A la espera de otro momento realmente estupendo

(Jake Michaels/The New York Times)
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NUEVA YORK ⎯ Hace 50 años, la idea del festival de rock fue incubada como una ambición sencilla pero audaz: conseguir el mismo respeto que el jazz.

Lou Adler, el productor discográfico de Los Ángeles y hipster eterno, recuerda una reunión en la primavera de 1967 donde él, Paul McCartney y The Mamas and the Papas ⎯ el grupo que llevó “California Dreamin’” al estrellato en el sello de Adler, Dunhill ⎯ discutieron lo que llegó a ser el Festival Pop Internacional de Monterey (conocido como Monterey Pop).

“La conversación giró hacia el hecho de que el rock ‘n’ roll no era considerado una forma de arte como el jazz”, dijo Adler, quien a los 83 años aún usa gafas de sol y una barba blanca de hombre irresistible. “La posibilidad de hacer algo en Monterey, en el mismo lugar que el festival de jazz, simplemente nos pareció una validación”.

Monterey Pop, celebrado del 16 al 18 de junio de 1967, en los terrenos de la feria en Monterey, California, costa abajo de San Francisco, fue esencial en la evolución del rock como una fuerza en la industria del entretenimiento y la cultura en general. Sirvió como el plan de acción para la explosión de los festivales de rock que culminaron en Woodstock y, con sus multitudes de hippies con el rostro pintado, Monterey definió el look, el espíritu y el sonido del Verano del Amor.

El impacto de las actuaciones en el festival es difícil de comprender ahora, cuando los grupos que causan sensación pueden estrellarse y quemarse en las redes sociales aun antes de salir de gira. Monterey fue el momento de éxito para Jimi Hendrix, quien prendió fuego a su guitarra, y Janis Joplin, quien fue rápidamente contratada por otro nuevo rostro en la industria, Clive Davis de Columbia Records. The Who, Ravi Shankar y Otis Redding recibieron ahí parte de su primera exposición al público estadounidense en general.

Para muchos de los artistas, sin embargo, fue solo un momento realmente estupendo.

“Fue un momento grandioso”, dijo Phil Lesh de Greatful Dead, quien recordó una improvisación detrás del escenario en que Hendrix preguntó si podía participar con el bajo. “Todos estaban ahí, todos excepto los Beatles”.

Exactamente 50 años después, el festival será celebrado con un nuevo evento, también llamado Festival Pop Internacional de Monterey, y realizado en los terrenos de la feria del 16 al 18 de junio. Incluyendo a Norah Jones, Jack Johnson, Gary Clark Jr., Jim James, Kurt Vile, The Head and the Heart, Father John Misty y Lesh con su Terrapin Family Band, el nuevo festival defiende al Monterey Pop como una influencia continua en la era de Coachella y Bonnaroo, y los organizadores pisarán terreno delicado al honrar el espíritu del original.

“¿Cómo se monta un espectáculo que tiene los buenos aspectos de 2017 con parte de la dulzura e inocencia de 1967?”, preguntó Gregg Perloff, el director ejecutivo de Another Planet Entertainment, un promotor del área de San Francisco que está organizando el espectáculo con Goldenvoice, la compañía detrás de Coachella y el festival de rock clásico Desert Trip. “Vamos a tener un sistema de sonido grandioso, pero no queremos tener enormes pantallas de video y efectos especiales y rayos láser”.

El nuevo festival encabezará una ola de conmemoraciones por el medio siglo de Monterey Pop. El Museo del Grammy en Los Ángeles albergará una exhibición que incluye artículos de la colección personal de Adler, a partir del 11 de mayo, y “Monterey Pop”, el documental filmado por D.A. Pennebaker, tendrá un nuevo estreno en una sala de cine en junio.

Aunque llegó a ser importante, el Monterey Pop original no tuvo un inicio muy favorable. Michelle Phillips, de The Mamas and the Papas, recuerda otra primera reunión donde se propuso a su grupo que tocara en un festival nuevo ese verano en Monterey.

“Pensé que era una idea ridícula”, recordó recientemente Phillips. “¿Cómo vas a llevar a todos esos músicos ahí, y pagarles, y hospedarlos, y obtener una ganancia?”

Pero Adler y John Phillips, el esposo y compañero de grupo de Phillips, decidieron seguir adelante con la idea, y le arrebataron el evento a sus productores originales. Organizaron el festival como un evento de caridad, con los artistas tocando gratis, y formaron un “consejo de gobernadores” que incluía a Mick Jagger, Brian Wilson, Paul Simon, Donovan, Smokey Robinson y McCartney.

