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Cómo Indianápolis, antes conocido como centro manufacturero, está atrayendo talento tecnológico

NUEVA YORK ⎯ Cuando Ashley Zegiestowsky, una estudiante de ciencias de la computación en la Universidad Butler, estaba buscando un empleo en tecnología durante su último año de escuela, se enfocó en Silicon Valley en California, la tierra prometida para los ingenieros jóvenes ansiosos de ser parte del próximo gran lanzamiento.

“Sonaba realmente glamoroso”, dijo Zegiestowsky, de 22 años de edad, quien es originaria de Nashville, Tennessee. Pero cuando estaba considerando sus opciones, descubrió el Indy Tech Fellowship, un programa de prácticas profesionales pagadas de dos años en Indianápolis que es respaldado por una creciente comunidad tecnológica e inversionistas ángeles.

Los emprendedores tecnológicos en Indianápolis están ansiosos por frenar una fuga de cerebros de las universidades de su estado, y atraer a millennials de fuera del estado a lo que esperan pueda ser un centro tecnológico de primera en el Medio Oeste. Con ese fin, formaron la organización sin fines de lucro TechPoint, que está desarrollando programas como un campamento de aprendizaje a corto plazo para recién graduados y prácticas profesionales para estudiantes universitarios.

Indianápolis, una ciudad de unos 850,000 habitantes, ha sido conocida desde hace tiempo como un centro manufacturero donde se producen aparatos de aire acondicionado, autos y autopartes. Es sede de la carrera automovilística anual Indy 500 y el gigante farmacéutico Eli Lilly. Líderes políticos también han hecho de la ciudad un centro deportivo, trasladando al equipo de fútbol americano de los Potros desde Baltimore y convenciendo a la Asociación Nacional de Actividades Atléticas Colegiales en 1999 de establecer sus oficinas centrales ahí.

Pero, como en muchas otras áreas, la presencia manufacturera de la ciudad ha disminuido. Ayudando a compensar la pérdida, la ciudad se ha convertido constante, aunque discretamente, en un centro para la nueva tecnología, particularmente el software. De manera notable, la compañía de computación en la nube Salesforce, con sede en San Francisco, anunció un plan el año pasado para ampliar su fuerza laboral de 1,600 personas en Indianápolis con otros 800 empleados. Salesforce ya tenía un pie puesto en Indianápolis con su adquisición en 2013 de la compañía de software de mercadotecnia ExactTarget por 2,500 millones de dólares.

Armado con unos 18 millones de dólares en incentivos estatales y locales, Salesforce anunció que se mudaría este año a un espacio de oficinas de unos 25,830 metros cuadrados en la Chase Tower de 48 pisos. El edificio, que está en el corazón del centro en Monument Circle, será rebautizado Salesforce Tower.

Funcionarios en Salesforce declinaron ser entrevistados. Emprendedores tecnológicos locales y especialistas en bienes raíces esperan que la expansión de la compañía ayude a atraer a más compañías de tecnología.

En 2016, las compañías de Indianápolis dijeron que planeaban crear 3,700 empleos nuevos, alrededor de dos tercios de ellos en el sector tecnológico, dijo Ian Nicolini, vicepresidente de Develop Indy, una agencia de desarrollo económico. Esa porción es superior a la quinta parte de los 4,000 empleos nuevos que se planeaba en 2015, dijo.

“Es una ciudad donde se tiene mucho acceso a talento”, dijo. “Es fácil encontrar un mentor aquí”.

David Becker, un nativo de Indiana que fundó First Internet Bank en Indianápolis en 1998, está entre quienes se han aferrado a la ciudad. Conforme adquiría otras compañías en otras ciudades, empezó a reubicar a los empleados ahí.

“Una vez que la gente viene de visita, se da cuenta de que no es un poblado de vacas; tiene lo que tienen todas las grandes ciudades”, dijo Becker. “La gente se asombra especialmente por los costos de la vivienda, y la calidad de las escuelas”. La educación superior también es un argumento de venta: universidades como Butler, DePauw, Indiana y Purdue y el Instituto Tecnológico Rose-Hulman están produciendo graduados con amplia experiencia en campos relacionados con la tecnología. Se debe sumar a eso un aeropuerto remodelado en Indianápolis que tiene muchos vueltos directos desde y hacia ambas costas.

