Lo veo y no lo creo

Con su reciente visita a Washington, Margarita Zavala ofrende a los mexicanos cuando llama a Donald Trump a una alianza en la que intervenga en los comicios de México en 2018 a fin de que Washington decida qué tipo de vecino quiere.

Reunida con el senador republicano John Mc Cain, la señora Zavala clama en el extranjero que México “está decidiendo entre una vuelta al pasado, entre volver a hablar de enemigos imaginarios.

En su intervención pública en la sede del Atlantic Council en Washington, donde estaba de gira de entreguismo, Zavala citó el caso de Venezuela y la llegada al poder de Hugo Chávez en 2002 como advertencia para la actual Administración del Presidente Donald Trump.

 

 

Su gira en busca del aval de la Casa Blanca donde se puso a las órdenes de Trump, es un insulto a todos los mexicanos y a la memoria de aquellos grandes hombres cuya estatura ha trascendido nuestras fronteras, como el Benemérito de las Américas, Benito Juárez, quien acuño el apotegma que asienta que “entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”, o de Genaro Estrada cuya doctrina proclama la autodeterminación de los pueblos.

Estamos hablando de estadistas, de hombres de talla mundial, de grueso calibre a los que no está acostumbrado su partido donde predominan a las pequeñeces, a los presidentes mediocres que han hecho el ridículo en el panorama internacional.

Pero Margarita al igual que los más ilustres traidores, Antonio López de Santana y Victoriano Huerta pretende entregarnos. La diferencia es que ellos vendieron a México una vez en el poder. Ella nos pone en oferta antes de poder llegar a él.

Su ofensa es similar a la que en su momento hicieran Enrique Peña Nieto y Luis Videgaray al invitar a Donald Trump a México, el mismo suelo patrio que el entonces candidato había ofendido.

Y en el colmo de la política entreguista, a Videgaray lo premiaron con la Secretaría de Relaciones Exteriores para poder servir más fielmente a los intereses de Estados Unidos.

Debemos recordar que Margarita asistió a la convención demócrata en que Hillary Clinton fue postulada candidata presidencial y hasta tuiteó “Estoy con ella”. No cabe duda: la que traiciona una vez, traiciona dos veces.

Zavala de Calderón peca de entreguista, de obsequiosa cuando compara a nuestro México con Venezuela y llama a que Estados Unidos frene en nuestra patria un gobierno al que compara con el de Hugo Chávez o Maduro.

Pero a Margarita nada de eso parece importarle: con tal de conquistar la presidencia de la República a toda costa, busca el aval de Donald Trump antes que el de los electores de nuestro país pues sabe que cada vez que abre la boca, le responde el rechazo del pueblo mexicano.

En su discurso, Margarita dijo el gobierno de la Casa Blanca tiene que analizar qué tipo de vecino quiere al sur de sus fronteras y revive el sobado discurso del odio.

“Estados Unidos también tiene que ver eso. Y todos tenemos que ver eso: ¿Qué queremos de vecinos? ¿Cómo queremos ser los vecinos? ¿Qué queremos para la región” dice la mujer que por lo visto, quiere ser la primer buena vecina de Trump.

“Y si en el 2018, que son la elecciones presidenciales están marcadas, lo están, por un enorme riesgo a la polarización, al odio, a la relajación de políticas públicas como la de seguridad, a la relajación de políticas de intercambio. En esa perdemos todos”, sentenció.

Con sus SOS al extranjero, con su propuesta de traición y sumisión, Margarita pone a México en brazos de Trump pues si bien él no decide quien contiende y quien gana en el proceso electoral mexicano, sí decide a quien le otorga su respaldo.

Esta tendencia entreguista significa ponerle nuestro país en charola de plata al magnate de la Casa Blanca, y eso que aún no ha llegado al poder, tal como ella y su esposo Felipe Calerón quisieran.

Margarita está en pánico, está asustada al igual que Calderón y Peña Nieto pues saben que sus horas ya están contadas. La señora Zavala suma la traición a la ignorancia.
Lic. Juan Arturo Salinas

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