Entre Líneas

Caras de la frontera: Dulce García “La Dreamer”

Dulce García, nacida en Cuernavaca, fue llevada por su madre, junto a sus hermanos a Estados Unidos, a los 3 años de edad. Ahora es una Dreamer.

Dreamer
Imagen cortesía de San Diego Union Tribune

Actualmente, en Estados Unidos, existen cerca de 1 millón de jóvenes con un sueño: legalizar su status migratorio. A estos jóvenes, conocidos como Dreamers, los trajeron a Estados Unidos durante su niñez, ellos crecieron como “americanos” y tuvieron (tienen) la oportunidad de estudiar el nivel básico  en el país. Lamentablemente, la vida de muchos se ve truncada después de la preparatoria, pues no tienen derechos ni ingresos para poder inscribirse en la Universidad, limitando sus oportunidades de tener un mejor futuro. Sumado a esto, su status se encuentra en el limbo, lo que posibilita a las autoridades migratorias a iniciar su proceso de deportación en cualquier momento.  Durante la presidencia de Obama, los Dreamers que estaban en proceso de deportación pudieron protegerse bajo DACA, un programa que les permitía aplazar su deportación hasta por 2 años con oportunidad de renovar después de ese periodo. Ahora, bajo el gobierno del Presidente Trump el programa ha sido retirado, dejando a los Dreamers con un futuro incierto.

Dulce García, nacida en Cuernavaca, fue llevada por su madre, junto a sus hermanos a Estados Unidos, a los 3 años de edad. Sus recuerdos de México son vagos y lejanos. Sin embargo, Dulce recuerda el cambio y el shock que vivió en su proceso de adaptación al vivir en otro país: “La gente era diferente, el idioma era diferente, las tiendas eran diferentes, y parece que nuestra libertad fue restringida. […] Tan pronto como entramos a los EEUU nos sentimos muy constreñidos, no podíamos salir de la casa para nada, así que esa sensación de pérdida de libertad se hizo muy real para mí” y añadió “Pensé que todo lo que nos estaba pasando era porque éramos pobres y no porque no fuéramos indocumentados. […] Más tarde supe que era porque no teníamos documentos, teníamos miedo y no queríamos que nos atraparan,” comenta Dulce.

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Imagen cortesía de Dulce García

Dulce creció en una etapa difícil para los migrantes indocumentados, la ley 187 que entro en vigor en California en 1994, les prohibía tener acceso al sistema educativo, de salud y otros servicios. En general existía un ambiente nacionalista que rechazaba a su comunidad y negaba sus necesidades. Dulce comenta: “Ahí fue cuando realmente sentí que algo no estaba bien, que no nos sentíamos cómodos ni seguros, hasta el punto donde no podíamos tener acceso a servicios médicos cuando lo necesitábamos, porque teníamos tanto miedo.” A pesar de las circunstancias, Dulce continúo sus estudios y pudo graduarse de la preparatoria con honores.  Como otros Dreamers, Dulce enfrento la realidad de su situación cuando busco entrar a la universidad, “Fui a la oficina del consejero buscando que me guiara para saber a qué universidad ingresar […]. Yo pensaba que mi problema más grande era decidir a cual universidad iría, y cuando entro allí (a su oficina), el consejero me dice: eres una ilegal, ni siquiera vas a poder asistir al colegio comunitario, mucho menos a una universidad, ¡olvídalo!; en ese momento realmente entré en razón, estaba tan enojada […] y le dije, ¡te voy a probar cómo sí puedo!.

Dulce se gradúo de la universidad con una licenciatura en Derecho, durante sus estudios trabajaba a tiempo completo para poder cubrir su colegiatura y gastos. Ahora, Dulce tiene su propio despacho, donde pelea por las leyes de los inmigrantes. A pesar de su estatus migratorio, Dulce genera trabajos, apoyando la economía del país. Su estatus permanece en el limbo, pero Dulce ya no permanece bajo las sombras, pues se ha convertido en una activista social, que busca cambiar el futuro de miles de personas, incluyendo su familia, las cuales enfrentan una deportación si no se toman las medidas necesarias para regular su situación. Dulce es un ejemplo de todas aquellas personas que llegan al país de al lado en busca de un mejor futuro, personas que con su trabajo y sus valores demuestran a un país que por mucho tiempo los ha negado, su capacidad y potencial de crecimiento; personas que son clave para el desarrollo social y económico de Estados Unidos.

Con información de Christian Burgos

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