La paja en el ojo ajeno

En momentos en que muchas voces han hecho de la política un circo y no una tarea por representar a los mexicanos y encauzar los destinos de nuestro país, destaca la figura del presidente del PRI, Enrique Ochoa Reza, quien desde su arribo a la dirigencia del tricolor ha jugado un papel de cómico de carpa y no es casual que por su parecido con el cómico Antonio Espino “Clavillazo”, la gente no lo tome en serio.

Ochoa Reza llegó a la presidencia del Revolucionario Institucional tras la renuncia de Manlio Fabio Beltrones, quien con las políticas impopulares de Enrique Peña Nieto, perdió 7 de las 12 gubernaturas en disputa durante los comicios del pasado 5 de junio.

Desde entonces, hace malabares en un circo de dos pistas: por una parte se presenta como el líder de un partido que se dice representar los intereses de los mexicanos pero por la otra, es un millonario que se beneficia de todas aquellas medidas que exprimen los bolsillos de las mayorías.

Su primer escándalo tuvo lugar a unos cuantos días de haberse autonominado como aspirante a presidir el tricolor: una jugosa liquidación de un millón 200 mil pesos por su renuncia de dos años y medio como director de la Comisión Federal de Electricidad.

Pese a que es uno de los artífices de la Reforma Energética, esa que tanto daño le ha hecho nuestro país, todavía tuvo el cinismo de levantar la voz para decir que se solidarizaba con los mexicanos ante el gasolinazo de enero pero por otro lado, pedía comprensión para el gobierno de Enrique Peña Nieto que no tenía otra opción más que subir los precios de los combustibles.

No le basta ser el dueño de 50 concesiones de placas de taxis en distintas ciudades y de una flotilla de vehículos nuevos pagados de contado para protestar contra el gasolinazo que, como líder priista, tanto insiste en justificar.

Ochoa Reza admitió haberse hecho de sus concesiones de taxis pagándolas a particulares, en otras palabras, en el mercado negro, ese que en ciudades como Tijuana mantienen esclavizado al chofer y enriqueciendo al propietario de placas que son otorgadas por los gobiernos estatales.

Tan “chuecas” están sus concesiones, que en Nuevo León, la Agencia Estatal del Transporte acaba de abrir en su contra una investigación por las irregularidades encontradas en su documentación, y hay sospechas de que recibió ayuda para obtenerlas. Un solo ejemplo de las mañas del nuevo líder del PRI es que en su documentación proporcionó un domicilio de San Nicolás de los Garza donde nunca vivió.

Con estos antecedentes, y en un atrevimiento que lo convirtió en la burla de los mexicanos, se atrevió a lanzar una Cruzada contra la Corrupción, la cual nunca apuntó hacia el interior del propio partido que encabeza.

El líder tricolor se sumó así a otros cómicos de la legua: el ex secretario de la Función Pública, Virgilio Andrade, quien tuvo que renunciar a su cargo en medio de escándalos de violencia contra mujeres; su maestro y guía, Luis Videgaray, artífice de la visita de Donald Trump a México, y el propio Enrique Peña Nieto, quien comete pifia tras pifia.

Desde que encabezó el partido en que milita desde los 90, Ochoa Reza lanzó el lllamado “Reto PRI” cuya primer misión es “combatir la corrupción y la impunidad en México”, una mentira que no puede tapar el sol con un dedo: el gobierno de Peña Nieto al que tanto defiende, es uno de los más corruptos que ha visto este país.

Si no fuera por su sospechosa fortuna que consta de concesiones por 50 placas de taxi y otros tantos carros de flamante modelo en la Ciudad de México, en Monterrey y Guadalajara, sus acciones en la farmacéutica AOZ, todo alrededor de Enrique Ochoa Reza sería motivo de risa.

Su última broma fue lanzar el señalamiento de que Andrés Manuel López Obrador está enfermo, en un intento de descalificar al líder de MORENA en la contienda por la presidencia en el 2018.

Tanto miedo le tiene el líder priista a perder sus privilegios que inventa enfermedades viendo la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, que olvida voltear hacia su presidente Enrique Peña Nieto quien de tan enfermo luce transparente.

A Enrique Ochoa se le compara con “Clavillazo”, solo que a este cómico se le toma más en serio y a su lado, es todo un estadista.

 

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