El consejo nunca se reunió realmente, dijo Adler, pero esos nombres en el cabezal actuaron como un imán poderoso para el talento. McCartney y el manager de los Roling Stones Andrew Loog Oldham sugirieron a Jimi Hendrix Experience, que acababa de estallar en la escena londinense. Las reuniones con Bill Graham, el rey de los conciertos, y el crítico de música Ralph J. Gleason condujeron a grupos de San Francisco como Big Brother and the Holding Company, que tenía a una cantante poco conocida llamada Janis Joplin.

Todo el evento fue organizado en seis o siete semanas, con Adler y John Phillips al timón. Todos los artistas en realidad actuaron gratis, con excepción de Shankar, cuyo contrato era anterior al involucramiento de Adler y Phillips. El festival pagó el transporte y alojamiento de los artistas, y una filosofía distintivamente californiana de buena vibra rigió todas las decisiones.

“Nos propusimos hacerlo lo más cómodo y disfrutable que pudiéramos”, recordó Adler. “La relación entre el público y los artistas fue de música y amor. Quizá todos éramos ingenuos”.

Pennebaker, quien había hecho “Don’t Look Back”, la película de realidad sobre la gira británica de 1965 de Bob Dylan, fue contratado para filmar el evento, y recordó que se sintió intrigado por la ubicación.

“California en ese momento era la idea de todos de un nuevo tipo de lugar para encontrarse uno mismo”, dijo. “No eran solo las drogas, sino el tipo de música y el estilo de vida que empezaba a representar”.

Las estimaciones de la multitud varían ampliamente, pero Adler dijo que asistieron unas 100,000 personas en los tres días. La comunidad de Monterey tuvo una reacción hostil a ser desbordada, dijo Adler, pero Monterey Pop también fue víctima de su propio éxito, ya que brotaron festivales en todas partes y los agentes de contrataciones para la nueva generación de estrellas del rock se dieron cuenta de su poder de negociación.

“De pronto fue una industria musical diferente”, dijo Adler.

Como lo prometió, el festival original distribuyó dinero a organizaciones de caridad y, hasta la actualidad, la fundación sin fines de lucro detrás del mismo, supervisada por Adler, genera decenas de miles de dólares cada año por su propiedad intelectual. Una parte de las utilidades del espectáculo de este año será entregada a la fundación.

El mero hecho de que ocurriera un festival de rock a gran escala se volvió noticia nacional, y las imágenes de las multitudes indicaron un cambio en la moda y en el estado de ánimo de la época; para cuando se celebró Woodstock en agosto de 1969, la cultura de los festivales se había convertido en un movimiento masivo, antes de extinguirse en los años 70 cuando los gobiernos locales plantearon objeciones y los promotores y agentes se volcaron en formas más rentables de hacer giras.

“Monterey Pop tomó a la mayoría de la gente por sorpresa, especialmente a los medios masivos”, dijo Robert Santelli, director ejecutivo del Museo del Grammy. “Nadie conoció las profundas implicaciones de Monterey hasta que ocurrió y pasó algún tiempo”.

En muchas formas, el Monterey Pop original es un remanente de una era anterior en la industria de la música que no puede ser imitada, empezando con su elenco. El rock en 1967 era aún joven, con sus clímax artístico y comercial todavía en el horizonte. (Los Beatles, quienes para entonces habían dejado de hacer giras, enviaron un dibujo para el programa del festival que usaba el nombre del nuevo álbum: “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band”.)

“Incluso actualmente, cuando uno ve ese elenco, sigue siendo quimérico”, dijo Paul Tollett de Goldenvoice, quien habló en South by Southwest este año con Adler sobre la influencia duradera de Monterey Pop.

Perloff, quien inició su carrera trabajando para Graham, señaló que aun cuando, en 1967, los festivales de rock no eran exactamente adiciones bienvenidas en ninguna comunidad, el tono ha cambiado completamente ahora.

“Originalmente, Monterey fue muy escéptico”, dijo sobre el festival de 1967. “Pero cuando empezamos a hablar con ellos, esta vez fue como: ‘¡Oh, qué gran idea! ¡Haremos carteles!’”

Y, esta vez, sí se pagará a los grupos.

Ben Sisario
© 2017 New York Times News Service

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