
No es casual que esta sea la zona construida casi desde que las administraciones del PAN comenzaron a gobernar
Vivir en el este de Tijuana es jugarse la vida cada día, y no porque sea culpa de sus residentes, de la gente trabajadora gracias a la cual esta zona ha crecido, sino del abandono de los gobiernos que durante más de 30 años propiciaron condiciones adversas para miles de familias.
Hablamos desde la falta de servicios mas básicos, muchos de los cuales los residentes del área tuvieron que pagar, a diferencia del desarrollo urbano de otras zonas de Tijuana, hasta los altos índices delictivos, resultado de los pactos entre jefes policiacos y capos de grupos criminales que se desplazaron de las colonias y fraccionamientos de alto perfil, a colonias donde los reflectores policiacos no alumbraran tan intensamente.
Solo así entendemos casos como ese cementerio de desaparecidos conocido como La Gallera, en el ejido Maclovio Rojas, y la construcción de enormes casas bardeadas que destacaban entre viviendas levantadas con madera y cartón.
Ahora los residentes de la zona este enfrentan tragedias como los incendios que estos vientos avivan desde Tecate, y que se alimentan de los pastizales secos por esta ausencia de lluvias, pero también por la falta de infraestructura.
Y es que muchos de los fraccionamientos de relativamente nueva construcción no cuentan con hidrantes, es más, no cuentan siquiera con agua.
Parques convertidos en centros de venta de droga, ejecuciones, secuestros, cobro de piso, robo o asalto a mano armada en casas, comercios y en contra de automovilistas, son algunos de los delitos que se registran con mayor incidencia en este flanco de la ciudad.
Aquellas familias que compraron una vivienda de interés social con la esperanza de legarle a sus hijos un patrimonio, se encontraron con que fraccionamientos enteros se quedaron bajo el control de células criminales que aprovecharon la estructura de privadas para convertirlas en casas de seguridad y almacén de armas y drogas, e incluso para recluir secuestrados.
No es casual que esta sea la zona construida casi desde que las administraciones del Partido Acción Nacional comenzaron a gobernar, convirtiéndose en cómplices de los carteles del crimen organizado.
Esa es la herencia del blanquiazul, una ciudad cuya mayor zona de desarrollo fue entregada por completo a la delincuencia, la cual se aprovecha del trabajo arduo de los residentes de esta parte de la ciudad.