La Guardia Costera enfrenta desafíos en el mar y en la Oficina de Presupuesto

(Andrew Burton/The New York Times)
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ALAMEDA, California ⎯ El vicealmirante Fred Midgette, comandante de las operaciones de la Guardia Costera en el Área del Pacífico, tiene un desafío casi tan enorme como el océano que patrulla en búsqueda de narcotraficantes, con la responsabilidad por un área que es del doble de tamaño que la del Estados Unidos continental.

La Guardia Costera está pasando apuros para mantener el ritmo, confiscando 20 por ciento de todas las drogas que penetran a Estados Unidos a través de la frontera costera, a medida que su flota envejecida intenta perseguir a las lanchas rápidas favorecidas por los traficantes.

“Cuando la mayoría de la gente piensa en la seguridad de las fronteras, piensa en la Patrulla Fronteriza”, dijo Midgette. “Lo que hacemos al interceptar las drogas en altamar tiene una conexión directa con lo que sucede en la frontera sur en términos de detener las drogas ilícitas y la inmigración ilegal.

“Cuando se detienen drogas en el río Bravo, eso es ya una pérdida”, añadió. “Uno quiere alejar esas cosas de Estados Unidos lo más posible”.

Pero eso se está volviendo cada vez más difícil para la Guardia Costera, que ha operado con presupuestos sin cambios aun cuando su misión se ha ampliado para incluir inteligencia y antiterrorismo.

Hay barcos más nuevos como el Stratton, una patrullera de la Guardia Costera, pero muchos otros en la flota tienen más de 50 años de antigüedad. El nuevo presupuesto del presidente Donald Trump recortaría el financiamiento de la Guardia Costera en 2.4 por ciento.

La propuesta reducción en el dinero se da mientras el problema del contrabando se ha vuelto más urgente. Alrededor de 70 por ciento de la cocaína consumida en Estados Unidos pasa por un corredor que va hasta las fronteras de Guatemala y El Salvador. El combate entre los cárteles de la droga que controlan las rutas de contrabando ha conducido a tasas de homicidios récord y llevado a miles de personas a la frontera entre Estados Unidos y México en busca de asilo.

Fundada hace más de 100 años, la Guardia Costera, que es parte del Departamento de Seguridad Interior, opera simultáneamente como un servicio militar, una agencia del orden y como miembro de la comunidad de inteligencia de Estados Unidos. Conocida principalmente por su papel en misiones de búsqueda y rescate, la Guardia Costera declaró que sus prioridades son hacer frente a las organizaciones del narcotráfico y proteger la frontera sur.

Los niveles actuales de financiamiento de la Guardia Costera ⎯ casi 10,000 millones de dólares ⎯ dejan al servicio pasando apuros para combatir el tráfico de drogas que ha sido desplazado hacia el mar por la reforzada seguridad en la frontera terrestre sur.

“Les damos el mejor resultado por el dinero”, dijo el almirante Paul F. Zukunft, comandante de la Guardia Costera. “Pero nuestros recursos son limitados. Como resultado, no podemos atrapar todo el contrabando de droga del que tenemos conocimiento. Solo el año pasado, tuvimos información sobre casi 580 embarques posibles, pero no pudimos ir a interceptarlos porque no teníamos los barcos o aviones para ir tras ellos”.

El Stratton de 127 metros, basado en Alameda, es uno de los barcos más avanzados en la flota de la Guardia Costera, equipada con sistemas de radar de vanguardia, video infrarrojo, un helicóptero y un pequeño drone llamado ScanEagle. Construido en 2012, es uno de los seis barcos de patrullaje de seguridad nacional que están en servicio y ofrece una importante mejora al arsenal de la Guardia Costera.

En una mañana reciente a bordo del Stratton, docenas de tripulantes vestidos con uniformes de trabajo azules se apresuraban haciendo reparaciones. El sonido del taladro se hacía eco en los corredores del barco. Pronto, el Stratton se dirigiría al mar.