Salesforce se une a los primeros en adoptar a Indianápolis como Angie’s List, el sitio en línea para servicios y contratistas locales, que se mudó a Indianápolis desde Columbus, Ohio, en 1996, y ExactTarget. Otra compañía de Indianápolis en la vanguardia tecnológica de la ciudad fue Interactive Intelligence, fundada en 1994. Desarrolló software para centros de atención telefónica y fue adquirido en diciembre por 1,400 millones de dólares por Genysys, con sede en Daly City, al sur de San Francisco. Funcionarios en Genysys dijeron en ese entonces que aún planeaban una gran presencia en Indianápolis.

Varias empresas emergentes fueron formadas por empleados de ExactTarget después de que la compañía fue adquirida por Salesforce en 2013. El fundador de ExactTarget, Scott Dorsey, por ejemplo, dejó Salesforce pero se quedó en Indianápolis y formó High Alpha, una firma de capital aventurero que ofrece fondos, capacitación y oportunidades de relacionamiento a empresas emergentes tecnológicas en Indiana. Dijo que se quedó en el estado porque le gusta el estilo de vida y la fuerza laboral.

“La gente es agradable, muy trabajadora y muy leal”, afirmó.

Sin embargo, una nube pende sobre el paisaje tecnológico de Indiana. Mike Pence, quien es ahora vicepresidente de Estados Unidos, erizó a la industria tecnológica en 2015 cuando como gobernador del estado firmó la Ley de Restablecimiento de la Libertad Religiosa (RFRA, por su sigla en inglés), que permite a las empresas citar la religión como razón para negar su servicio a clientes; una medida que sus críticos dijeron estaba dirigida a la comunidad gay.

Varios líderes tecnológicos protestaron de inmediato. Una campaña encabezada por un grupo de ejecutivos tecnológicos que incluía a Marc Benioff, el director ejecutivo de Salesforce, instó en una carta a Pence a renunciar, diciendo que la legislación era mala para los negocios, aprobaba la discriminación ilegal y enturbiaba la separación entre Iglesia y Estado. Pence dijo que no era discriminación sino más bien una forma de asegurar la libertad religiosa.

“Los profesionales de la tecnología son por su naturaleza muy progresistas, y la legislación que parece retrasada como la RFRA hará al estado de Indiana un lugar menos atractivo para vivir y trabajar”, decía la carta. Aunque la legislatura del estado suavizó la medida, permanece en los libros. Se espera que el recién elegido gobernador, Eric Holcomb, siga un enfoque similar ante los asuntos sociales.

La legislación ha tenido un efecto disuasivo, dijo David Johnson, presidente y director ejecutivo de la Asociación Corporativa del Centro de Indiana y jefe de BioCrossroads, una nueva organización cuyo objetivo es fortalecer al sector agrícola de Indiana y enlazarlo con las ciencias de la vida y el sector tecnológico.

“Algunas compañías han tenido dificultades para contratar gente”, dijo.

Pero sigue siendo optimista sobre Indianápolis.

“La comunidad corporativa intervino y dijo que debía cambiarse”, dijo Johnson. “Eso le da una idea de cómo funciona este lugar”.

Para Zegiestowsky, la decisión de quedarse en Indiana tras la universidad fue un poco una apuesta. Con sus conexiones a través del programa Indy Tech Fellowship, firmó contrato con BidPal, una compañía que desarrolla software de recaudación de fondos para organizaciones sin fines de lucro. Ella es parte de un pequeño equipo de ingenieros y espera que le den una oportunidad de desempeñar un papel mayor del que tendría en las firmas más grandes de Silicon Valley.

“Quería ser parte de una compañía donde yo no fuera solo un número”, dijo.

A Zegiestowsky le pagan 60,000 dólares anuales, por encima de la media del estado de 50,000 dólares, aunque menos de lo que los graduados de tecnología pueden ganar en cualquiera de las dos costas. Pero en Indianápolis, ese salario alcanza para mucho. Zegiestowsky y una compañera de casa pagan unos 1,600 dólares por un espacioso departamento de dos recámaras y dos baños en el corazón del centro, el cual fue diseñado por Alexander Ralston, quien trabajó con Pierre L’Enfant para diseñar Washington y modeló a Indianápolis siguiendo los planos de la capital de Estados Unidos.

Cuando Zegiestowsky no está en el trabajo, puede caminar hacia el centro de las artes y la cultura y el creciente escenario de restaurantes, cervecerías artesanales y clubes, donde el jazz ha sido desde hace tiempo un elemento característico.

“Este es definitivamente un gran lugar para los jóvenes profesionales”, dijo.

Miranda S. Spivack
© 2017 New York Times News Service

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