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La promesa rota de Alejandra Ang

La representante popular intentó mediante un lenguaje cantinflesco, voltear la cuchara y victimizarse

Han pasado más de un mes y medio desde que la diputada bajacaliforniana Alejandra Ang intentó cruzar más de 848 mil pesos -en su respectiva conversión en dólares-, a Estados Unidos por la garita de Calexico, cantidad que superaba por mucho los 10 mil dólares que permite la regulación oficial.
A principios de febrero la legisladora informó que en cuestión de una semana daría a conocer la procedencia del dinero incautado, destinado a la compra de una camioneta y resultado de la suma de sus ahorros, los de su esposo y la venta de un vehículo.
Hoy, la representante popular intentó mediante un lenguaje cantinflesco, voltear la cuchara y victimizarse, y sin informar sobre el origen del recurso incautado, pateó la responsabilidad a las autoridades aduanales estadounidenses para dejar la pelota en su cancha, y seguir sin aclarar la procedencia del dinero asegurado.
En entrevista banquetera con los reporteros de la capital estatal, Ang Hernández declaró que “Estamos esperando, antes de los 30 días. Estoy esperando respuesta, es la realidad, aun no me ha dado respuesta la autoridad, nos dieron un teléfono un correo para que hiciéramos la solicitud y que ellos nos iban a indicar como y cuando y hasta la fecha no he tenido respuesta”.
Pero esas palabras en nada arrojan luz sobre su tema pendiente: de dónde surgió el recurso incautado y cuál era su destino. Estamos ante una promesa rota.
Especialistas fiscales se han propuesto para ayudar a la diputada a difundir los datos de las cuentas bancarias de las cuales fueron retirados los ahorros, así como los datos del vehículo que vendió y que ayudó a engrosar el monto que ronda el millón de pesos.
Culpar, responsabilizar, poner los reflectores del tema sobre Aduanas de Estados Unidos, es un truco barato de magia con que la diputada intenta distraer la atención.
No olvidemos que los diputados bajacalifornianos se han visto beneficiados con dineros procedentes del presupuesto del gobierno del estado, a fin de impulsar y hasta proponer diversas iniciativas de ley, o tan solo aprobarlas porque aún siendo del mismo partido, los legisladores han aprendido a vender caro su voto.
Hasta en tanto no cumpla con su promesa, la diputada Ang es sospechosa de una red de corrupción que no pasa la prueba del ácido en torno a la procedencia de un monto que por su cuantía, parece ser apenas la punta del iceberg.