Las batallas de Nigeria con Boko Haram deja cicatrices en la tierra y en su gente

(Ashley Gilbertson/The New York Times)
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NUEVA YORK ⎯ Mientras reporteábamos para un artículo sobre las masacres de civiles por parte de las fuerzas militares nigerianas, la fotógrafa Ashley Gilbertson y yo escuchamos reportes de que soldados estaban quemando aldeas. El grupo militante Boko Haram también ha sido acusado de prender fuego a casas, pero los residentes nos dijeron que los militares habían adoptado la táctica como una forma de despejar el campo para poder llevar a cabo libremente operaciones contra los insurgentes. Vimos los restos achicharrados de aldeas cuando sobrevolamos el área, pero no fue claro quiénes fueron los responsables.

En algunos lugares, parcelas de tierras agrícolas estaban quemadas. Los militares abrieron no hace mucho varias autopistas importantes que salen de Maiduguri, la capital del estado de Borno, y conducen al resto del noreste de Nigeria, diciendo que el área ahora estaba libre de insurgentes. Los agricultores que viven en los escuálidos campamentos para desplazados en Maiduguri están ansiosos por el estado de sus campos. Como no se les ha permitido regresar en años, no tienen idea qué les espera en sus granjas.

Desde el cielo, el estado de Borno, la región donde Boko Haram está más activo, es una extensión de retales de tierras en barbecho, franjas de desierto y algunas áreas pantanosas. Las condiciones similares a la inanición están arrasando en el área, una región con una rica historia agrícola. Boko Haram ha desplazado a todos los agricultores, y los militantes mismos han caído víctimas de la escasez de alimentos. Detectamos solo un puñado de vehículos en las carreteras mientras pasamos por encima. El área es en su mayor parte un pueblo fantasma.

Todas las tonalidades de beige son visibles en esta parte de Nigeria. Pensamos que vemos rastros de animales, probablemente de ganado. Boko Haram es famoso por robar vacas para alimentar a su grupo y para venderlas como medio para financiarse. La mayoría de los granjeros que tenían ganado se han ido, pero los pastores nómadas pasan por esta parte de Nigeria. Quizá los rastros son de motocicletas, que los funcionarios en Maiduguri prohibieron después de que los insurgentes las usaron para iniciar ataques y llevar a cabo atentados explosivos suicidas. Ahora, cualquier que es visto montando en una motocicleta es considerado miembro del Boko Haram.

Vimos un campamento para desplazados en una comunidad llamada Monguno. La ciudad misma fue una vez destruida por Boko Haram, pero los avances militares ayudaron a limpiarla de insurgentes, y ahora decenas de miles de personas han llegado ahí, en busca de un lugar seguro para esperar el fin de la insurgencia de años. Viven en chozas destartaladas en un campamento donde escasean las provisiones de alimentos. Más personas llegan cada día; 350 aldeanos llegaron el día previo a nuestra visita. Varios recién llegados nos dijeron que los militares les habían ordenado abandonar sus casas. Una mujer envío a alguien de regreso para revisar su casa y le comunicaron que había sido quemada por completo.

El lago Chad no está lejos de esta área de Nigeria, y los pantanos surgen en algunos sitios, al lado de las granjas. Además de los agricultores, los pescadores también han caído en tiempos difíciles durante la crisis. Los militares han prohibido en gran medida el comercio de pescado, temiendo que Boko Haram lucre con él. Conocimos a un pescador en el campamento de Monguno que había estado regresando subrepticiamente a un pequeño lago a pescar, luego se metía su captura en los pantalones con la esperanza de que no lo detectaran de camino a casa.

Los militares tiene n una gran guarnición en Monguno, y los soldados mantienen la vigilancia en sus vehículos en las afueras de la localidad. Un terraplén ha sido construido en torno a las orillas del campamento, el cual alberga a unas 26,000 personas desplazadas. Las redes de telefonía móvil en Monguno han sido cortadas y las estaciones de combustible están cerradas.

La mayoría de las granjas son inoperables alrededor de aquí. La inanición ya fue declarada en algunos sitios del estado de Borno el año pasado. Muchas comunidades están acordonadas por seguridad ya que los insurgentes se dispersan desde escondites en el bosque, empujados por las recientes operaciones militares. Grupos humanitarios enfrentan enormes desafíos logísticos para hacer llegar comida y otros suministros a las personas que los necesitan. Incluso las carreteras que los militares dicen que son seguras ahora han sido atacadas por los insurgentes.

Dionne Searcey y Ashley Gilbertson
© 2017 New York Times News Service

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