Ganándose la vida en Airbnb, pese a riesgos y huéspedes difíciles

(Hilary Swift/The New York Times)

NUEVA YORK ⎯ Los neoyorquinos que dan la bienvenida a extraños en sus casas convirtiéndose en anfitriones de Airbnb han encontrado que la experiencia puede ser, por turnos, estresante, divertida y, en ocasiones, embarazosa. Pero, para algunos anfitriones decididos, ha resultado lo suficientemente rentable para reemplazar fuentes de ingresos más tradicionales.

El primer huésped de pago que Evelyn Badia invitó a su casa fue Ted, un profesor originario de Ámsterdam. Ted era bebedor de café, pero Evelyn no tenía una cafetera. “Mi primer error como anfitriona”, dijo Badia. “No bebo café. ¿Por qué debería tener una cafetera?” Rápidamente salió y compró una.

A Ted, resultó, no le importó la omisión. Cuando viajó de nuevo a Nueva York unos meses después, esta vez con su esposa, la pareja se hospedó con Badia, cuyos huéspedes le han dado una calificación de cinco estrellas. “Como anfitrión de Airbnb uno tiene que recordar que no se trata de uno mismo, sino de ellos”.

Airbnb, el servicio de renta de casas a corto plazo que empezó operaciones hace ocho años y ahora está valuado en 31,000 millones de dólares, estima que hay 46,000 anfitriones en todo el estado de Nueva York, con más de 45,000 casas activas enlistadas solo en la Ciudad de Nueva York, que generan cientos de millones de dólares en ingresos por rentas cada año.

Los ingresos promedio anuales de un anfitrión son de 5,468 dólares; dinero que, según ha dicho el fiscal general del estado de Nueva York, podría escapar de los impuestos locales sobre las ventas, los servicios hoteleros y los negocios desincorporados. Funcionarios estatales han instituido multas contra la promoción ilegal en listados de propiedades, argumentando que Airbnb ayuda a convertir a viviendas permanentes en habitaciones de hotel de facto. (Otras ciudades en todo el mundo también han actuado para controlar las rentas a corto plazo ilegales.)

Josh Meltzer, director de políticas públicas de Nueva York para Airbnb, no está de acuerdo. “Airbnb ayuda a miles de neoyorquinos a salir adelante en una ciudad cada vez más cara”, dijo. “Desafortunadamente, la ley actual agrupa a los neoyorquinos responsables, quienes ocasionalmente comparten su propia casa, con los hoteles ilegales que retiran viviendas permanentes del mercado”.

Meltzer espera que se apruebe una ley estatal que distinga entre los anfitriones de Airbnb que siguen las regulaciones de vivienda y aquellos que no, y que permita a Airbnb cobrar los impuestos hoteleros a nombre del estado. Con esa finalidad, Airbnb ha hecho acuerdos hasta ahora con 11 condados rurales de Nueva York para recaudar un impuestos hotelero entre los anfitriones.

Para las personas que necesitan ingresos extra, Airbnb ofrece una solución de libre mercado y autoregulada (vía reseñas de huéspedes y anfitriones) para cobrar rentas a la tasa del mercado a corto plazo. Los viajeros pagan a los anfitriones por el alojamiento, y Airbnb enlaza la oferta con la demanda, cobrando comisiones a los huéspedes y los anfitriones que van del 3 al 12 por ciento sobre cada reservación.

Aunque Airbnb incluye seguro para los anfitriones con cada estadía, la política tiene numerosas exclusiones, y Airbnb requiere que un anfitrión presente una reclamación en un plazo de 14 días tras la partida de un huésped, o antes de que llegue un huésped subsecuente, lo que suceda antes. Luego están los riesgos de ir en contra de los reglamentos estatales o municipales, que generalmente prohíben las rentas a corto plazo de menos de 30 días si un anfitrión no vive en el departamento o la casa.

“Estaba muy nerviosa la primera vez”, dijo Badia. “Pero, como dije, Ted fue maravilloso”. Su casa está en una calle tranquila en Park Slope, Brooklyn, no lejos de los restaurantes y bares de la Quinta Avenida. La casa para dos familias, un dúplex coronado por un departamento privado, es una situación ideal para un anfitrión. A través de Airbnb, ella renta el departamento de dos recámaras del piso superior, el cual acostumbraba rentar a un inquilino a largo plazo y también renta una recamara en el dúplex de la planta inferior al que llama hogar. Es tan ideal que Badia, de 50 años de edad, dice que se embolsa casi 100,000 dólares cada año siendo anfitriona.

