Los ramapough contra el mundo

(Christopher Occhicone/The New York Times)
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NUEVA YORK ⎯ El teléfono sonó en su estudio y Dwaine Perry respondió con la resignación de un hombre que sabía lo que se le venía encima. “Diga”, dijo. Luego hizo una pausa, seguida por un recital de simpatías y condolencias. “Bueno, me pondré a trabajar”, dijo finalmente. Hora de planear otro funeral.

Un anciano de la Nación Ramapough Lenape acababa de morir, y Perry, como jefe de la tribu, estaba a cargo de encabezar una oración a nombre de la comunidad. Este era el segundo anciano en morir ese mes y el tercero en un año.

“Así era la vida tribal”, dijo Perry, tomando una fotografía enmarcada de su librero. En la imagen, de décadas de antigüedad, él está guiando una ceremonia de oración, rodeado por más de tres docenas de ancianos tribales. Ahora solo quedan seis ancianos.

“Eso es todo lo que enfrento en estos días”, dijo Perry, de 69 años de edad. “Muerte y papeleo”.

En realidad, para los ramapough, un grupo de indígenas nativos de las montañas alrededor de Mahwah, Nueva Jersey, la vida a menudo ha sido una serie de luchas atroces por sus derechos y recursos. La tribu tiene una acosada historia marcada por la ocupación colonial, la degradación ambiental, la discriminación y choques con políticos y desarrolladores inmobiliarios. A lo largo de los años, han sido en gran medida disminuidos, una tribu orgullosa que trabaja para evitar la erradicación y la invisibilidad.

Pero los ramapough han experimentado una especie de despertar. Después de que un desarrollador propuso un oleoducto que correría a través de sus tierras nativas ⎯ y potencialmente amenazaría el suministro de agua de la región ⎯, la tribu empezó una ola de protestas que ha reunido a sus declinantes miembros. Se animaron más por la elección del presidente Donald Trump, a quien ven como un enemigo del medio ambiente y de la vida indígena en general; y un antiguo enemigo de la tribu en particular. Ahora esta pequeña y asediada comunidad está preparándose para la batalla con fuerzas locales y nacionales. Para Perry, lo que está en juego es nada menos que la existencia de los ramapough.

“Duraremos otros mil años”, dijo Perry, “o desapareceremos por completo”.

Los indios ramapough son descendientes de un subgrupo de lengua munsee de los lenape, un pueblo aborigen de la región del centro del litoral Atlántico. Alguna vez fueron una tribu enorme y próspera extendida en toda el área, pero después de la invasión europea, muchos ramapough se dispersaron hacia el oeste. Hoy, estima la tribu, hay entre mil y 3 mil ramapough en el área y hasta 4 mil en todo Estados Unidos.

Pero el estilo de vida aislado de la tribu avivó un tipo de racismo contra los nativos que ya era poderoso. Durante años, han sido menospreciados como “endogámicos”, “Jackson Whites” y otros insultos que se refieren a ideas equivocadas sobre sus ancestros.

En 2007, un año después del fatal acribillamiento de un hombre ramapough por un guardabosques de la Policía de Parques de Nueva Jersey, el estado emitió un reporte que detallaba la “flagrante discriminación” que enfrentaban los nativos asó como el “descuido benigno por parte del estado a las amenazas importantes y directas a su bienestar físico y económico”.

Como resultado de ese prejuicio, muchos ramapough terminan viviendo en dos mundos. En privado, acogen libremente la cultura y costumbres de la tribu, hablando munsee y vistiendo la ropa tradicional. Pero, fuera de casa, dicen muchos, asumen un estilo de vida más integrado. Perry rara vez usa su nombre tribal, Oso de Hierro, en público. Puede ser difícil, dijo, conseguir un préstamo bancario con ese nombre.

Desde que se convirtió en jefe en 2006, Perry a menudo ha encontrado desafiante movilizar a la tribu en momentos de necesidad. Pero, recientemente, se ha apegado a un tema que ha alarmado a su gente. En 2014, Pilgrim Pipeline Holdings dio a conocer planes para construir un par de oleoductos que pasarían por el territorio ramapough. Según la propuesta, los oleoductos se extenderían subterráneamente alcanzando cada uno 286 kilómetros, y correrían de Albany, Nueva York, a Linden, Nueva Jersey.

