Irlanda reconsidera su estricta prohibición al aborto

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DUBLÍN – Una asamblea de ciudadanos irlandeses convocada por el parlamento está considerando hacer cambios a una de las políticas más divisivas del país: la prohibición casi total del aborto, consagrada en la Constitución de Irlanda desde 1983.

El grupo, la Asamblea de Ciudadanos, está conformado por cien miembros y es dirigido por Mary Laffoy, una jueza del Tribunal Supremo.

No tiene autoridad para cambiar la ley. Sin embargo, el mandato que le confirió el parlamento para examinar el alcance de los asuntos médicos, legales y éticos en torno al aborto, demuestra una disposición a discutir de nuevo la prohibición, una de las más estrictas del mundo occidental.

En los últimos tres meses, la asamblea ha recibido más de 13.500 comentarios de los irlandeses, de los cuales más de mil se han publicado en línea. La asamblea los revisó, junto con testimonios de expertos, la primera semana de enero en el Grand Hotel Malahide. Tiene programado emitir un informe más tarde este año.

El aborto ya era ilegal en Irlanda antes de 1983, pero la Octava Enmienda dio el mismo estatus al “derecho de vivir del nonato” que al “derecho de vivir de la madre” en la constitución. La modificación se promulgó con base en un referendo y solo puede alterarse o descartarse mediante otra consulta popular.

Sin embargo, varios casos muy publicitados desde la aprobación de la enmienda han contribuido a, y demostrado, el cambio de parecer de muchos irlandeses. En 2012, una mujer de 31 años, Savita Halappanavar, murió por septicemia durante un aborto espontáneo después de que un hospital se negó a practicarle un aborto que habría salvado su vida.

Y el año pasado, un comité de las Naciones Unidas determinó que Irlanda había violado los derechos de una mujer al obligarla a viajar al extranjero para practicarse un aborto a pesar de que se habían diagnosticado graves defectos congénitos al feto.

Más de 3400 mujeres que interrumpieron sus embarazos en Inglaterra durante 2015 indicaron en los formatos médicos que tenían domicilios en Irlanda.

“Los abortos suceden a diario. Penalizarlos o volverlos ilegales no hace que desaparezca la necesidad o el deseo de una mujer de obtenerlos, o que se someta a sí misma a un procedimiento casero. Siempre habrá ganchos, botellas rotas, escaleras por las cuales tirarse, puños con los cuales golpearse o analgésicos que tomar en exceso”, dijo Leslie Spillane, veinteañera de Cork en la plataforma para publicar en línea comentarios a la asamblea. “Aunque no estés de acuerdo con el aborto, no es moralmente aceptable imponerle tu punto de vista a los demás”.

La Octava Enmienda ha enfrentado varios cuestionamientos legales y políticos desde su aprobación. En 1992, la corte suprema irlandesa avaló el derecho de una mujer a interrumpir un embarazo si su vida está en riesgo, incluso por pensamientos suicidas, pero la interpretación de ese fallo sigue siendo disputada.

También hay incertidumbre legal sobre la definición de “nonato”. Se espera que la asamblea ciudadana pueda resolver algunas de estas cuestiones.

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