New York Times

En medio de un clamor de acusaciones, sigue indemne el que las lleva de perder

Con la colaboración en la investigación de Myra Noveck e Irit Pazner en Jerusalén, y Carol Sutherland en Moshav ben Ami, Israel.

(Memorando desde Israel)

JERUSALEN _ Se los ha acusado, a su familia y a él, de incorrecciones tan extrañas como haber tratado de encajarle sus muebles usados para jardín a la residencia del primer ministro, y tan graves como haberse embolsado contribuciones ilegales de donadores extranjeros.

Y en las últimas semanas, se han filtrado alegatos e investigaciones, grandes y pequeñas, en forma gradual, hasta el competido calderón mediático israelí, y el fiscal general que anunció una indagatoria nueva y potencialmente dañina el mes pasado.

Al primer ministro Benjamín Netanyahu lo absolvieron de algunas de las acusaciones que lo han perseguido durante décadas, pero todavía no se llega a ninguna conclusión en otras investigaciones. El jueves, el sitio de noticias Ynet informó que el fiscal general, quien hasta febrero fue el secretario del gabinete de Netanyahu, dijo que no dejaría en paz a su exjefe.

Nada de esto ha escapado a la atención de enemigos o aliados, pero en medio de todo el ruido, Netanyahu ha demostrado repetidas veces que es un político capaz de sortear escándalos potenciales con una facilidad que parece cubierta de Teflón.

“Mentiría si le dijera que no me muevo incómodamente en mi silla cuando veo las noticias”, dijo Eyal Sevilla, de 41 años, un seguidor de Netanyahu que vende queso, pescado, golosinas y productos en escabeche en el mercado Mahane Yehuda de Jerusalén.

A menos de que algunos de los principales alegatos persistan, dijo Sevilla, “yo creo que el primer ministro es muy increíble”.

Netanyahu, quien fungió la primera vez como primer ministro de 1996 a 1999 y regresó al cargo en el 2009, está ahora en el cuarto mandato tras prevalecer en una campaña electoral encarnizada y divisoria el año pasado.

Las razones por las que Netanyahu ha podido conservar su acto de magia, dicen analistas, son muchas. No ha tenido ningún oponente formidable en años. Atrae apoyo hacia sí al avivar los temores de los judíos israelíes sobre la seguridad. Y, a medida que se acumula la cantidad de alegatos en disputa, es posible que la población los esté desconectando y se crea el argumento del primer ministro de que, en un panorama de medios partidistas, sus oponentes lo están persiguiendo.

“El entiende la psique de los israelíes como nadie lo hizo antes que él”, comentó Daniel ben Simon, un analista político y exintegrante del Parlamento por el Partido Laborista, que es la oposición al Partido Likud de Netanyahu.

En términos filosóficos, eso significa comprender la amenaza existencial que es la oscura herencia de la población judía israelí, dijo Mitchell Barak, un encuestador en Jerusalén que trabajó con Netanyahu antes que fuera primer ministro.

“Siempre ha sido, y siempre lo será, un profeta de la fatalidad”, dijo Barak sobre su exempleador. “Para la población judía que ve que a los judíos los persiguen por todo ese mundo, él es el tipo que dice la verdad”.

También es posible que a Netanyahu, de 66 años, lo proteja la sola complejidad de algunas de las diabluras de las que se le acusa. En un caso, en 1997, se decía que había nombrado a un fiscal general solo para obtener la negociación de los cargos en una causa de corrupción de un aliado político _ con la esperanza de conseguir el apoyo de ese aliado para el retiro de tropas israelíes de la mayor parte de la ciudad de Hebrón, en Cisjordania. Los fiscales dijeron que tenían “una sospecha tangible” de un delito en ese caso, pero ninguna evidencia suficiente para presentar cargos.

“En lo que a mí concierne, y creo que hasta donde le concierne a la mayor parte de la población en Israel, este asunto quedó atrás”, dijo Netanyahu en ese entonces, aunque pocos creyeron que tuviera razón.

