Lo que me hubiera gustado saber de mis rodillas

(Paul Rogers/The New York Times)
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Muchos de los procedimientos a los que se someten las personas para contrarrestar el dolor de rodilla, con la esperanza de evitar la cirugía de reemplazo, se basan en muy poca evidencia cuando no nula. Algunos procedimientos solo les llenan los bolsillos a los médicos sin que el paciente se beneficie más allá de unos cuantos meses.

Yo hubiera querido saber todo eso antes de sucumbir a mis ilusiones y probarlos todos.

Después de diez años de trotar, de muchos años de jugar al tenis y con tres lesiones de esquí, mi rodilla izquierda, de más de 50 años, estaba dando claras indicaciones de que estaba en problemas. Todavía podía nadar y montar bicicleta, pero cuando me empezó a doler al caminar consulté con un ortopedista que me recomendó cirugía artroscópica.

La operación, realizada mediante diminutas incisiones hechas a través de un endoscopio, reveló un menisco hecho pedazos. El menisco es un disco de cartílago que sirve de colchón entre los huesos de la articulación de la rodilla. El cirujano limpió aquel desastre, yo hice la terapia postoperatoria obligada y después volví a jugar al tenis, a caminar, a andar en bicicleta y a nadar.

Pasaron varios años hasta que el dolor aumentó tanto que me sacó de la cancha y las radiografías revelaron una artritis ósea en ambas rodillas. Un especialista en medicina deportiva sugirió una serie de inyecciones de ácido hialurónico, una sustancia en gel destinada a lubricar la articulación y a absorber los choques. Me dijeron que esas inyecciones, costosas y dolorosas, aliviaban el dolor de rodillas en dos terceras partes de los pacientes. ¡Ay! Yo me encontré en la tercera parte que no se benefició.

Ya que caminar era doloroso y la calidad de mi vida había disminuido, finalmente me sometí al reemplazo de ambas rodillas, lo que me ha permitido caminar, andar en bicicleta, nadar y trepar en los últimos trece años.

Ahora se están haciendo serios cuestionamientos sobre los beneficios de la cirugía artroscópica, a la que se someten millones de personas con la esperanza de aplazar el reemplazo total de rodillas, cuando no evitarlas del todo.

La más reciente refutación se publicó en BMJ en mayo y estuvo a cargo de una junta de expertos que revisaron sistemáticamente doce ensayos bien diseñados y trece estudios de observación. Llegaron a la conclusión de que cirugía artroscópica para la artritis degenerativa de rodilla y el desgarre del menisco no produce alivio duradero del dolor ni mejora las funciones.

Tres meses después del procedimiento, menos de 15 por ciento de los pacientes experimentaron, en el mejor de los casos, “una pequeña mejoría en el dolor y la función”. Esas mejoras desaparecieron por completo en cosa de un año.

Como es el caso de todos los procedimientos invasivos, la cirugía no deja de tener sus riesgos, siendo las infecciones las complicaciones más comunes, aunque no son las únicas.

Aun más, agregó el panel de expertos, “la mayoría de los pacientes experimentan una mejora importante en dolor y función sin la artroscopia”.

De hecho, esa fue la experiencia de un amigo que, a los 70 años y ávido jugador de tenis, consultó al mismo cirujano que me había operado de las rodillas años atrás. A mi amigo le dijeron que tenía un menisco desgarrado que podía repararse con artroscopia, pero él decidió no someterse a la operación. En cambio se sometió a varias semanas de terapia física, con lo que el dolor desapareció. Él regresó a las canchas y ha estado jugando sin que vuelva a aparecer desde hace ocho años.

“La cirugía artroscópica tiene un papel, pero no para la artritis o el menisco desgarrado”, señaló en una entrevista el doctor Reed A.C. Siemieniuk, de la Universidad McMaster en Hamilton, Ontario, y presidente de la junta de expertos. “Se volvió muy popular antes de que hubiera estudios que demostraran que sí funciona, y ahora tenemos evidencias de primera calidad que muestran que no da resultado.”

La cirugía artroscópica puede ser útil, advirtió, en caso de personas con lesiones traumáticas y de atletas jóvenes con lesiones deportivas. Mi hijo Erik es un botón de muestra. Cuando tenía 23 años, Erik estaba jugando básquetbol cuando sufrió la ruptura del ligamento cruzado anterior de una rodilla, que le fue reparado mediante artroscopia. Él ha estado jugando al tenis y básquetbol sin ningún dolor por los últimos 24 años.

La junta de expertos señaló que como una cuarta parte de gente de más de 50 años sufre de dolor de rodilla por enfermedad degenerativa. Esa proporción aumenta con la edad. Los procedimientos artroscópicos para ese padecimiento “representan más de 3,000 millones de dólares al año tan solo en los Estados Unidos”, declara el reporte dando a entender que es un desperdicio total de dinero.

Otras de las intervenciones comunes son las inyecciones de esteroides en la rodilla. Estas reducen la inflamación dolorosa pero si se usan repetidamente, los esteroides pueden acelerar el avance de la artritis en la articulación. Un estudio publicado también en mayo en JAMA a cargo de investigadores del Centro Médico Tufts encontró que la inyección de corticosteroide cada tres meses a lo largo de dos años provoca mayor pérdida de cartílago en la rodilla y no tiene efectos significativos en el alivio del dolor, en comparación con pacientes que recibieron un placebo.

El valor de los otros procedimientos a los que me sometí, las inyecciones de ácido hialurónico, en cierto modo tienen mejor soporte en las investigaciones con pacientes con dolor en las rodillas. Un estudio grande, publicado el año pasado en PLOS One, abarcó a más de 50,000 pacientes tratados con una o más series de esas inyecciones, a los que comparó con más de 113,000 pacientes que no habían recibido esas inyecciones.

En aquellos que se sometieron a cinco o más series, las inyecciones aplazaron el reemplazo total de rodilla en un promedio de 3.6 años; los que se sometieron a una sola serie aplazaron el reemplazo en 1.4 años. Y quienes no se sometieron a las inyecciones tuvieron el reemplazo de rodilla 114 días después en promedio.

Siemieniuk admite que el tratamiento de artritis degenerativa de rodilla puede ser “frustrante tanto para el médico como para el paciente” pues no hay ninguna respuesta clara de qué es lo que ayuda a los pacientes.

Hasta que haya mejores evidencias, él sugiere las siguientes estrategias, que se sabe que ayudan a mantener a los pacientes alejados de la sala de operaciones.

–Si tiene sobrepeso, pierda peso. Mientras más pese, habrá más presión sobre sus rodillas a cada paso y es más probable que se lastime al caminar o subir escaleras.

–Ponga atención a las actividades que agravan el dolor de rodilla y trate de evitar las que no sean esenciales, como acuclillarse o estar sentado por mucho tiempo en la misma posición.

–Si el dolor es muy fuerte, tome algún analgésico de venta libre, como acetaminofén o un medicamento anti-inflamatorio no esteroide como el ibuprofeno y el naproxeno.

–Quizá lo que más ayuda sea someterse a uno o más ciclos de terapia física administrada por un terapeuta certificado, quizá especializado en dolor de rodilla. No deje de hacer los ejercicios recomendados en casa y continúe haciéndolos indefinidamente para que no se disipen sus efectos.

–Consulte con un terapeuta ocupacional que le enseñe a modificar sus actividades para reducir la incomodidad de la rodilla.

Jane E. Brody
© 2017 New York Times News Service

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