Israel está en busca de reclutas policiales: Ansiosos y Árabes

KIRYAT ATTA, Israel _ El pase de lista fue sorprendente para un grupo que se preparaba para tomar un examen de la academia de policía de Israel: Mohammad Hreib, Ghadeer Ghadeer, Munis Huwari y Arafat Hassanein, vestido como un hipster y bautizado así en honor del líder palestino, a quien la mayoría de los judíos israelíes consideran un terrorista.

“¿Cómo siquiera te dejaron entrar?”, preguntó un asombrado colega a Hassanein, de 20 años de edad.

El inusual listado es resultado de una campaña israelí para reclutar para su fuerza policiaca a musulmanes árabes, quienes están enormemente subrepresentados en sus filas y enormemente sobrerepresentados entre los sospechosos y víctimas de crímenes.

Los musulmanes árabes conforman un 1.5 por ciento de la fuerza policial nacional de 30,000 miembros, y el ministro de seguridad pública derechista busca incrementar esa cifra en tres años añadiendo a 1,350 nuevos agentes. Muchos trabajarían en ciudades y localidades árabes, donde el ministerio ha prometido abrir 12 nuevas estaciones de policía. (Hay siete en esas áreas ahora, de 70 en toda Israel.)

La tensión profundamente arraigada entre los agentes policiales de Israel y sus 1.7 millones de ciudadanos árabes _ alrededor de una quinta parte de la población _ en algunas formas refleja los agudos problemas en torno a la raza y la vigilancia policiaca en Estados Unidos. Esta primavera y verano, el ministro de seguridad pública, Gilad Erdan, viajó a Londres y Nueva York _ donde los hispanos conforman un 27 por ciento del Departamento de Policía, los afroamericanos el 15 por ciento y los asiáticos casi 7 por ciento _ para estudiar las experiencias de esas ciudades con la diversificación y sensibilización de sus fuerzas y con el uso de cámaras corporales para hacer frente a las quejas sobre abuso policial.

“No van a desaparecer y tampoco esperamos que lo hagan”, dijo Erdan en una entrevista, refiriéndose a los árabes y los judíos.

A lo largo de la campaña de reclutamiento, ascendió a un raro agente musulmán con largo historial de servicio a subcomisionado, el segundo de más alto rango en la fuerza, mostrándolo como un ejemplo de cuán alto pudiera ascender un árabe en la fuerza. El desafío, reconoció, es cómo enlistar a esta nueva población sensiblemente; hacerlo “para ellos y no contra ellos”.

Muchos ciudadanos palestinos dijeron que sentían que Erdan estaba insistiendo en el reclutamiento de agentes árabes porque la violencia que estaba haciendo estragos en sus comunidades había empezado a afectar a la sociedad judía en general. Señalaron amargamente que el plan de Erdan fue anunciado solo después de que Nashat Melhem, un árabe israelí, abrió fuego contra los clientes de un bar en Tel Aviv el 1º de enero, matando finalmente a tres personas. Pero Erdan negó que fuera el impulso detrás del plan, y afirmó que había estado en preparación mucho antes del ataque.

Forjar confianza es su desafío. Muchos ciudadanos árabes se identifican principalmente como palestinos, no israelíes, y ven al gobierno conservador, especialmente a sus fuerzas de seguridad, como hostiles hacia sus intereses. Sospechan de un programa gubernamental más amplio para invertir 3,800 millones de dólares en infraestructura, educación, vivienda y otros servicios en comunidades árabes; un esfuerzo para integrar mejor a la sociedad a los residentes, quienes sufren de más pobreza y desempleo.

El reclutamiento policial ha desencadenado un dilema particular en una población árabe que no se ha recuperado lo suficiente desde que agentes dispararon fatalmente a una docena de ciudadanos palestinos de Israel y uno de Gaza durante manifestaciones violentas al inicio del segundo levantamiento palestino en 2000. El sentimiento en las calles es que la violencia que aflige

a las áreas árabes es resultado del descuido policial.

