En política, la percepción cuenta más que la realidad.
Lo que la gente cree, eso “es”.
Y en Tijuana está ocurriendo un fenómeno curioso, una parte importante de la opinión pública confunde a Netza Jáuregui, Secretario de Bienestar del Gobierno del Estado, con el alcalde Ismael Burgueño, o viceversa.
Aunque la confusión en redes ocurre hasta en Mexicali, es más frecuente en territorio tijuanense.
No es una anécdota menor, es una ventaja para alguien y desventaja para el otro.
La confusión no surge del desconocimiento absoluto, sino de la similitud visual en su fenotipo, pero sobre todo por su narrativa institucional que ambos proyectan. Chalecos guindas con emblemas oficiales, esfuerzo por la estética cercanía popular en actos de los gobiernos de la Cuarta Transformación; las fotografías en redes y medios, con au chaleco guinda, dando abrazos y repartiendo sonrisas. Ambos encarnan la marca dominante de “los servidores de la nación”.
La confusión es fácil de entender, fotografías rápidas, en videos breves de redes, en transmisiones fragmentadas, es entonces que el cerebro colectivo procesa una misma imagen de doa figuras públicas, es decir, un funcionario de guinda, barba cerrada, cabello cuidadosamente peinado con abundante gel, en eventos de entrega de beneficios y “buenas” noticias.

Y en la era de las pantallas, la figura importa menos que el mensaje.
Su esfuerzo de proyectar logros, de dar buenas noticias, de entregar apoyos u obras, de la característica pronoción estilo la 4T, pone a Burgueño y Jáuregui, a Netza e Ismael, en el mismo paquete de propaganda política.
La presencia de ellos en colonias la gente los confunde, da igual que sea Burgueño o Jáuregui… o a Netza o Ismael; ambos resuelven o pretenden resolver la necesidad del colono o vecina por el que se acerca a esos eventos. Total, para pedir un apoyo da igual quien de los dos sea.
Pero en esa transferencia simbólica, quien más gana es el Secretario de Bienestar.
Más allá del parecido físico, que lo es en contextura, estilo de barba y código de vestimenta institucional, la confusión es estructural.
Netza tiene una ventaja operativa que Burgueño no puede replicar, puesto que la Secretaría de Bienestar permite presencia territorial constante, entrega directa, fotografía con beneficiarios, contacto continuo con colonias y comunidades en todo el estado, en ¡Tijuana! A Burgueño lo amarra la ciudad y sus problemas de gobernaza urbana.
El cerebro colectivo también tiene amigdala, y no
lo confunde cuando ve amenazas. La inteligencia popular sabe a quien reclamar y responsabilizar por temas de seguridad o inseguridad, por cobros de piso, homicidios, agendas urbanas como parques, baches, y hasta culpan s Burgueño de la falta de agua potable o acceso de sus hijos a la preparatoria, aunque estos dos últimos temas no sean de su competencia.
El narco, la migración, las garitas, el agua potable, la contaminación, este gran parte fuera de su competencia, para el imaginario colectivo la confusión no importa, igual Isamel Burgueño es la autoridad de la ciudad.
Y ahí empieza la asimetría.

La naturaleza del cargo de Bienestar genera capital simbólico, cercanía, sensibilidad social, entrega de apoyos, gratitud directa, ¡bienestar!. El alcalde genera responsabilidad estructural, decisiones polémicas, presión mediática, desgaste institucional.
Uno acumula abrazos, y el
otro reclamos.
Cuando en eventos alguien comenta “ahí viene el presidente” al andar de Netza, no es sólo un error, es una transferencia simbólica de liderazgo asociado a beneficios.
¿Quién transfiere a quién? Eso es algo que la comunicación está revolviendo.
La buena imagen política del bienestar social se impone sobre la imagen administrativa, lo sabemos, pero lo que no sabemos es quién le va sacar más provecho.
Curiosamente, en Mexicali la confusión casi no ocurre. Ahí Burgueño no es figura cotidiana, más allá de las redes, puesto que en las colonias, Netza es el Netza.
Pero en redes sociales es donde el Secretario pierde su hegemonía y Burgueño ya es el Jáuregui. La incursión en redes del alcalde de Tijuana le da frutos.
En Tijuana es donde Netza construye reconocimiento emocional constante a costa de Ismael.

En términos sociológicos, estamos ante un fenómeno de fusión icónica, dos figuras públicas que comparten códigos visuales y narrativa partidista en un entorno donde el elector promedio no distingue competencias administrativas, sino rostros asociados al poder y a rituales del gobierno de Morena.
Insisto no es un fenómeno menor, porque ambos nombres se mencionan rumbo a la gubernatura de 2027.
Si la confusión se mantiene en el plano de la popularidad positiva, es decir, si el trabajo territorial de Bienestar genera simpatía, y esa simpatía se asocia con la figura que más aparece en las colonias, el beneficiado puede ser Jáuregui, ¿o Burgueño?. La presencia constante consolida reconocimiento emocional, y de ahí la confusión, dos figuras que comparten estética, pero sobre todo, mensaje.
La marca es Morena, la 4T. En contextos de hegemonía partidista, el votante no distingue ji cargos ni competencias, solo poder.
Si ambos representan continuidad, la confusión diluye identidad personal y fortalece la idea de que cualquiera de los dos encarna la 4T.

Hice un ejercicio en diciembre en Tijuana, la foto de Netza con el nombre de Burgueño junto a otras fotos y nombres, y ahí en la 5 y 10 les pregunte a quién elegirían para candidato a gobernador, los que eligieron el nombre de Burgueño no se dieron cuenta del “error”. 3n enero regresé e invertí la situación. El nombre de Netza y el rostro de Ismael. El fenómeno fue el mismo.
La muestra no fíe estadística, pero confirnó lo que tenemos meses intuyendo, la confusión existe.
Quizá por eso, tarde o temprano, tendrán que diferenciarse. Cambiar estilos, cortar la barba, dejar el chaleco; ajustar narrativa. Modificar códigos visuales.
Mientras tanto, en las calles de Tijuana, no pocos ciudadanos siguen diciendo
“aquí viene el Burgueño ”… pero es el Netza. ¿O al revés?