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¡Catalino!

El retorno que provocan las crisis, las traiciones y el desgaste del grupo en el poder

Catalino Zavala Márquez no es un improvisado. Ha sido diputado por varios partidos: PARM, PRD, PRI-PVEM y Morena. También funcionario en gobiernos priistas; además secretario de Educación con Jaime Bonilla; coordinador de campaña y secretario general de Gobierno con Marina del Pilar Ávila.

Catalino sabe sobrevivir, y lo ha demostrado una y otra vez. Tantas veces se ha recuperado de sus derrotas que sus retornos al poder ya son esperados.

Su reciente nombramiento como vocero de Morena no es casualidad, tiene una finalidad clara, la de incidir en los nombres que aparecerán, y en los que se impedirán, en las boletas electorales de las próximas elecciones. No sería ninguna sorpresa si él mismo termina figurando como candidato a la alcaldía de Tijuana o incluso a la gubernatura del estado.

El contexto ayuda a entender su regreso.

La caída del Terrible Morales, la inverosímil inclusión de Alfredo Álvarez en las encuestas, el evidente distanciamiento entre Ismael Burgueño con el grupo en el poder, la crisis de Carlos Torres, la salida de Adán Augusto López de la coordinación del Senado y el daño colateral que esto provoca en Julieta Ramírez y Armando Ayala, junto con el fortalecimiento emergente de personajes como Fernando Castro Trenti, Jesús Ruiz Uribe y Evangelina Moreno Guerra; ayudan a explicar el retorno de Catalino, impulsado desde el Centro Cívico de Mexicali.

Morena, pese al desgaste natural del ejercicio del poder y a las crisis que han golpeado al gobierno estatal, sigue siendo el favorito rumbo a 2027. La oposición no ha logrado articular una figura que siquiera se acerque al primer lugar en las preferencias.

Por eso la batalla por la gubernatura será primero doméstica.

Y ahí Catalino le sabe, y bien.

No fue nombrado vocero por su elocuencia ni por su carisma. El cargo, en sí mismo, podría parecer ornamental pero en manos de Catalino significa el control del relato de Morena, de las definiciones públicas del partido, del visto bueno… y del veto.

Ahora el alcalde de Tijuana, Ismael Burgueño, está obligado a reaccionar. Hasta hace poco aparecía como una línea natural dentro del grupo gobernante, pero hoy la continuida, o el ascenso, ya no parece tan seguro. La aparición de un vocero con trayectoria, oficio político y autonomía frente al gobierno municipal tijuanense, debilita inevitablemente las aspiraciones de Burgueño. Pero también afecta intenciones en Mexicali y los distritos.

Hay una nueva ficha en el tablero.

Y es cuestión de tiempo para ver cómo se moverán los demás actores. Quien diga que recibe con tranquilidad el nombramiento de Catalino, simplemente miente, y quien se siente cómodo es que va en ese acuerdo con esos fines.

La senadora Julieta Ramírez Padilla, que ha construido presencia nacional y cercanía con el poder, y que suele aparecer encabezando las encuestas, tendrá ahora que revisar constantemente sus propias mediciones. No vaya a ser que el vocero tenga otros datos.

Las diputadas federales Nancy Sánchez Arredondo y Evangelina Moreno Guerra, por su parte, tendrán que cuidar que Baja California no sea designado exclusivamente para candidato varón en la definición de la gubernatura. Aunque también podría ocurrir lo contrario.
Con Catalino hay que subir la guardia.
En Morena, la paridad y las encuestas son las armas de inclusión y de exclusión.

Lo cierto es que todos los actores ya entendieron algo, hay un tiburón en la piscina.

Catalino puede estar construyendo una candidatura propia…, o preparando la de alguien más. Pero su tarea inmediata parece clara, administrar la narrativa del partido para administrar la transición política rumbo a 2027.

Llegó por consenso unánime del Consejo de Morena, lo que obliga a los aspirantes a las alcaldías y a la gubernatura a evitar una guerra abierta.

Aunque, en realidad, la guerra está en curso.