WASHINGTON, Estados Unidos.- Estados Unidos e Irán protagonizaron entre el martes 1 y el miércoles 2 de septiembre uno de sus mayores intercambios de ataques desde julio, luego de que fuerzas estadounidenses bombardearan instalaciones iraníes cercanas al estrecho de Ormuz y Teherán respondiera con misiles y drones contra posiciones estadounidenses en distintos puntos de Medio Oriente.
De acuerdo con información del Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM), citada por Reuters, los ataques estadounidenses tuvieron como objetivo defensas aéreas, radares, embarcaciones, infraestructura relacionada con la colocación de minas y centros de comunicación iraníes. Algunas versiones difundidas por Irán sobre bajas estadounidenses y víctimas civiles aún no han sido confirmadas de manera independiente.
La nueva escalada incrementa la preocupación por la seguridad de las bases militares y la navegación en una de las zonas estratégicas para el transporte mundial de energía. El conflicto también ha generado presión sobre los precios del petróleo, con posibles repercusiones para empresas y consumidores.
El presidente Donald Trump mantiene la presión económica contra Irán y, por ahora, busca evitar una campaña aérea de mayor alcance. Reuters reportó que funcionarios estadounidenses analizan nuevas sanciones contra sectores como la aviación, el transporte marítimo y los activos digitales, mientras la Casa Blanca intenta contener la confrontación antes de las elecciones legislativas del próximo 3 de noviembre.