Dando un segundo mordisco a la barra de chocolate Wonka

(Sara Krulwich/The New York Times)
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NUEVA YORK ⎯ Willy Wonka siempre ha conocido la importancia de una buena corrección.

“Mire”, dijo en 1964, advirtiendo infructuosamente a Violet Beauregarde que no probara su goma de mascar mágica, “aún no la he perfeccionado”.

Para 1971, era su propia fraseología idiosincrática la que estaba revisando. “Detenga eso”, dijo después de una formulación intrigante. “Dele marcha atrás”.

Ahora, el estrafalario chocolatero está siendo reimaginado; esta vez para Broadway.

“Charlie y la fábrica de chocolate”, un nuevo musical basado tanto en la novela de 1964 que lanzó a Wonka como en la película que lo popularizó, es un raro reinicio. Después de una puesta en escena de cuatro años en Londres, los productores reemplazaron al director, al coreógrafo y al elenco; el escritor reescribió parte de la historia, el diseñador volvió a concebir el escenario, y los compositores trabajaron de nuevo en la lista de canciones para añadir más piezas favoritas de la película.

“No pensé que querrían hacer esto ⎯ yo no quería hacerlo de nuevo necesariamente ⎯ pero lo quisieron”, dijo Jack O’Brien, el nuevo director del espectáculo y ganador del Premio Tony tres veces.

El espectáculo de Broadway es una gran apuesta para un estudio cinematográfico, Warner Bros., que ha perdido dinero en varias aventuras teatrales anteriores, y ha estado trabajando en la adaptación de “Charlie” durante ocho años. La producción londinense recibió críticas mixtas pero disfrutó de varios años en escena; la versión neoyorquina, a la cual los publicistas del espectáculo describen no como una transferencia trasatlántica sino como un nuevo espectáculo, enfrenta vientos en contra en una temporada teatral altamente competitiva.

Es difícil imaginar un título más prometedor para un espectáculo de Broadway. La novela de Roald Dahl ha vendido más de 40 millones de ejemplares; la cinta original (“Willy Wonka and the Chocolate Factory”, protagonizada por Gene Wilder) es amada; y una nueva versión de 2005 (“Charlie and the Chocolate Factory”, con Johnny Depp) fue un éxito de taquilla; y la conocida historia familiar siempre es muy demandada por los turistas que dominan a los públicos de Broadway.

La anterior adaptación de Broadway de una novela de Dahl, “Matilda the Musical”, obtuvo la aclamación de la crítica y cuatro Premios Tony (más un honor especial para las niñas que comparten el papel que le da título); alcanzó las 1,591 representaciones, recuperó su inversión y ahora está de gira en Estados Unidos y Australia. Le fue aun mejor en Londres, donde se ha estado representando durante casi seis años.

Los promotores neoyorquinos del nuevo espectáculo han estado trabajando duro para sacar oro del chocolate. Han creado videos extravagantes que muestran a Willy Wonka en Manhattan; involucrado a Dylan Lauren, el propietario de Dylan’s Candy Bar, para “montar” las ventas de dulces en el teatro; y decorado la fachada del teatro con regalos para la vista dahlianos, que incluyen una rampa de basura para las “nueces malas” y una diminuta puerta morada para los Oompa-Loompas.

Conscientes de la historia, los aspectos básicos permanecen sin cambio: Charlie Bucket es un niño dulce, soñador y pobre, que se sostiene en gran medida con col mientras desea barras de chocolate Wonka; Willy Wonka es un chocolatero ingenioso aislado durante años en su misteriosa fábrica. El drama tiene lugar cuando Wonka acepta abrir las puertas de su fábrica a cinco niños (y sus chaperones) que hayan encontrado boletos dorados ocultos en las barras de dulce.

“Está cansado de estar solo, y está buscando un heredero y un socio y un amigo, y le entusiasma mostrar sus mercancías”, dijo Christian Borle, el actor dos veces ganador del Premio Tony incorporado para interpretar el papel en Broadway. “Hemos tratado de imbuirle de verdadera humanidad y, en vez de hacerle un excéntrico de otro mundo, pensar en él como una persona herida, y una persona chiflada, pero un genio que tiene alma”.

En el libro, Wonka no aparece hasta el Capítulo 14. En Londres, se le presentaba a Charlie al principio del espectáculo, disfrazado de vagabundo, pero ese enfoque fue considerado demasiado sutil por el equipo neoyorquino. Ahora pasa una buena parte del primer acto disfrazado como vendedor de dulces, operando una tienda cerca de la casa de Charlie, lo cual les permite relacionarse; y permite que el espectáculo abra con una de las canciones más populares de la película, “The Candy Man”.

