Los intocables

En tanto que el sueldo de un trabajador es de 27 mil pesos al año, un ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación percibe siete millones de pesos. Un obrero tendría que trabajar 260 años para ingresar lo que gana un ministro.

El presidente Enrique Peña Nieto exige austeridad de los mexicanos para hacer frente a la crisis económica que asfixia al país, pero no incluye una casta de privilegiados.

La Comisión Nacional de Salarios Mínimos ha gastado a la fecha 600 millones de pesos en la elaboración de 144 estudios socioeconómicos para determinar un incremento promedio de apenas 3 pesos diarios. Al día de hoy, el minisalario en México es de 73 pesos. En contra parte, los sueldos y otras prestaciones de los funcionarios públicos es cada vez mayor.

Incluso el sueldo del presidente de la Comisión de los Salarios Mínimos es desproporcionado. En efecto, Basilio González Nuño, quien ocupa el cargo desde 1991, percibe anualmente un millón y medio de pesos, lo que equivale al ingreso total durante 55 años de un empleado común.

En nuestro país, 30 millones de trabajadores perciben el salario mínimo y la inmensa mayoría de la población económicamente activa no tiene empleo fijo.

La brecha entre los que menos ganan y los políticos se hace cada día más grande y los recortes presupuestales sólo afectan a la población más vulnerable.

Así, por ejemplo, el presupuesto federal del 2017 contempla una reducción al gasto social de hasta 239 mil millones de pesos, mientras que los sueldos de los funcionarios públicos permanecen intocables.

Moches aparte, y ya con sus respectivos aumentos, el presidente de la república tiene un sueldo asignado para 2017 de 4 millones 314 mil pesos; un secretario de estado: 3 millones 367 mil; un senador: 2 millones 735 mil y cada uno de los 500 diputados federales: 1 millón 942 mil pesos.

En un país donde existen 100 millones de pobres -la mayoría de ellos casi en la miseria-, es doloroso, insultante e inmoral que los empleados de gobierno utilicen el presupuesto para enriquecerse de esa manera.

Este es el México de las desigualdades… que ya no aguanta más.

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