New York Times

El escaneo láser revela una red de ciudades antiguas en Camboya

SIEM REAP, Camboya _ Durante décadas, los arqueólogos aquí mantuvieron los ojos en el suelo cuando caminaban pesadamente por la espesa selva, los arrozales y los campos donde pastaban los búfalos de agua, de color verde esmeralda y suaves por el lodo durante la temporada del monzón.

Se pasaron su carrera entera tratando de detectar montículos o depresiones en la tierra que les pudieran permitir mapear hasta las partes más pequeñas de Angkor, el centro urbano en el corazón del imperio jemer, el cual cubría una vasta región de lo que hoy es ,Camboya, Tailandia, Vietnam y Laos,, más o menos del 802 al 1431. En tiempos modernos, existía poca evidencia material, como no fuera una red de monumentales templos de piedra, incluido el famoso Angkor Wat, así como los extensos asentamientos que presumiblemente estaban diseminados alrededor de los templos y que hace mucho se tragó la jungla.

Sin embargo, este año, los arqueólogos Shaun Mackey y Kong Leaksmy iban armados con un aparato GPS portátil que contenía datos de un sondeo aéreo de la zona, lo cual está cambiando la forma en la que se está estudiando a Angkor. El aparato los condujo directo a un campo lleno de terrones y marcado por ruedas de tractor. A simple vista, parecía una franja común de tierra, pero los datos aéreos lo habían identificado como un sitio de interés, un terraplén donde los antepasados de los camboyanos actuales pudieron haber alterado el paisaje para construir casas.

 (Billy H.C. Kwok/The New York Times)

(Billy H.C. Kwok/The New York Times)

Casi inmediatamente después de pisar el campo, Mackey, con los ojos pegados al suelo, se lanzó sobre un pedazo de cerámica de celadón. Pronto, el equipo había sacado un pequeño tesoro de fragmentos de vasijas y había empezado a tomar copiosas notas.

“No es sexi, como un templo, pero, para un arqueólogo, es realmente interesante que tengamos esta representación de actividad cultural”, explicó. Kong Leaksmy y él son parte de un consorcio de académicos, llamado Iniciativa Arqueológica Camboyana Lidar o CALI, por sus siglas en inglés, que utiliza una tecnología conocida como lidar que consiste en lanzar pulsaciones de luz ultrarrápidas hacia el suelo con láseres montados en helicópteros. La forma en la que rebotan puede mostrar la presencia de gradaciones sutiles en el paisaje que indican sitios donde civilizaciones pasadas alteraron su entorno, aun si están enterradas bajo vegetación espesa u otras obstrucciones.

Mackey, de voz suave, con sombrero fedora, veterano de hace 14 años en el trabajo de campo en esta zona, notó que antes de contar con la lidar, un estudio preciso del terreno para notar las características arqueológicas del paisaje camboyano implicaba años o hasta décadas de trabajo.

“Hemos pasado horas siendo arañados y cortados por bosques de bambú con espinas o densos matorrales y arbustos, con la esperanza de que pudiéramos encontrar algo”, dijo Mackey.

(Billy H.C. Kwok/The New York Times)

(Billy H.C. Kwok/The New York Times)

Los helicópteros de CALI volaron durante 86 horas en marzo y abril de 2015 sobre 1,910 kilómetros cuadrados, con monjes budistas bendiciendo los sensores LIDAR antes del despegue. Los datos generados durante los vuelos, con base en casi 40 mil millones de mediciones individuales, están siendo verificados y divulgados.

“Habíamos topado con un obstáculo en términos de tecnología hasta hace poco”, dijo Damian Evans, el arqueólogo que coordina la iniciativa. “La vegetación estaba oscureciendo estas partes de Angkor y otros sitios monumentales. La lidar nos permitió ver a través de la vegetación”.

El resultado, dijo Evans, ha sido una nueva comprensión, sin precedente, del aspecto que tenía el imperio jemer en la cúspide de su poder, gracias a que los mapas generados con lidar revelan un intrincado paisaje urbano por varias provincias de lo que hoy es Camboya, junto con una sofisticada red de canales, terraplenes y presas que utilizaban los angkorianos para controlar el flujo del agua.