“Ser anfitrión es toda una experiencia”, dijo. “Primero, el anfitrión está nervioso de empezar, luego está emocionado, luego ve el dinero”. Pero cuando el anfitrión se topa con un mal huésped o siente que abusan de él, dijo, “dice: ‘Oh, Dios mío, odio a estas personas’”.

Pese a los buenos ingresos que percibe a través de Airbnb cada año, Badia no se siente financieramente segura. Mucho del dinero que gana lo destina al mantenimiento de la casa. También necesita una estrategia financiera para sobrevivir los meses lentos de enero, febrero y marzo.

“Y se tiene que hacer frente al hecho de que uno vivirá con extraños por el resto de su vida”, dijo.

En Crown Heights, Brooklyn, Donna Deans, de 63 años de edad, planea usar Airbnb para financiar su retiro. Por 80 dólares por noche los huéspedes pueden tener una cama tamaño queen y un futon en la segunda recámara de Deans. Como Badia, Deans es anfitriona por necesidad.

“Lo más extraño que me sucedió fue una pareja de padre e hijo procedentes de Italia”, recordó. “Se quedaban sentados en ropa interior viendo el fútbol. Fue decirme: ‘Ok, supongo que todo está bien’. Después de que se fueron, la casa quedó oliendo a pies durante dos días”.

Los anfitriones dependen en parte de las reseñas de los huéspedes de Airbnb para decidir a quien permitir el ingreso a sus casas. Deans pasa mucho tiempo enviando correos a los huéspedes, en gran medida confiando en su instinto para descartar a los potenciales malos actores antes de permitirles reservar.

Rechazó a “un grupo de universitarios fiesteros” y sospechó de “dos chicas que casi tenían 18 años y sus madres decían que podían venir a Nueva York”. También dice no a la gente que tiene “solicitudes ridículas, como ‘¿Puedo fumar mariguana en la habitación?’”

Desde febrero, cuando la Oficina de Ejecución Oficial del Alcalde empezó a imponer una nueva ley estatal diseñada para impedir que la gente anuncie ilegalmente las rentas temporales, nueve individuos o entidades han sido multadas con un total de 65,000 dólares. Tatiana Cames, una agente de bienes raíces de 51 años de edad y anfitriona de Airbnb durante más de cinco años, fue uno de esos individuos.

Cames había anunciado recientemente cinco sitios de renta en Airbnb en el edificio de cuatro unidades y usos mixtos en Bedford-Stuyvesant, Brooklyn, que compró con su ex esposo a través de una compañía de responsabilidad limitada en 2015 por 2.15 millones de dólares. Aunque la residencia primaria de Cames está en el cercano Clinton Hill, su ex esposo e hija viven en el edificio, cada uno en una unidad subdividida donde reciben a turistas. Cames ofrece otros tres espacios de renta ente las otras dos unidades, para un total de cinco propiedades enlistadas.

Cames dijo que los inspectores habían llegado con insignias y dijeron a los ocupantes que “solo querían hablar con los inquilinos y asegurarse de que todos estuvieran seguros”. En ese momento, estaba albergando a una familia de turistas franceses con un bebé. “No es posible que los turistas viajen a una ciudad tan cara como Nueva York y alimenten a sus familia en restaurants tres veces al día”, dijo.

Los inspectores emitieron órdenes de desalojo para dos unidades que creyeron habían sido ilegalmente subdivididas y carecían de salidas adecuadas. También emitieron citatorios por convertir viviendas permanentes para el uso temporal, trabajar sin permiso para la construcción de unidades adicionales, no ofrecer las alarmas y aspersores contra incendios adecuados para el uso temporal, y violar el certificado de ocupación del edificio. Adicionalmente, Cames fue multada con 5,000 dólares, 1,000 dólares por cada una de sus cinco propiedades enlistadas en Airbnb en un edificio donde no vive. Si Cames ofreciera los espacios en una casa de una o dos familias donde ella también fuera residente permanente, habría cumplido con la ley.

Mientras continúa el debate sobre cómo Airbnb pudiera afectar la disponibilidad de vivienda y los precios de las rentas en la ciudad, el incentivo para el anfitrión es claro. ¿Por qué rentar el departamento promedio neoyorquino de una recámara en 2,700 dólares mensuales cuando existe el potencial de ganar 200 dólares por noche, o 6,000 dólares al mes, durante las temporadas turísticas pico?

En Park Slope, Badia reflexionó sobre lo que la hacía una anfitriona exitosa. “Sabe, las mujeres mayores son el grupo demográfico de más rápido crecimiento en Airbnb”, dijo, citando datos dados a conocer por la compañía. “¿Sabe por qué? Porque tenemos la propiedad, tenemos la casa. Sabemos cómo recibir visitas. Nos preocupamos por los demás”.

James Dobbins
© 2017 New York Times News Service

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