Honesto, honesto lo que se dice honesto pues…

La relativa honestidad de los candidatos Meade y Anaya

periodista
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En mi infancia, un personaje secundario de los dibujos animados me daba mucha risa: un lobo o coyote que bajo el nombre del Honesto Juan vendía carros usados a los personajes principales, y resultaba que el carro estaba en deplorables condiciones apenas cruzaba la puerta de la “yarda” como se le conoce al lote de autos.

Durante los primeros días de sus campañas, José Antonio Meade Kuribreña y Ricardo Anaya Cortés se presentaron como dos candidatos honestos hasta que su probidad se fue viendo minada por cuestionamientos bien fundamentados que pasamos a revisar para diseccionar la lógica de sus procesos, ya sean mentales o de campaña.

Ambos se vendieron como políticos de limpias trayectorias por no haber estado implicados directamente en casos tan turbios como los que han enlodado a otros políticos, aunque de sus propios partidos.

Con sus campañas, Meade y Anaya toman distancia de los Padrés, los Duarte, los Granier y de muchos más, porque la lista es larga: César Duarte Jáquez; Rodrigo Medina, de Nuevo León; Roberto Sandoval, de Nayarit; Miguel Alonso Reyes, de Zacatecas; Rolando Zapata Bello, de Yucatán;  Fausto Vallejo, de Michoacán; Mario Anguiano Moreno, ex gobernador de Colima, y Jorge Herrera  de Durango, entre otros 14, pero si rascamos en el pasado la cifra aumenta.

Allá ellos, ellos son los corruptos, nosotros no gritan los spots de Anaya y de Meade, pero fue el propio  juicio de la sociedad la que colocó al ex secretario de Desarrollo Social en el banquillo sino de los acusados, sí del juicio popular, al cuestionarle sus omisiones en los casos de desvío de fondos de que ha sido señalada Rosario Robles a su paso por la dependencia.

A Anaya bastó que un reportaje de la revista Proceso expusiera sus operaciones de compra venta de terrenos para que la Procuraduría General de la República le abriera expediente que hasta la fecha no se ha sepultado del todo, pese a sus exabruptos para victimizarse. Triangulaciones por cierto que son más frecuentes de lo que quisiéramos en Baja California, gracias al gobernador Francisco Vega.

Meade es tan inocente como los contadores del hampa que saben que el dinero es de procedencia sucia, aunque en el caso del presupuesto público no haya turbiedades. Las hay cuando los recursos ya son utilizados en forma perversa para acallar cuestionamientos en los medios, para triangular operaciones como las de la Estafa Maestra. Y ahí es donde su honestidad se enturbia.

Se dicen, o se creen honestos, porque han estado al margen de los escándalos de sus correligionarios  pero a todas luces, nada apunta a que durante el transcurso de estos desvíos, hayan sido enteramente ignorantes de estos  y otros casos que han visto pasar frente a sus ojos y que han guardado.

Con información de Juan Arturo Salinas

 

 

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