New York Times

Los retos de las amistades masculinas

Cristopher Beemer, residente de Brooklyn de 75 años de edad, está impresionado por lo bien que su esposa Carol mantiene su amistad con otras mujeres y se pregunta por qué ese valioso beneficio para la salud y la longevidad “no se dan tan fácilmente en los hombres”.

Entre los diversos estudios sobre la relación entre la amistad y el bienestar en los años postreros, el estudio longitudinal de la edad en Australia, realizado en 2005, encontró que las relaciones familiares tienen muy poco efecto en la longevidad, si es que lo tienen, pero que las amistades elevaban la esperanza de vida hasta en 22 por ciento.

Beemer me pidió que investigara la forma de promover las amistades masculinas, especialmente entre hombres jubilados que por lo general pierden el contacto con sus colegas, que pueden tener intereses y experiencias similares.

Cuando Marla Paul, escritora residente en Chicago, escribió un libro titulado “La crisis de la amistad; Cómo encontrar, hacer y conservar amigas cuando ya no somos niñas”, sobre la forma de establecer amistades significativas con otras mujeres, se vio inundada de solicitudes de hombres para que les diera un tratamiento similar a las amistades masculinas.

“A muchos hombres les molestó que no los considerara”, me dijo Paul. “Sienten que hacer y conservar amigos es mucho más difícil para ellos, que las relaciones cercanas no son parte de su cultura. Me señalaron que las mujeres disponen de toda clase de clubs, que hay mucho más apoyo cultural para las amistades entre mujeres que para los hombres.”

En un estudio de los años ochenta, sobre los efectos en el matrimonio de los arreglos del cuidado de los niños, dos psiquiatras de Boston, la doctora Jacqueline Olds y el doctor Richard Stanton Schwartz, encontraron que “en el caso de casi todos los hombres, estos están más atrapados en el trabajo, en forjar su carrera y dedicarse a sus hijos más que lo que estuvieron sus propios padres y, así, algo tenía que ceder”, señaló Schwartz. “Y lo que cedió fue su conexión con sus amigos. Su vida simplemente no deja tiempo para las amistades.”

En su libro “El estadounidense solitario; Cómo separarse en el siglo XXI”, los dos doctores, que forman un equipo de marido y mujer, observan una tendencia creciente en los hombres de fomentar matrimonios más fuertes e íntimos, a costa de casi todas las demás conexiones sociales.

Cuando envejecen y el trabajo ya no define sus contactos sociales, “hay mucha reconstrucción por hacer” si quieren tener amistades significativas con otros hombres, precisó Schwartz en una entrevista.

A partir de la infancia, apunta Olds, “las amistades de los hombres están más basadas en actividades mutuas, como los deportes y el trabajo, más que en lo que les sucede psicológicamente. A las mujeres, por su parte, se les enseña a juntarse con las demás; a los hombres no”.

Conscientemente o no, muchos hombres creen que no es masculino hablar de sus asuntos personales con otros hombres. El resultado suele ser que las amistades entre hombres sean menos íntimas y más informales, lo que hace que la conexión sea más tenue y más difícil de mantener.

Olds precisa: “En mi consulta hay muchos hombres que se sienten mal por haber perdido el contacto con sus amigos de antaño. Empero, resulta que los hombres de edad están fascinados cuando un viejo amigo se comunica con ellos para revivir la relación. Para reconectarse, los hombres necesitan señales más fuertes que las mujeres. Puede no ser suficiente enviarle un mensaje de correo electrónico a un viejo amigo. Podría ser mejor invitarlo a la casa.”

Algunos hombres consideran que su esposa es su mejor amiga y muchos dependen de ella para establecer y mantener las conexiones sociales de la pareja, que prácticamente desaparecen cuando la pareja se divorcia o la esposa muere.

La diferencia entre las amistades masculinas y las femeninas empieza a muy temprana edad. Tras observar cómo interactúan socialmente sus cuatro nietas, Beemer comenta: “Tienen mucha más actividad de ese tipo que los muchachos. Eso podría explicar por qué en la edad adulta siguen siendo buenas para eso.”

En defensa de su género, él observa que “a los hombres les cuesta más trabajo conectarse con sus emociones y tienden menos que las mujeres a revelar su lado emocional. Pero cuando tenemos una verdadera amistad, es porque hemos hecho eso, precisamente.”

Él ha encontrado que “es importante exponernos y ser honesto con lo que nos sucede. Si nos revelamos como debe de ser a la persona indicada, las cosas saldrán bien. Hay riesgos, claro, no se puede forzar. A veces no da resultado; recibimos una respuesta como de ‘no me cargues con ese tipo de cosas’ y sabemos que hay que dar marcha atrás. Pero lo más frecuente es que los hombres respondan en el mismo sentido”.

Beemer se ha esforzado por establecer y mantener relaciones valiosas con otros hombres de su misma época. Ingresó en un club de lectura para hombres, que se reúne una vez al mes. Y después de dos años, afirma que “se ha vuelto un grupo en el que cada miembro realmente significa algo para los demás”.

También está en un grupo de caminata para hombres que se reúne tres veces a la semana y, después del ejercicio, se juntan en una cafetería a charlar y tomar un refrigerio. Cuando uno de los miembros tuvo un ataque cardiaco, ellos lo visitaron, lo animaron con los chismes más recientes y su botana preferida de la cafetería.

“Lo que sostiene las relaciones con el tiempo es un ritmo regular de verse”, asegura Schwartz. “Es mejor establecer un modelo regular de actividades que tener que hacer un esfuerzo especial para verse”.

Él recuerda “haber curado” de su soledad a un paciente de 70 años, al que animó a juntarse con un montón de tipos que cenaban y bromeaban regularmente en una cafetería del barrio. “Hay muchas cafeterías en la región de Boston donde se reúnen grupos de hombres de edad para desayunar todos los días”, asegura Schwartz.

Hablando de su marido, Olds dice que “Richard tiene una conferencia telefónica periódica con sus amigos que viven en varias partes del país. La programamos en nuestra agenda porque de otro modo desaparecería”.

Entre otras formas de que los hombres hagan amistades en sus años de otoño está participar en cursos, actividades, viajes y comidas en centros de la tercera edad; tomar cursos de educación continua en la universidad; inscribirse en un gimnasio y tomar clases con personas que vea todas las semanas; participar como voluntario en museos, hospitales, escuelas o refugios para animales; asistir a los servicios de culto en los centros religiosos; formar un grupo para jugar a las cartas o juegos de mesa; incluso hasta para pasear perros por el barrio.

Cuando murió la esposa de mi dentista, él hizo nuevas amistades y disfrutó de simpáticas cenas con otros hombres, reunidos en un grupo llamado Romeo, acrónimo en inglés de “viejos retirados que salen a cenar”.

Jane E. Brody
© 2016 New York Times News Service

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