Comerse la escena

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CIUDAD DE MÉXICO (apro).- El misterio es un elemento de inevitable encanto para el ser humano. Hay algo en la incertidumbre que nos hace seguirla y puede convertirnos en niños pequeños en busca de aventura.

Un acto de comunión nos invita a una experiencia donde la falta de información se vuelve un acierto. Lo único que el espectador sabrá es que tiene una cita con Frankie Malkovich en su casa, y a partir de ello todo puede suceder.

“Veinte desconocidos compartiendo la mesa, un delicioso platillo, un lugar por descubrir, un secreto esperando ser revelado…”es la premisa del espectáculo, dirigido por Belén Aguilar y protagonizado por José Juan Sánchez –ambos egresados del Centro Universitario de Teatro–, que puede ser definida en su sentido más simple como cena-teatro, pero no se trata de cualquier teatro o de cualquier cena.

Es una experiencia sensorial que conjunta lo mejor de ambos mundos.

El texto, monólogo basado en hechos reales, escrito por el dramaturgo argentino Lautaro Vilo, está concebido en su montaje de tal manera que da la impresión de estarse viviendo lo que el personaje narra. La comunión entre la cena y la escena no es mera casualidad.

El chef Gerardo Aguilar es el encargado de Hidden Kitchen, un proyecto en el que se hacen cenas de autor en lugares no convencionales. En esta ocasión nos deleita con una exquisita merienda, acompañada de un buen vino en finas mesas largas, acomodadas de tal manera que el monólogo sucede entre los espectadores.

José Juan Aguilar encarna con encantador detalle a un personaje que nos invita a su intimidad, donde nos tiene al borde del asiento y que cuestiona nuestras ideas preconcebidas.

Sin hacer uso de iluminación especializada y apoyándose sólo en las luces propias del inmueble y algunas velas, se logra crear una atmósfera cotidiana, pero con un imprescindible toque perturbador.

Cita la producción a Jean Rostrand: “El amor se relaciona directamente con la ingestión de alimentos. Se trata de una especie de hambre común a todo ser viviente, dirigida hacia un semejante que no es del todo idéntico y que le ofrece la misteriosa sugestión de lo desconocido”.

El punto de encuentro es un lugar secreto; éste se revela con una serie de instrucciones por medio de correo electrónico, una vez hecha la reservación. La información que recibe el espectador no es más que la necesaria para llegar y la dosis de misterio se alarga incluso unos minutos después de llegar a la cita.

En alusión a aquella escena de la película El sentido de la vida (1983) del grupo inglés Monty Python, donde las personas no saben de qué hablar ya sentadas a la mesa y en un restaurante reciben tarjetas con temas a desarrollar, Un acto de comunión se encargará de que los temas broten y hará que la velada sea inolvidable.

La oportunidad de probar el delicioso espectáculo es durante marzo, de jueves a sábado a las 20:30 horas, en algún lugar de la colonia Anzures. Las reservaciones pueden hacerse al correo [email protected]

 

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