; que ahora tiene que frenarse”, dijo.

En un país rico como Alemania, que sigue luchando con su pasado nazi, “esto no tiene nada que ver con la realidad”, añadió.

El Exil Ensemble también tiene un componente educativo itinerante. “Winterreise” se presentará en el Gorki hasta julio, luego viajará por Alemania y a Zúrich, presentándose en teatros que coprodujeron la obra. El objetivo es concientizar sobre los inmigrantes, dijo Shermin Langhoff, la directora artística del Gorki, quien se mudó a Alemania desde Turquía en su niñez y quien a menudo ha encargado obras que aborden los temas de la identidad.

En Alemania, quienes llegan desde Siria “son todos catalogados como balseros”, dijo Langhoff. “Pero, por supuesto, también hay artistas, intelectuales, científicos que huyen de la guerra”.

La premisa de “Winterreise” es que un hombre alemán (Niels Bormann), está dando albergue a seis recién llegados en Berlín. (La séptima integrante de la compañía está de permiso por maternidad.) Después de que dicen que no lo entienden ⎯ y quieren saber a dónde va la relación ⎯, él los lleva a un recorrido en autobús por Alemania. (El título de la obra está inspirado en un sombrío y evocador ciclo de canciones de Schubert del mismo nombre, el cual explora el rechazo, el aislamiento y la soledad.)

En Dresde, Niels quiere mostrarles la capital del romanticismo alemán, pero en vez de ello encuentran una manifestación de Pegida, un movimiento antiinmigrantes cuyo nombre es la sigla en alemán de Europeos Patrióticos contra la Islamización de Occidente.

En el escenario, Hussein, interpretado por Hussein Al Shatheli, un actor originario de Damasco, y Karim, interpretado por Karim Daoud, un campeón de parkour procedente de Qalqilya, una ciudad palestina en Cisjordania, miran desde la ventana de su hotel para leer los letreros de los manifestantes. “Fátima Merkel”, dice uno, refiriéndose a la Canciller alemana.

“Pensé que era Ángela”, dice Karin en árabe.

Hussein responde: “Quizá es su segundo nombre, como Barack Hussein Obama”.

La escena provocó aplausos en la noche del estreno. (El diálogo de la obra está en inglés, alemán y árabe, traducido al inglés y alemán con sobretítulos.)

En otra escena, Shatheli, de 32 años de edad, quien nació en Siria de padres originarios de los territorios palestinos, explica cómo llegó a Alemania a principios de 2015. Voló a Turquía, pagó a un contrabandista para que lo llevara a Grecia, y eventualmente voló a Alemania vía Zúrich después de comprar un documento de identidad italiano falso.

“Viajar es algo que me gustaría hacer libremente”, dijo Shatheli en una entrevista aquí. “Ser forzado a hacerlo no es mi estilo de viaje”.

Como Hmeidan, Shatheli es graduado de la Academia de Artes Escénicas en Damasco, donde él, ella y Mazen Aljubbeh, otro sirio en la compañía, estudiaron con Ayham Majid Agha, de 36 años de edad, el director artístico del Exil Ensemble, quien ayudó a reclutarlos.

Los críticos teatrales alemanes también han elogiado cómo “Winterreise” aborda, con humor, el choque cultural del sexo. Maryam Abu Khaled, de 26 años de edad, es originaria de Jenin, un campamento de refugiados palestino, el cual tiene costumbres sociales conservadoras, y en la obra, su personaje pasa apuros para comprender a un nuevo amigo alemán que está en una relación abierta. “Debe haber algo para mí entre un matrimonio arreglado y una relación abierta”, dice.

Más allá de las risas, hay desvíos hacia la oscuridad; lo cual es inevitable, dada la historia y las circunstancias. El grupo también visitó el campo de concentración de Buchenwald. Agha dijo que era la parte más difícil del viaje. Escritor y cineasta de origen checheno-armenio que creció en Siria ⎯ y quien estudió el método Stanislavsky en Damasco con maestros rusos ⎯, está casado con una dramaturga alemana de origen ruso-judío, y tienen dos hijos.

Si la hija de Agha recibe un pasaporte alemán, “ella será la responsable de esta historia”, dijo. “Si yo recibo un pasaporte alemán, será mi historia”.

Rachel Donadio
© 2017 New York Times News Service

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