En la extensión del Pacífico, las patrulleras como el Stratton buscan a los barcos pesqueros, lanchas rápidas llamadas pangas y submarinos de fabricación casera que son usados para pasar de contrabando toneladas de drogas de Centroamérica a través de México y finalmente hasta Estados Unidos. Los cárteles en Latinoamérica y el Caribe han girado cada vez más hacia el tráfico en altamar conforme la producción de cocaína en Sudamérica ha alcanzado niveles récord.

Atrapar las drogas en el océano es vital para los esfuerzos de Seguridad Interior porque es cuando el volumen y la pureza de las drogas son más altos. También es donde los narcotraficantes son más vulnerables.

“Aprovechamos el hecho de que tenemos la ventaja en el agua”, dijo el capitán Nathan Moore, comandante saliente del Stratton. “Cuando ven venir hacia ellos a ese barco enorme en el horizonte, la mayoría simplemente se dan por vencidos”.

Moore dijo que incluso con toda la tecnología en el Stratton, encontrar una panga o un narcosubmarino pintados de azul para mezclarse con el océano es difícil. La Guardia Costera dijo que interceptó a un récord de seis narcosubmarinos durante el año fiscal 2016.

La mayoría de las embarcaciones ilegales son hundidas. El año pasado, la Guardia Costera confiscó un récord de 204,000 kilos de cocaína, valuada en casi 6,000 millones de dólares, una cantidad que más que la cocaína confiscada por las agencias del orden basadas en tierra combinadas. La Guardia Costera se jacta también de que interceptó a casi 7,000 personas que trataban de entrar ilegalmente a Estados Unidos, dijeron funcionarios.

Los funcionarios de la Guardia Costera dicen que la información de inteligencia obtenida de los embarques de drogas y embarcaciones capturados ha ayudado a conducir a la extradición de casi 75 por ciento de todos los líderes de los cárteles colombianos. Y contribuyó a la captura de Carlos Arnoldo Lobo, líder de un cártel hondureño, y a la segunda captura de Joaquín Guzmán Loera, el capo de la droga mexicano mejor conocido como El Chapo.

Pero la intercepción de drogas es solo una de sus misiones. El personal de la Guardia Costera protege a los puertos nacionales y extranjeros de amenazas terroristas y de otro tipo. Las unidades antiterrorismo, llamadas equipos de seguridad marítima, llevan a cabo patrullajes de seguridad portuaria y están entrenadas para operar después de un ataque realizado por medios químicos, biológicos o radiológicos.

El servicio también examina a los pasajeros de los cruceros y a los tripulantes de embarcaciones de carga extranjeras que entran a Estados Unidos. La Guardia Costera dijo que rechaza a cientos de personas cada año después de que son identificados por no tener la documentación adecuada o debido a información negativa en bases de datos de seguridad nacional.

El servicio incluso desempeña un papel en la protección del presidente.

Los equipos de contraterrorismo de la Guardia Costera protegen a Trump durante sus frecuentes viajes a Mar-a-Lago, el club privado del presidente en Palm Beach, Florida. Equipos en barcos protegen los lados del Atlántico y el Canal Intracostero de la propiedad, mientras helicópteros mantienen a drones y otros dispositivos de vuelo bajo fuera del espacio aéreo.

Los viajes se han sumado a los costos de las operaciones ya excesivamente extendidas porque la Guardia Costera no tiene financiamiento adicional para la protección del presidente en su centro turístico.

La ampliación de sus tareas y la reducción del presupuesto ha dejado a algunos funcionarios de la Guardia Costera preguntándose si pueden cumplir exitosamente con su misión.

“Seguimos viendo una cantidad importante de tráfico de drogas hacia Centroamérica y México”, dijo Zukunft. “Estamos asediados en la región debido a una falta de recursos. Los narcotraficantes simplemente tienen más barcos y aeronaves que nosotros embarcaciones y aviones para atraparlos”.

Ron Nixon
© 2017 New York Times News Service

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