“Es bastante asombroso”, dijo. “Entre más grandes son los templos, es más probable que la infraestructura a su alrededor sea más grande, así es que no se habían perdido, en el sentido de que presumíamos que debían estar ahí. Pero, claro, esa es una cosa totalmente diferente a poder verlo a un detalle increíble y cómo funciona y cómo funcionaba, cómo evolucionó, la morfología de estos lugares”.

El grupo está utilizando los mapas para hacer excursiones más precisas al campo, para verificar los datos obtenidos con la lidar y asegurar su precisión, así como para determinar dónde podría resultar útil excavar. En una misión reciente, Mackey recorrió rápidamente un camino pavimentado recién hecho en una picop que conducía Kong Leaksmy.

Si bien los grandes monumentos de piedra del imperio jemer han perdurado siglos, generado un sector turístico de 60 millones de dólares al año y preservado información sobre la dinastía de reyes dioses que ordenaron su construcción, hace mucho que las cosas de la vida cotidiana en Angkor, hechas de madera, barro, techos de paja, se pudrieron por el tiempo caliente y húmedo. Casi nada se había conocido sobre la vida de quienes construyeron los templos y sirvieron a sus gobernantes: quiénes eran, como vivían, en qué creían.

Desde el 2010, el Proyecto Mayor de Angkor, formado por un equipo de la Universidad de Sídney en Australia, ha estado tratando de identificar y excavar montículos antiguos que se creía que habían sido hogares en el complejo de Angkor Wat. Cuando el equipo comenzó su investigación, pasó meses solo tratando de identificar dónde se ubicaban todos los montículos. Sin embargo, después de recibir los datos lidar preliminares en el 2012, se dio cuenta de inmediato de que estaban arreglados en forma de una red estrecha, lo que indicaba que las casas flanqueaban calles como en las ciudades modernas.

“La lidar hizo que todo fuera nuevo y emocionante”, comentó Heng Phipal, un arqueólogo camboyano que trabajó en el proyecto.

Desde entonces, los miembros del proyecto han utilizado a la lidar para ubicar zonas y excavar a mayor profundidad, desenterrando arenisca de los templos que pudo haberse reciclado para los pisos de los habitantes de la ciudad, así como el análisis de un basurero en Angkor Wat lleno de restos quemados de comida y cerámica rota. Encontraron alguna de la primera evidencia de lo que comían los angkorianos (arroz y toronja) y cómo cocinaban (en ollas de barro sobre el fuego). Y han llegado a saber que el patrón en forma de red dentro de Angkor es solo parte de una aglomeración urbana mucho más grande, que desafía a las creencias populares de que las ciudades templo eran discretas y autosuficientes.

Poder ver la verdadera magnitud de la ciudad ha llevado, también, a descubrimientos en otras zonas. La lidar ha ayudado a encontrar la gigantesca cantera de donde se sacó la mayor parte de la arenisca para construir los templos, y ha identificado misteriosas espirales de tierra cerca de Angkor Wat y unos cuantos templos más que podrían haber servido para propósitos estéticos o religiosos.

Quizá lo más crucial sea que se está replanteando el discurso sostenido de largo sobre el colapso de Angkor con la evidencia lidar. Con base en las inscripciones en las piedras de los templos, los académicos han creído desde hace mucho que el imperio cayó en 1431, después de que un ejército tailandés invasor saqueó la capital y la población se mudó más cerca de Phnom Penh, la actual capital de Camboya.

Sin embargo, cuando se escanearon estas zonas, no hubo evidencia de una afluencia de refugiados. Esto indica que si bien pudo haberse dado una división política en 1431 que indujera a los miembros de la familia real a mudarse más cerca de Phnom Penh, la vasta mayoría de la gente se quedó cerca de Angkor y solo se fue gradualmente.

Este conocimiento se va revelando día a día conforme continúa la investigación. En el Sitio 305, por ejemplo, Mackey y Kong Leaksmy descubrieron pedazos de jarras de agua, lo que muestra que la zona incluía hogares, así como fragmentos de losa china azul y blanca posterior a los 1400.

“Esto ayuda a darle forma al concepto de que, realmente, no abandonaron a Angkor”, dijo Mackey.

“Cuando el mito se convierte en una historia tan consolidada, la arqueología es una forma de retar al registro escrito, particularmente porque es frecuente que la historia la escriban los poderosos que dan voz a sus propias agendas”, dijo. “Pero el material persiste”.

Julia Wallace
© 2016 New York Times News Service

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