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Décadas después de la prohibición de alcohol, Irán admite que tiene un problema

(Arash Khamooshi/The New York Times)

TEHERÁN — Durante la mayor parte de su vida, la rehabilitación del alcohol para Mehdi consistió en periodos regulares en prisión y azotes que dejaron marcas oscuras en su espalda. Ahora, a los 36 años, tiene canas prematuras, pero con la ayuda de un grupo de Alcohólicos Anónimos, jura que finalmente ha dejado de beber.

En años recientes, Irán, donde el alcohol ha sido ilegal desde la revolución de 1979 y es tabú para los musulmanes devotos, ha dado el primer paso y admitió que, como la mayoría de los demás países, tiene un problema con el alcohol.

Desde 2015, cuando el Ministerio de Salud ordenó centros de tratamiento de adicciones para cuidar a los alcohólicos, decenas de clínicas privadas e instituciones gubernamentales han abierto servicios de asistencia y salas especiales para alcohólicos. El gobierno también ha permitido una red enorme y creciente de grupos de Alcohólicos Anónimos, que están basados en los de Estados Unidos.

La relajación de la prohibición ha permitido que adictos como Mehdi salgan del anonimato y den la bienvenida a un nuevo círculo de amigos —alcohólicos en recuperación— que lo saludaron cuando entró en un apartamento de Teherán Occidental una tarde reciente. “He dejado la botella durante 12 días”, dijo Mehdi, un gran especialista en informática que solicitó el anonimato debido al estigma que todavía está relacionado con el alcoholismo en Irán. Entre vítores y gritos, agregó: “Este es un gran paso para alguien que estaba borracho la mayor parte del tiempo”.

El gobierno incluso está llevando a cabo campañas públicas con las que advierte a los iraníes que no deben beber y conducir, algo que nunca habría hecho en el pasado.

Junto con caminos que llevan al Mar Caspio, un destino vacacional favorito, afiches que muestran botellas de güisqui y autos estrellados sorprendió a muchos conductores. La policía iraní aún organiza eventos de medios donde con excavadoras se destrozan miles de botellas y latas confiscadas a contrabandistas. Pero a diferencia del pasado, cuando el lineamiento oficial era que no había problemas de alcohol porque nadie bebía, ahora les dan a los oficiales alcoholímetros.

El presidente Hassan Rouhani, que llegó al poder en 2013, ha estado tratando de agregar realismo a la ideología de Irán, a menudo estricta. La decisión de abrir más clínicas de tratamiento del alcohol provino de su Ministerio de Salud, y refleja la forma en que muchos cambios sociales se introducen en Irán: ordenados en silencio y llevados a cabo por los gobiernos locales bajo el radar.

El cambio en la actitud de los que están en el poder es impulsado por las realidades cambiantes en la sociedad iraní. Las estadísticas oficiales muestran que al menos el diez por ciento de la población usa alcohol en el país islámico. Para algunas de las clases medias urbanas del país, beber se ha vuelto tan normal como lo es en Occidente. Los medios de comunicación iraníes han informado que los iraníes que beben tienden a hacerlo más que las personas que incluso viven en países que beben mucho, como Rusia y Alemania.

Una de las razones es que el alcohol es relativamente fácil de adquirir. Hay proveedores de alcohol que cualquiera puede llamar, y te entregan lo que quieras hasta la puerta de tu casa. Los traficantes reciben sus productos a través de una vasta red de distribución ilegal que proporciona alcohol traído de Irak, el país vecino, a millones de personas.

Hasta cierto punto, la tremenda disponibilidad del alcohol está impulsando los cambios en las actitudes oficiales.

“Actualmente hay tanto alcohol disponible que simplemente ya no funciona castigar a todo el mundo ni hacer uso de la fuerza”, dijo Reza Konjedi, de 36 años, un exalcohólico que dirige varios grupos de apoyo de Alcohólicos Anónimos en Teherán. “Beber y hacer contrabando solían considerarse crímenes iguales, y azotaban a la gente por abusar. Ahora, los funcionarios de seguridad, el municipio, todos ven a los alcohólicos no como criminales, sino como pacientes que necesitan tratamiento”.

Antes de la revolución, el licor nacional de Irán era el aragh sagi, o “licor de perro”, que era destilado de pasas y contenía 65 por ciento de etanol. Sigue siendo popular y se vende típicamente en contenedores de gasolina de cuatro galones.

La destilación ilegal también es un gran problema; decenas de personas mueren por intoxicación etílica cada año después de ingerir destilados de baja calidad; en 2013 fueron 135, el año más reciente del que se tienen estadísticas oficiales disponibles.

En julio, después de que tres personas murieron y decenas se intoxicaron en la ciudad de Sirjan, un exjefe de policía incluso publicó una carta abierta en la que hizo un llamado para terminar con el tabú del alcohol.

Konjedi trajo a Mehdi al grupo, después de casi una década de roces con la ley. Dijo que bebía para olvidar. “Problemas monetarios”, dijo. “La economía no es buena aquí. Siempre que me sentía presionado, tomaba una botella y la bebía”.

La esposa de Konjedi, Samin —se conocieron en A.A.— dijo que necesitaba por lo menos dos reuniones al día para no recaer. “Es como la quimioterapia”, dijo. “Constantemente necesito una dosis para curar mi enfermedad”.

A.A. y otro grupo, Aware Anonymous, patrocinan grupos en todo el país, dijo Konjedi, y agregó que había decenas tan solo en Teherán y más de mil en todo el país.

Una semana antes, nos reunimos alrededor de las 7 de la mañana en una reunión regular de A.A. en un edificio municipal en la parte occidental de la ciudad. Al lado de la habitación, que se proporcionó libre de renta, había un jardín de niños y una habitación para las clases de Corán. Dentro había 15 hombres y mujeres que casi todos los días se reunían para ayudarse a permanecer sobrios.

“Los gobiernos locales de todo el país están pidiendo nuestra ayuda y facilitando nuestros grupos, porque están viendo que nuestro trabajo es efectivo”, dijo Konjedi.

Lo único que falta es un permiso oficial, algo que incluso los grupos que combaten la adicción a las drogas tienen. Esto se debe a que el Corán menciona los males del vino, pero no tiene nada que decir sobre las drogas. “En el islam, algunos consideran que el alcohol es más peligroso que las drogas”, dijo Samin. “Mientras que muchos en la sociedad consideran que las drogas son mucho peores”.

De hecho, algunos iraníes, especialmente en las grandes ciudades, ven el alcohol como algo completamente normal. En una velada reciente de mitad de semana, ocho iraníes se reunieron en una azotea, donde el vino tinto, el vodka y el aragh sagi fluían libremente.

Un invitado dijo que había sido arrestado recientemente por conducir ebrio y que ahora estaba a la espera de un azote. Otro dijo que, al igual que muchos otros, había desarrollado problemas de hígado debido a la bebida constante. Algunas personas bromeaban diciendo que eran alcohólicos.

Konjedi dijo que había visto un aumento en el número de personas con problemas de alcohol a lo largo de los años, desde hace una década, cuando él mismo estaba sin hogar y bebía mucho. “Necesitamos más vallas publicitarias, más grupos para ayudarlos”, comentó.

No quiso decir si la prohibición de casi 40 años era la mejor manera de evitar que la gente bebiera. “Al menos nuestros funcionarios están tomando las medidas adecuadas para lidiar con los que están sufriendo”, dijo Konjedi. “Deberíamos conformarnos con eso”.

THOMAS ERDBRINK
© The New York Times 2017

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