“El rey disfrazado entre su pueblo es un artilugio teatral fantástico; es algo básico y nos pareció un toque encantador para desarrollar el primer acto”, dijo el dramaturgo escocés David Greig, quien escribió el libreto para el espectáculo de Londres y luego lo reescribió para Nueva York.

Como en la película original, pero a diferencia del libro, el padre del Charlie de Broadway ha muerto, creando un contexto sicológico para la conexión en evolución entre el niño huérfano de padre y el chocolatero sin hijos. “La relación entre los dos es el corazón emocional y espiritual de la historia”, dijo Greig, “y yo quería, dada la oportunidad de abordarla de nuevo, profundizar en eso”.

El equipo creativo del espectáculo es altamente experimentado. O’Brien y los compositores del musical, Marc Shaiman y Scott Wittman, colaboraron en “Hairspray”, un éxito de la crítica y comercial que ganó el Tony de 2003 por mejor musical nuevo. A Mark Thompson, el diseñador de escena y vestuario y múltiple nominado al Tony, se le unió en Nueva York un prominente titiritero, Basil Twist, miembro con la “subvención al genio” de la Fundación MacArthur 2015. Y Borle tiene una poco conocida historia anterior con el material: era una estrella de la serie de la NBC “Smash”, que incluía canciones de Shaiman y Wittman y, hace años, cuando empezaron primero a bosquejar canciones para “Charlie”, le pidieron que grabara las primeras pistas de demostración.

Tomaron algunas decisiones creativas audaces, incluso riesgosas, empezando con la selección de adultos como los malcriados ganadores de los boletos dorados: Violet Beauregarde, Augustus Gloop, Veruca Salt y Mike Teavee. (El papel de Charlie, el único ganador que se queda con un premio en vez de un castigo, es compartido por un trío de actores infantiles llamados, confusamente, Ryan Foust, Ryan Sell y Jake Ryan Flynn.)

El uso de artistas adultos, dice el equipo creativo, permite no solo una mayor precisión cuando se cantan letras complejas, sino también hace posible que el espectáculo acoja a momentos que son incluso más oscuros que Dahl: Violet, después de comer la goma de mascar aún no lista, no solo se infla como un arándano azul, sino también explota, mientras que Veruca, insistente en llevarse a casa una de las ardillas de Wonka, es despedazada por los roedores (en el libro, ellos la arrojan por la rampa de basura).

“Cuando estábamos haciéndolo en el ensayo, muchas personas dijeron que no se podía hacer eso, y luego el primer público lo vio y les encantó”, dijo el coreógrafo, Joshua Bergasse. “Seguimos adelante con eso porque es demasiado ridículo”.

El diseño es austero; dominado por colores vívidos, en vez de las piezas de escenario suntuosas, lo cual está destinado a reforzar el tema a menudo declarado del espectáculo: la importancia de la imaginación. El cambio fue provocado en parte por la necesidad: los escenarios británicos fueron diseñados para un teatro de West End que tenía un espacio mucho más grande que el teatro de Broadway.

En cuanto a los inolvidables, pero también problemáticos, Oompa-Loompas de la historia ⎯ los bajos trabajadores de la fábrica amantes del cacao que Wonka dice que encontró en un viaje a Loompaland ⎯, el espectáculo, como ha hecho con tantos elementos de la historia, ha adoptado una mezcla de lo familiar y lo moderno para Broadway.

Twist propuso el uso de “humanettes”, híbridos de humanos y títeres en los cuales las cabezas de los artistas son visibles por encima de los cuerpos de los títeres; como resultado, los Oompa-Loompas ahora parecen más una línea del coro que una fuerza laboral no remunerada, y el público parece apreciar la locura. Y son presentados con otra melodía de la película: “The Oompa-Loompa Song”, de Leslie Bricusse y Anthony Newley.

“Hubo muchas cosas grandiosas en la producción británica, pero hay una razón por la cual la película de 1971 es la película más reproducida en televisión”, dijo Luke Kelly, el nieto de Dahl y director administrativo de su legado literario. “El nuevo equipo pudo conservar lo que fue grandioso en el espectáculo británico, y también entrelazar más de la sensibilidad y los ingredientes de la película para el mercado estadounidense. Es un espectáculo totalmente renovado”.

Michael Paulson
© 2017 New York Times News Service

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