Mientras los líderes discuten, Corea del Sur encuentra que China ya no es fácil de aceptar

(Jean Chung/The New York Times)
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INCHEON, Corea del Sur ⎯ Hasta recientemente, Beyond Cosmetics no podía cumplir con la suficiente rapidez con los pedidos chinos de su Green Piggy Collagen Jella Pack, una sustancia beige cremosa que contiene colágeno de cerdo, o su Carbonated Bubble Clay Mask, que deja el rostro de la usuaria cubierto de espuma.

Entonces, en noviembre, la política internacional golpeó a este fabricante sudcoreano de productos para el cuidado de la piel. Conforme crecía la ira de China por los planes de Washington y Seúl de estacionar un sistema de defensa de misiles en territorio sudcoreano, las ventas de los dos auxiliares de belleza cayeron de la mitad a una quinta parte de las ventas de Beyond Cosmetics.

Como el despliegue del sistema empezó recientemente y China amenaza con castigar más a Corea del Sur, compañías como Beyond Cosmetics se preparan para lo peor. El lío diplomático cada vez más intenso está exponiendo profundas grietas en la historia de éxito económico de Corea del Sur y forzando a la nación a enfrentar su dependencia de China, su socio comercial más grande.

Aun antes de la crisis actual, Beyond Cosmetics había empezado a mirar más allá de China, donde se estaba topando cada vez más con problemas como reglas gubernamentales más estrictas y una creciente competencia interna.

“Pensábamos que podíamos hacer algo mejor con nuestro tiempo que intentar avanzar en el mercado chino”, dijo Kim Byung-sun, el vicepresidente de la compañía, y añadió que viajaba habitualmente para promover los productos con certificación halal en Malasia, un país predominantemente musulmán, y lápices de labios mate de larga duración que pueden soportar la humedad de Tailandia.

Una potencia exportadora que empezó su trayectoria de ascenso antes de que Pekín adoptara la economía capitalista, Corea del Sur se ha beneficiado desde hace tiempo de la prosperidad de China. Las fábricas chinas son importantes compradores de componentes hechos en Corea. Una creciente clase media china acogió los dispositivos, los cosméticos, los programas televisivos y la música de Corea del Sur, a menudo en viajes de compras al otro lado del mar Amarillo.

Todo eso quizá esté en peligro ahora. Los boicots de los consumidores han afectado a las cadenas de tiendas coreanas en China. Espectáculos de K-pop ahí han sido cancelados. Recientemente, la Agencia de Turismo Nacional China ordenó a las agencias de viajes regionales suspender las ventas de paquetes turísticos a Corea del Sur.

Pero incluso antes de que China empezara a reaccionar contra Corea del Sur, la relación económica entre los gigantes industriales había empezado a cambiar. China es cada vez más un competidor tanto como un cliente para Corea del Sur. Las compañías chinas han mejorado la calidad de los productos y pueden competir en precio, tanto nacionalmente como en el extranjero, en todo, desde componentes complejos hasta cosméticos y smartphones.

Eso plantea importantes desafíos para un país donde un escándalo de sobornos ha envuelto a la hasta hace unos días presidenta del país y al jefe de facto de su conglomerado más grande, Samsung, y despertado dudas sobre si una economía impulsada por las exportaciones y los lazos cercanos entre funcionarios y grandes empresas ha llegado a su límite. Para prosperar a largo plazo, dicen expertos, Corea del Sur necesita considerar reformas que ayuden a empoderar a los emprendedores y a difundir la riqueza nacionalmente.

“Un interrogante clave es si Corea va a poder hacer un cambio de un modelo de crecimiento impulsado por el comercio y las exportaciones que le produjo un éxito económico enorme”, dijo Mark W. Lippert, quien recientemente partió de Seúl, donde fungía como embajador de Estados Unidos en Corea del Sur.

Los fabricantes chinos han empezado a producir las partes y componentes que las compañías sudcoreanas han estado vendiendo a China, donde los obreros las ensamblan en productos destinados a los consumidores europeos o estadounidenses. Este llamado comercio intermediario representa actualmente alrededor de tres cuartas partes de todas las exportaciones de Corea del Sur hacia China.

Las compañías chinas también están produciendo más de sus propios bienes de consumo como autos, teléfonos y pantallas de televisión planas. Samsung, que dominaba una participación del 20 por ciento del mercado de teléfonos celulares en China en 2012, ahora tiene solo 6 por ciento, según GfK, una firma de investigación de mercados. Las cuatro marcas de teléfonos celulares de mejor venta en China, según IDC, la firma de investigación de tecnología, son ahora producidas por empresas chinas.

Kim, de Beyond Cosmetics, dice que los fabricantes de cosméticos chinos han atraído a empleados de investigación sudcoreanos con salarios que son tres veces más altos que lo que su empresa puede ofrecer, además de beneficios como vivienda y autos.

