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La mira de Trump: Migrantes y gobernadores

I. EL GUIÓN NO CAMBIA: SÓLO SE RADICALIZA

Hace seis meses advertí: “Trump convierte a México en el malo de sus cuentos” (“La retórica peligrosa de Trump y su cruzada justa contra México”, 22 de enero de 2025). Hoy, la trama escaló de la retórica a la geopolítica del enemigo.

De los “inmigrantes criminales” al “Estado narco-terrorista”, el salto no fue casual: las filtraciones de Reuters sobre supuestas solicitudes de extradición contra políticos mexicanos no son hechos aislados, sino el acto II de un libreto schmittiano, donde el soberano designa al enemigo y justifica someterlo.

El método es simple: acusar sin pruebas, pero con eficacia simbólica. Y cumple un doble objetivo:

  1. En Estados Unidos: movilizar a su base electoral con un grito: “¡Miren! Hasta sus gobernantes son cómplices.”
  2. En México: instalar la duda en una sociedad harta: “¿Será cierto?”

Trump no inventa el odio, lo recicla y lo arma. Su cruzada viene disfrazada de guerra moral.

II. LA MAQUINARIA DEL ODIO

¿Por qué esta narrativa prende en ambos lados de la frontera? Hay tres claves:

  1. Carl Schmitt: La política se define por la distinción entre amigo y enemigo. Trump necesita un enemigo común que cohesione a su tribu. México es el chivo expiatorio ideal: cercano, fracturado, mediáticamente débil y adicto a redes sociales que no controla.
  2. Vacío de horizontes compartidos: La falta de proyecto común convierte el resentimiento en identidad política. El anglo (incluso el mexicano-estadounidense) que aplaude redadas, y el mexicano que abuchea a sus gobernantes gritan lo mismo: una rabia huérfana de causas nobles.
  3. Instituciones fallidas: Cuando los gobiernos son incapaces de procesar la frustración, el odio busca chivos expiatorios. Y los encuentra en los migrantes, en los pobres, en los gobernantes debilitados.

III. LA FRONTERA: ESCENARIO DEL RENCOR

La frontera es el laboratorio experimental de esta tragedia binacional.

El relato de los “narco-gobernadores” es tan potente, que ya no necesita pruebas para ser creído. La gente no exige verdad, exige cabezas. Y esa sed de castigo no es del todo irracional: es la venganza social frente al fracaso de los gobiernos ante el crimen, las adicciones y la impunidad.

Trump lo sabe. Por eso señala, acusa, apunta. Huele debilidad institucional. En su narrativa, el fuerte no necesita pruebas: sólo convicción.

IV. SHEINBAUM ENTRE LA ESPADA Y LA PARED

La presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta una decisión schmittiana. Curiosamente, el mismo manual de Trump puede salvarnos.

Opción A: Negar sin estrategia. Esto valida el guion trumpista: “México esconde algo”.

Opción B: Ceder. Legitima el discurso de “soberanía suspendida por narcoterrorismo”.

Opción C: Contraatacar con verdad. Exigir pruebas públicas antes que disculpas. Investigar con rigor, sin prestarse al espectáculo, y restaurar la credibilidad procesando los casos reales: sin teatro, pero con autoridad moral.

V. CONCLUSIÓN: DESOBEDECER EL GUIÓN

Trump quiere dirigir una película donde México es el villano. Nuestro error sería actuar como extras sin libreto.

A Estados Unidos: su “cruzada moral” es solo la máscara de un proyecto autoritario que necesita enemigos para sobrevivir. Nos usan, pero no nos necesitan.

A México: dejemos de temer y empecemos a resolver. El verdadero guion se escribe desde aquí: atacando las causas del resentimiento social —las adicciones, la violencia, la impunidad—, no sólo la pobreza.

Porque si no lo hacemos nosotros, Trump escribirá el final.

De la presidenta depende que el desenlace no se defina en Washington ni en redes sociales, sino en nuestra capacidad de convertir la rabia en dignidad. Y la dignidad en justicia, no en odio.