Así es que prosiguió. Algunos casos implicaban presuntos regalos o donativos extranjeros impropios dados a su familia o al propio Netanyahu. Raviv Drucker, un periodista de investigación en el Canal 10 de Israel dijo que un caso sobre el que había hecho un reportaje _ conocido como Bibi Tours por el apodo del primer ministro _ había empezado por aseveraciones de que el intervalo entre mandatos, empresarios acaudalados y otros financiaron viajes de Netanyahu y su familia.

Parecía que el caso se había pasado al olvido, pero la policía lo revivió hace poco, comentó Drucker. No obstante, es difícil estar seguros porque los anuncios de la policía sobre asuntos que implican a Netanyahu han sido sistemáticamente vagos.

Un ejemplo de ello es el asunto de los muebles para jardín. El año pasado, el fiscal general ordenó una indagatoria penal sobre el gasto en las residencias del primer ministro. Entre los alegatos reportados estaba que Sara, la esposa de Netanyahu, había utilizado fondos del gobierno para comprar un nuevo juego de muebles para jardín _ idéntico a uno usado en una de las residencias privadas de la familia _, luego se había quedado con el nuevo y había mudado el viejo a la residencia oficial.

La policía emitió un enigmático boletín de prensa el 31 de mayo en el que sugiere que que había recomendado que se levantaran cargos penales en el caso. Sin embargo, una portavoz, al preguntársele si los muebles seguían siendo parte del caso, solo dijo: “No nos estamos metiendo en política”.

Otras supuestas felonías han sido base del reporteo israelí de escándalos. En un incidente conocido como Bottlegate, se acusó a Sara Netanyahu de guardar miles de billetes de las cuotas de reciclado de las botellas que, estrictamente hablando, son propiedad del Estado. En otra vergüenza, se dijo que un electricista con conexiones políticas había recibido pagos cuantiosos por el trabajo de un fin de semana largo que incluyó al Yom Kipur, cuando cierra la mayor parte del país. El Estado también perdió dos causas civiles en contra de exempleados en la residencia del primer ministro porque ambos decían que Sara Netanyahu los había tratado en forma extraña y abusiva.

“Muchos empleados en la residencia del primer ministro podían rendir declaración sobre el trato excelente, cálido y humano que habían recibido de la esposa del primer ministro”, dijo la familia en respuesta a uno de los fallos.

La indagatoria más reciente se refiere a otra acusación más de donaciones extranjeras ilegales y se ha sometido a un exjefe de gabinete de Netanyahu a rondas maratónicas de interrogatorios. El periódico Haaretz, de inclinación izquierdista, escribió el mes pasado que la policía estaba investigando si el dinero que le habían donado a Benjamín Netanyahu lo habían “transferido a las cuentas de su esposa y de su hijo para que lo utilizaran para gastos personales”.

Cualquiera que se el resultado sobre los alegatos actuales, el equilibrismo en la cuerda floja no puede durar para siempre, dijo Amiel Ungar un politólogo y columnista que vive en el asentamiento de Tekoa, en la Cisjordania ocupada.

“Todos los políticos, hasta los más exitosos, llega su fecha de caducidad”, dijo Ungar y agregó que él pensaba que a Benjamín Netanyahu le había llegado la suya antes de las elecciones del año pasado.

“Yo diría que lo que lo salvó fue el sentido de que los medios lo estaban persiguiendo”, comentó Ungar. “Pudo interpretar el papel del perdedor esperado y perseguido, y le funcionó”.

Ben Simon dijo que solo la evidencia irrefutable de un delito financiero podría producir un escándalo lo suficientemente grande como para derribar a Benjamín Netanyahu. En ese caso, finalmente se desvanecería el apoyo para el primer ministro y la caída sería una de antología, dijo Ben Simon.

“Terminará en un escenario shakespeariano”, señaló.

James Glanz
© 2016 New York Times News Service

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