La vida entre fronteras

Todos los días miles de personas transitan la frontera Tijuana-San Diego por compras y turismo; pero principalmente, en la esquina del país se da un fenómeno muy peculiar: el tránsito entre países para laborar donde se ubica el lado más verde del pasto. Miles de ciudadanos del tercer mundo: los fronterizos, aquellos nacidos en Estados Unidos pero que residen en México hacen largas horas de fila en coche o a pie para poder ganar en dólares y derrochar en pesos. La ventaja de estos nuevos ciudadanos del mundo es el poder generar un ingreso mucho mayor al que se les ofrece en México, pero poder pagar precios pequeños (en Tijuana) comparados a los de la ciudad vecina.

El cruce, no solo implica la congestión de carros, la cual varía dependiendo de qué tipo de etiqueta tengas: General, Ready-Lane o Sentri; si no también el tipo de motivo que tengas para cruzar. Los interrogatorios por los oficiales pueden incluir desde un ¿A dónde va? ¿Qué lleva? Y ¿Qué hacía/hace en México? Hasta una revisión intensiva y repetitiva. La seguridad en la frontera es severa, pero no habría menos que hacer ante el interés de los californianos de evitar el cruce ilegal de sujetos o sustancias. Esta frontera, la más transitada en el mundo, acoge a casi 24 millones de personas anualmente. El cruzar a Estados Unidos tiene una espera aproximada de 45 min a 2 horas. Lo cual hace necesario el acomodo de vendedores a su alrededor. La frontera se vuelve para ellos un pequeño mundo, donde encontramos comida, entretenimiento y artesanías mexicanas.

Es el final perfecto para la ciudad, un ambiente caótico pero colorido, lleno de personajes y esperanzas. Una muralla imaginaria que hace cambiar de actitud a aquel que cruza a través de ella. Pues es bien conocido que en el primer mundo son muy estrictas sus leyes y que cualquier persona que pone el pie adentro debe de ajustarse a ellas.

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