La vestimenta formal poderosa recibe un nuevo look

Valerio Mezzanotti / The New York Times
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PARÍS — Las muestras de París (y toda la temporada de ropa lista para usarse) cerraron el 7 de marzo en el Cour Marly del Louvre, bajo una pirámide de vidrio de I.M. Pei y un cielo oscurecido, entre heroicos desnudos de mármol de los siglos XVII y XVIII y caballos precipitados.

Entre ellos se extendieron las guerreras del camino de Louis Vuitton: mujeres no atadas a una década o referencia; mujeres aferradas a la realidad con botas de suela gruesa a la rodilla, mezclando lo pastoril y lo urbano, lo folklórico y lo futurista. Pese a que algunas llevaban encaje, carecían de fragilidad.

Un día después iba a ser el Día Internacional de la Mujer, pero para la moda, éste ya había llegado.

Quizás hubo manifestaciones políticas menos abiertas en las pasarelas de Europa que en Nueva York (la camiseta publicitaria no llegó a cruzar el mar, aunque sí lo hicieron los gorros rosas “pussy hat” y los pañuelos “amarrados”). Pero eso no significa que el clima social actual no haya sido un matiz en casi todas las colecciones: los diseñadores intentaron ya sea armar a las mujeres o decorarlas para la batalla, o cuidarlas para que pudieran ir al combate, o simplemente hacer que la cuestión del vestido (literalmente) fuera más modernizada para que pudieran … bueno, ir a la batalla.

Conforme la gente de la moda salió de Francia, Saint Laurent quedó en posición de crítica debido a una nueva campaña que mostró chicas delgaduchas con medias de malla y patines de rueda tipo zapatillas, con las piernas abiertas. Fue ampliamente contestado como degradación de las mujeres.

Pero esta es la cosa: la “mujer como juguete sexual” es muy de la temporada pasada. La vestimenta formal poderosa tiene un nuevo look, uno que no tiene nada que ver con imitar el trabajo que se quiere, sino más bien con tener la confianza para hacer lo que se tiene que hacer. Como rehacer la ropa de caballeros de la forma deseada, junto con hombros fuertes, gabardinas y cinturas ceñidas.

Hubo trajes pantalón, por supuesto, pero solo como una opción entre muchas. Hemos salido de ese casillero. Los cuerpos aparecieron más cubiertos que lo que habían estado desde hace mucho tiempo. Hubo poco pecho desnudo gratuito. Los dobladillos arremolinaban en la mayoría de los casos por debajo de la rodilla.

Luego de Vuitton, después de posar con Michelle Williams y Jennifer Connelly y Jaden Smith bajo el brillo de cientos de flashes, el diseñador Nicolas Ghesquière dijo que, para él, en un mundo donde se están alzando paredes, el punto central de la moda es mostrar que “se puede romper cualquier límite posible” y fusionar todas las categorías y culturas; que la propia moda no es el mensajero sino el mensaje.

Así que sus vestidos lenceros vinieron con todo y capas y tela cruda, y pantalones anchos de mezclilla recortada aparecieron acompañados con sacos armados en collage de distintas pieles, con las mangas acortadas para crear un efecto de charretera; vestidos sin mangas de tartán crudo fueron bañados en lentejuela para brillo. En Moncler Gamme Rouge, Giambattista Valli puso capas de tweed sobre tecno cretona, sobre encaje, sobre medias acanaladas y sobre tejidos alpinos, y agregó sacos de dormir que hacían combinación y mochilas para una autosuficiencia más glamorosa. Después, socavó su punto enviando una compañía de la Montada Canadiense para proteger el desfile final. Simplemente otro accesorio.

Antes, parada en una enorme sala que había acolchado casi por completo con imitación de piel púrpura afelpada (porque, usted sabe, a veces simplemente queremos golpearnos la cabeza contra una pared), Miuccia Prada dijo haber estado preocupada en su muestra Miu Miu por el problema de lo que significa el glamour en un mundo incierto.

Su respuesta: telas velludas en tonos pastel; abrigos con cuellos grandes de chal y botones más grandes; sombreros y manoplas y botas. Y crespones como de estrellas en ciernes de la década de 1940 tomando una bebida en tiendas de sodas con estampadas retro como teléfonos de disco y gatitos seductores, o con diamantes de fantasía juiciosamente ubicados. Esto es: ropa cómoda para el ingenio agudo.

Resultó ser que ese grupo salió en colores y alturas notablemente variadas, porque si se va a recomendar la inclusión como respuesta al aislacionismo, hay que terminar la idea: no solo aplica a distintos grupos culturales. Saint Laurent no fue la única marca señalada y deshonrada; otras (Lanvin, Margiela) también fueron señaladas por tener una pasarela demasiado homogénea.

La moda tiene mucho por hacer. Esto todo mundo lo sabe. Pero conforme las luces se apagaron en el Louvre, abierto al otro día para todos, la realidad se había comprometido (en gran parte) intelectual y estéticamente.

Vanessa Friedman
© 2017 New York Times News Service

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