En 2015 y 2016, las exportaciones de Corea del Sur cayeron por primera vez en casi 60 años, indicó la Asociación de Comercio Internacional de Corea. El año pasado, las exportaciones a China se deslizaron 9.3 por ciento comparado con un año antes conforme se desaceleraba la economía china, aunque esas cifras subieron en los primeros dos meses de este año.

“Sin importar la industria, Corea ha dependido demasiado de China”, dijo Kang Seon-jou, profesor de estudios comerciales y económicos en la Academia Diplomática Nacional de Corea.

Pekín ha protestado por el acuerdo de Corea del Sur para albergar el sistema de defensa de misiles ⎯ llamado sistema de Defensa de Área de Elevada Altitud Terminal, o THAAD por su sigla en inglés ⎯ y los medios noticiosos estatales chinos han estado haciendo un llamado a un boicot, que afecta a todo, desde las estrellas del pop y los programas de televisión sudcoreanos hasta los supermercados de propiedad coreana. Alarmado por la más reciente prueba de misiles balísticos por parte de Corea del Norte, Estados Unidos empezó a desplegar el sistema.

Eso está afectando a un esfuerzo por parte de Corea del Sur de cosechar más poderío económico a través de su cultura popular. Varios eventos musicales que incluían a sus artistas en China han sido cancelados, y los dramas sudcoreanos han sido retirados de los servicios de video en línea chinos.

Lotte, un conglomerado sudcoreano que está ofreciendo terrenos para el despliegue del THAAD, ha reportado que sus tiendas en línea en China han sido hackeadas y que la mitad de sus tiendas basadas en China han sido cerradas por supuestas violaciones al reglamento contra incendios.

Aunque Lotte se muestra renuente a culpar a la reacción negativa al THAAD, los consumidores chinos parecen dispuestos a hacerlo. El 4 y 5 de marzo, cientos de enojados manifestantes, que ondeaban banderas chinas y entonaban cánticos, se reunieron afuera de las tiendas Lotte y demandaron que el público boicoteara los productos sudcoreanos.

En Incheon, una ciudad portuaria a menos de 400 kilómetros del puerto más cercano en China, los consumidores chinos visitantes llegan en transbordador para adquirir artículos como arroceras, asientos de inodoro, alimentos y maquillaje.

Sin embargo, los comerciantes locales están experimentando lo que dicen es una desaceleración en la actividad turística procedente de China. Funcionarios de Incheon dijeron que varias grandes empresas chinas que estaban planeando enviar a miles de empleados a talleres corporativos en la ciudad cancelaron las visitas.

Aunque el número de visitantes chinos en Incheon aumentó en 2016 respecto de un año antes, cuando un brote de síndrome respiratorio del Medio Oriente causó que se desplomara el turismo, las cifras no han regresado a los niveles de 2014. Yoo Jeong-bok, alcalde de Incheon, dijo en una entrevista en el ayuntamiento: “Si no tuviéramos estos asuntos de seguridad geopolíticos, pienso que estas cifras de 2016 habrían sido mucho más altas”.

Lee Ching-ha, de 65 años de edad y dueño de una pequeña tienda de arroceras hechas en Corea, dijo que antes vendía unas 30 arroceras al día a los visitantes chinos. En un miércoles reciente, no pudo vender ni siquiera una y citó al despliegue del THAAD como el principal factor.

En el clandestino Mercado Internacional Sinpo, una madriguera de pequeños puestos minoristas que venden ropa, bolsos y teléfonos celulares usados, la actividad era débil en una visita reciente.

“Las cosas van realmente mal ahora”, dijo Kim Min-seop, de 52 años de edad y dueño de Mirae Mobile, donde vende teléfonos celulares y iPads reciclados. “Pero, para ser honesto, ¿qué puede hacer el gobierno? Este es un problema político muy delicado”.

Unos pasos adelante, en un diminuto salón de cosmetología, Kim Chun-yeo, la dueña de 57 años de edad, estaba sentada sola en un pequeño banco a la espera de que llegara alguna clienta. Coreana étnica que nació en China, Kim abrió su puesto hace dos años. Alrededor de la mitad de su actividad provenía de las visitantes chinas, que incluían a un torrente constante de empleadas de cruceros y transbordadores que querían tratamientos faciales. Ahora, tiene suerte de recibir una o dos clientas al día.

Kim nunca pensó que necesitaría poner atención a la política. “Pienso que los políticos no han actuado bien”, dijo. “Para que la economía esté bien, debemos tener una relación con China. Pienso que Corea debería ser más inteligente al tratar de cooperar con China”.

Motoko Rich
© 2017 New York Times News Service

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