Los ejecutivos de Pilgrim dicen que el proyecto de mil millones de dólares ofrecería un suministro estable de productos petroleros a una región sin acceso directo a refinerías. Pero muchos expertos ambientales advierten que los oleoductos representan una posibilidad de riesgos de seguridad y contaminación. “Incluso un derrame petrolero relativamente modesto pudiera hacer desaparecer l suministro de agua de millones de personas hasta por un año”, dijo Jeff Tittel, director de Sierra Club en Nueva Jersey.

En el centro de la zona afectada estarían los ramapough, quienes dicen que sus sitios sagrados serían violados, junto con el riesgo para su río. (George Bochis, vicepresidente de desarrollo de Pilgrim, dijo que su compañía se había reunido con la tribu para discutir sus preocupaciones y estaban desarrollando “un plan de mitigación y protección para cualquier artefacto descubierto”.)

La protesta contra los oleoductos ha unido a los ramapough a diferencia de cualquier momento que muchos ancianos puedan recordar. Algunos ramapough no practicantes incluso se han sentido inspirados para conectarse de nuevo con la vida tribal.

Aunque la tribu y grupos ambientales aliados pretenden bloquear la aprobación de los oleoductos a nivel estatal, les preocupa que los líderes conservadores en Washington pudieran cambiar drásticamente todo el proceso regulatorio.

“Pilgrim tiene muchos obstáculos por delante ahora, pero eso pudiera cambiar bajo el mandato de Trump”, dijo Tittel, del Sierra Club. “Nuestra mayor preocupación es que simplemente estén esperando a que los republicanos cambien la ley”.

Para muchos ramapough, ese temor está arraigado en una historia rencorosa con Trump. En 1993, la tribu ya era reconocida por Nueva Jersey y estaba en consideración para el estatus federal cuando él inició una cruzada para frenar la solicitud. Temiendo la competencia para sus casinos en Atlantic City, Trump presentó una demanda judicial federal afirmando que la Ley Regulatoria para los Juegos de Apuestas Indígenas, que permite las apuestas en terrenos tribales, discriminaba en contra de él.

La demanda fue acompañada por una agresiva campaña en medios. Al aparecer en el programa de radio de Don Imus en junio de ese año, Trump se quejó de un “doble estándar” en los impuestos e insinuó que los ramapough y otras tribus estaban representando mal a sus ancestros.

“Pienso que yo podría tener más sangre indígena que muchos de los llamados indios que están tratando de abrir las reservas”, dijo Trump.

Posteriormente, en una audiencia congresal sobre las apuestas en territorios indígenas en octubre, dijo: “A mí no me parecen indígenas”.

La Oficina de Asuntos Indígenas rechazó la solicitud de la tribu.

“Trump realizó una campaña de difamación, simple y llanamente”, dijo Perry. “Y ahora seguimos haciendo frente a las consecuencias de la mentira racista que él perpetuó”. (La oficina de Trump no respondió a múltiples solicitudes de comentarios.)

Pero antes de que tuvieran que enfrentar a Trump, los ramapough deben contender con sus vecinos. Desde que la tribu inició manifestaciones en su campamento, los residentes y funcionarios locales de Mahwah han estado enfrentados con los ramapough. A fines de noviembre, un vecino llamó a la policía para reportar a la tribu por construir tipis en los terrenos, en aparente violación de las regulaciones de zonificación de la ciudad.

Alrededor de esa época, los ramapough reportaron a la policía que descubrieron que su propiedad había sido pintarrajeada con mensajes de intolerancia.

La ciudad penalizó a la tribu por una serie de violaciones, aunque las mismas han sido aplazadas conforme los funcionarios revisan los planes de ubicación recién presentados por la tribu. Los líderes tribales están esperando una resolución amigable, pero dicen que sanciones similares no son impuestas a los residentes no indígenas que, por ejemplo, acampan en sus patios o levantan toldos para fiestas. “Esto es solo parte de una larga historia de la ciudad castigando a los ramapough”, dijo Joel Kupferman, director ejecutivo del Proyecto para la Justicia y la Ley Ambiental de Nueva York.

Incluso en medio de las tensiones latentes, las protestas contra los oleoductos han continuado. Pero ese fervor ha sido difícil de sostener.

Trump ha firmado órdenes ejecutivas que reviven los oleoductos Dakota Access y Keystone XL. Para la tribu, las pérdidas fueron desmoralizantes. Desde entonces, los eventos de los ramapough han visto escasa atención de los medios y multitudes cada vez menores.

Con incontables crisis más que manejar bajo el nuevo gobierno federal, muchos activistas locales parecen haber desviado su atención a otra parte.

“Como siempre”, dijo Perry, “son los ramapough contra el mundo”.

Noah Remnick
© 2017 New York Times News Service

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