Trump, mano dura y recompensas para negociar empleos

WASHINGTON – Donald Trump no ha terminado de burlarse de las empresas estadounidenses.

Después de su tour de victoria en el cinturón industrial de Estados Unidos, donde según él convenció a Carrier de conservar tal vez mil empleos manufactureros en Indiana, el domingo pasado Trump se manifestó por Twitter y amenazó con castigar a otras empresas que están considerando llevar su producción al extranjero.

Sin embargo, aunque Trump esté intentando que el cargo público más importante de Estados Unidos sea ocupado por un bravucón, existe la pregunta de si su enfoque es una política económica sensata, una actuación improvisada o un poco de las dos cosas.

De hecho, sus tácticas han despertado las críticas tanto de la derecha como de la izquierda, con una amplia gama de expertos que opinan que su enfoque puede ser ineficaz en el mejor de los casos y digno de un caudillo en el peor.

“En este enfoque el soborno está implícito, lo cual es peligroso”, dijo Tyler Cowen, un economista conservador defensor del libre mercado que enseña en la Universidad George Mason. “Hay mucho de teatro político, pero esa no es mi mayor crítica. Trump está negociando con empresas individuales fuera del Estado de derecho y los procedimientos burocráticos”.

El viernes, Trump puso en su mira a Rexnord, otra fábrica manufacturera de Indianápolis que en octubre divulgó sus planes de mudarse a México. “¡No más!”, tuiteó, con lo que ayudó a que las acciones de Rexnord cayeran en un ocho por ciento durante la semana.

De acuerdo con Trump, el castigo consistiría en un arancel sobre los bienes que las empresas enviarán de regreso a Estados Unidos después de haber mudado su producción al extranjero. Existen dudas de que Trump pueda tener la autoridad legal para castigar a empresas individuales sin una acción del congreso. Sin embargo, también está prometiendo una reforma más amplia a los impuestos empresariales y la eliminación de un cúmulo de reglas que según él limitan a las empresas estadounidenses, además de los paquetes de incentivos individuales —como el de los siete millones de dólares que recibió Carrier—.

Mike Konczal, un economista del Instituto Roosevelt, de tendencia de izquierda, dijo que él también piensa que el enfoque de Trump está condenado al fracaso, en especial si cumple con su promesa de campaña de reducir los impuestos a las empresas y a los inversionistas.

“Reducir los impuestos a los accionistas destruirá más fábricas que cualquier cosa que él salve presionando a las compañías desde su posición”, dijo Konczal. Además, los incentivos como los que Carrier recibió solo anticipan el cambio inevitable que los gigantes multinacionales harán a lugares con costos bajos, como México y Asia. “Simplemente, se irán después de haberse embolsado algo de dinero”, dijo Konczal.

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