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Prófugos de la justicia

La muerte de la jefa de enlace de la Fuerza Estatal de Seguridad Ciudadana tras un intercambio de disparos con un prófugo de la justicia de Estados Unidos, puso al descubierto la poca efectividad para detener al responsable de este crimen -uno más ya que precisamente el asesinato era el delito por el cual había sido detenido en el vecino país-, quien huyó con toda tranquilidad del fraccionamiento donde tuvo lugar la tragedia.

César Moisés Hernández se había escapado cuando se encontraba en una audiencia en el Centro de Justicia Superior del Condado de Kern en Delano, California el pasado lunes 2 de diciembre de 2024, donde respondía precisamente por el delito de homicidio y de una condena de 80 años a cadena perpetua.

De acuerdo a los primero reportes, la oficial Abigail Reyes había logrado ubicarlo y en compañía de otro oficial acudió al domicilio en que se encontraba el prófugo, cuando fue recibida a disparos por éste.

Tras la balacera, se calcula que más de 50 elementos de diversas corporaciones policiacas así como miembros del Ejército mexicano acudieron al sitio, donde se apoyaron con drones, vehículos especiales y dos helicóptero.

Sin embargo, no lograron detener al agresor quien según videos, entró a un vehículo cubierto por una lona en la vía pública del cual salió vistiendo un uniforme color verde fosforecente, del que utilizan los trabajadores de limpieza.

Estos hechos, que quedaron plasmados en videos que ya le dieron la vuelta al mundo, evidenciaron el operativo de búsqueda y localización de un sujeto que se escapa de la justicia por segunda vez.

No hubo un perímetro adecuado que impidiera la salida de los sospechosos del área, lo cual fue aprovechado por el ahora doble homicida.

Hoy los ojos están vueltos sobre los mandos policiacos y el fallido operativo, pero un ángulo que no debemos olvidar es el futuro de los dependientes de la oficial Abigail Reyes, pues los familiares de los elementos policiacos que caen en el cumplimiento de su deber son abandonados a su suerte pese a la solidaridad que los gobernantes les extienden en los primeros momentos.

Pasados los meses, los hijos de estos agentes del orden son olvidados y su futuro es incierto, de ahí que hace años y por iniciativa de la religiosa conocida como Madre Antonia surgiera la organización civil Brazos abiertos, cuya finalidad fue proporcionar becas a los hijos de policías y sostén para sus viudas.

Hoy los oficiales ni sus familiares pueden quedar en el abandono, sino recibir la atención médica oportuna, que tanto les han regateado los distintos niveles de gobierno, ni las debidas prestaciones para sus dependientes económicos.