“A la policía no le importan los árabes”, dijo Amneh Freij, cuyo hijo Suhaib, un futbolista profesional de 24 años de edad, fue herido fatalmente de bala en enero de 2015 en Kafr Qasim. Sumándose a su sensación de impotencia, el marido de Freij, Mohammed, es el vicealcalde de Kafr Qasim, una localidad árabe de 22,000 habitantes en Israel. Su posición no marcó ninguna diferencia, dijeron.

El asesino de Freij no ha sido capturado. Si la víctima hubiera sido judía, dijo Freij mientras lloraba en una entrevista reciente, la policía habría trabajado más duro para encontrar a un sospechoso.

“Lo habrían encontrado debajo de las piedras”, afirmó.

Erdan reconoció la pena de la familia Freij, y dijo que tener a más árabes en la fuerza ayudaría a resolver esos casos porque comprenderían mejor las estructuras delictivas locales y reunirían información de inteligencia y evidencia.

Hay abundantes casos en los cuales trabajar. Erdan dijo que 60 por ciento de los asesinatos de Israel ocurrían en comunidades árabes, el triple que la proporción árabe de la población, junto con más de 40 por ciento de accidentes de tráfico. Las Iniciativas del Fondo de Abraham, un grupo que promueve la coexistencia de los ciudadanos palestinos y judíos, dijo que un examen de los encausamientos en 2015 mostraba que los árabes fueron acusados en 58 por ciento de todos los incendios premeditados, 47 por ciento de los robos, 32 por ciento de los asaltos y 27 por ciento de los casos de tráfico de drogas.

Aunque a los líderes árabes les preocupa la delincuencia en sus vecindarios, se quejan de que la policía usa una fuerza excesiva. En 2014, árabes protagonizaron una huelga de un día en protesta por el acribillamiento a manos de agentes de un joven de 22 años de edad que se retiraba de su vehículo policial después de golpear sus ventanillas con lo que parecía una navaja y, en enero, un joven fue asesinado y su padre golpeado durante un arresto por drogas.

Y como el ver a un árabe en un uniforme policial israelí es, aún, equivalente a colaborador, muchos argumentan que la policía necesita una reforma, no reclutas. Un sitio web israelí popular se negó a publicar los comerciales de reclutamiento de la fuerza policial.

“Más policías no es la solución. Sí lo es cambiar la mentalidad de los policías”, dijo Ayman Odeh, quien encabeza a un bloque de legisladores árabes en el Parlamento de Israel.

Amnon Beeri-Sulitzeanu, codirector ejecutivo de las Iniciativas del Fondo de Israel, que ha encabezado su propia iniciativa para mejorar las relaciones entre árabes y la policía, dijo que había una contradicción en un gobierno que había sido abiertamente hostil hacia los árabes mientras presentaba un gran presupuesto para mejorar su suerte.

“Es esta tendencia contradictoria: muy positiva por un lado, muy destructiva por el otro”, dijo. El gobierno “es inútil _ estoy tratando de ser amable aquí _ en su retórica y acción cuando se trata del lugar y los derechos colectivos de la minoría palestina”.

Desde que se anunció la iniciativa de reclutamiento en abril, unos 700 árabes han solicitado su ingreso a la policía. Jamal Hakroush, de 59 años de edad, el subcomisionado recién ascendido, dijo que se esperaba que unos 200 lograran entrar.

Hakroush está encabezando simultáneamente una ofensiva de atracción con alcaldes árabes para reunir apoyo en la campaña de reclutamiento. En un día reciente en Taibeh, una localidad con una reputación particularmente violenta, se reunió con el alcalde, Shuaa Mansour, en su oficina blindada.

Tomando café y galletitas, Mansour dijo que apoyaría renuentemente el plan.

“Si alguien tiene una alternativa a la policía, que la presente”, dijo Mansour.

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