Tras triunfo de Trump, fuerzas anti-Soros se sienten envalentonadas en Europa Oriental

(Joshua Bright/The New York Times)
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BUDAPEST, Hungría ⎯ Envalentonados por las señales alentadoras del gobierno del presidente Donald Trump, los líderes populistas en toda Europa Central y Oriental están montando represiones simultáneas contra organizaciones no gubernamentales, anteriormente protegidas por Washington, que promueven el gobierno abierto, ayudan a los refugiados y a menudo sirven como contrapesos de los gobiernos autoritarios.

En Hungría, donde el movimiento ha alcanzado un nivel de excitación extrema, los simpatizantes del primer ministro Viktor Orban están vilipendiando a las ONG “con financiamiento extranjero” ⎯ especialmente aquellas auxiliadas por George Soros, el multimillonario estadounidense liberal ⎯ y acusando a los grupos de querer inundar a Europa de refugiados musulmanes y transformar a las naciones “cristianas” en mezcolanzas multiculturales de globalismo de izquierda. Recientemente, Zoltan Kovacs, portavoz internacional en jefe de Orban, describió a las organizaciones como “agentes extranjeros financiados por dinero extranjero”.

El ex primer ministro autocrático de Macedonia, Nikola Gruevski, ha llamado a una “desorosización” de la sociedad, etiquetando a los oponentes de “Sorosoides” e inspirando un movimiento llamado “Detengan la Operación Soros” en enero. El líder del partido gobernante de Polonia, Jaroslaw Kaczynski, dice que los grupos financiados por Soros quieren “sociedades sin identidad”, y respaldan los nuevos esfuerzos para regularlas. En Rumania, donde cientos de miles de manifestantes anticorrupción tomaron las calles en las últimas semanas, el líder del partido gobernante denunció que Soros “financiaba el mal” y ha prometido derrotarlo.

Esfuerzos similares han empezado o se han acelerado en Serbia, Eslovaquia y Bulgaria desde el triunfo de Trump.

“Estas organizaciones deben ser combatidas con todas las armas disponibles”, dijo a periodistas Szilard Nemeth, vicepresidente del gobernante partido Fidesz de Hungría. “Pienso que deben ser eliminados, y ahora creo que se dan las condiciones internacionales correctas para esto con la elección de un nuevo presidente”.

Durante más de medio siglo, a medida que Europa primero pasaba apuros para resurgir de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial y luego se liberaba de los grilletes soviéticos, las organizaciones no gubernamentales respaldadas por Estados Unidos han estado activas en toda Europa, a menudo dedicadas a explicar el estilo de capitalismo democrático de Occidente a las personas que no lo conocían. Su presencia a menudo molestó a los líderes de mentalidad más autoritaria del continente, quienes consideran a muchos de los grupos como irritantes en el mejor de los casos, y como amenazas en el peor.

Tradicionalmente, los gobiernos estadounidenses de ambos partidos han promovido la propagación de la democracia y defendido firmemente a estos grupos activistas. Pero Trump ha dicho que no impondrá el sistema político de Estados Unidos a otros países y ha acogido a algunos de los líderes de extrema derecha de Europa. También ha criticado a la Unión Europea y hecho declaraciones desdeñosas sobre algunos principios democráticos, incluidas sus frecuentes críticas a los medios noticiosos.

Para líderes populistas como Orban, que ha hecho girar constantemente a Hungría hacia la llamada democracia intolerante, este nuevo tono de la Casa Blanca es considerado como una oportunidad importante.

“Lo ven como un momento histórico”, dijo Jozsef Peter Martin, director ejecutivo de la rama húngara de Transparencia Internacional. “La situación geopolítica ha cambiado”.

Durante años, los gobiernos populistas y autoritarios han estado apuntando a las organizaciones “con financiamiento extranjero” en muchas partes del mundo, desde China hasta India, y especialmente en la Rusia de Vladimir Putin. Declaraciones similares eran comunes en Europa Central y Oriental, pero ahora los gobiernos de Hungría y otras partes están yendo más allá de los discursos políticos para proponer legislación.

“Orban ha hablado sobre que la era de Trump es una nueva oportunidad internacional para Hungría”, dijo Marta Pardavi, cofundadora del Comité de Helsinki Húngaro, que recibe 30 por ciento de su financiamiento de fundaciones respaldadas por Soros. “Dijo que era un regalo para nosotros”.

Gergely Gulyas, vicepresidente del partido gobernante de Hungría, coincidió en que el triunfo de Trump ha creado un clima geopolítico más atractivo para los líderes actuales de Hungría, pero advirtió contra ver eso como la razón decisiva para la represión.

“Pienso que habríamos hecho esto incluso si hubiera ganado Hillary Clinton”, dijo.

Él y otros simpatizantes del gobierno húngaro dicen que la protesta de la sociedad civil es una enorme reacción exagerada a lo que simplemente es un intento de sentido común para forzar a las organizaciones a ser más “transparentes”, volviendo eficazmente el propio lenguaje de los grupos activistas contra ellos.

En Hungría, funcionarios del partido gobernante empezaron a criticar a las ONG con financiamiento extranjero en 2013. Al año siguiente, investigadores estatales apuntaron a las organizaciones que recibían dinero de Subvenciones de Noruega, las cuales la nación escandinava usa para promover la igualdad social y económica en el Este anteriormente comunista. Agentes registraron las oficinas en Budapest de tres organizaciones y demandaron documentación de docenas más. Pero el reporte final de los investigadores, dado a conocer el otoño pasado, no encontró violaciones serias de la ley húngara, y no se presentaron cargos.

Pero poco después de la elección de Trump, los líderes de Fidesz de inmediato renovaron sus ataques contra las ONG “con financiamiento extranjero”, ya que los nuevos villanos eran los grupos patrocinados por Soros, mientras también proponían nuevas restricciones legislativas. Funcionarios de Fidesz no han dado a conocer sus propuestas pero dicen que pretenden crear un registro de esas organizaciones y obligarlas a revelar sus detalles financieros. Algunos funcionarios han propuesto obligar a los líderes de las ONG locales a dar a conocer sus finanzas personales.

“Todo gira en torno de la transparencia”, dijo Gulyas. “Este es un debate que está teniendo lugar alrededor del mundo. Un debate importante sobre el futuro de la democracia”.

Pero los grupos activistas dicen que gira más en torno del hostigamiento y la intimidación. Stefania Kapronczay, directora ejecutiva de la Unión Húngara de Libertades Civiles, que recibe la mitad de su financiamiento de organizaciones respaldadas por Soros, dijo que los funcionarios húngaros estaban “probando las aguas” para ver “lo que pueden conseguir”. Las nuevas restricciones tendrían un “efecto pavoroso”, dijo.

“Algunas ONG pequeñas simplemente abandonan su labor”, comentó. “La disposición de la gente a cooperar con nosotros disminuye”.

Chris Stone, el presidente de las Fundaciones Sociedad Abierta, describió las represiones gubernamentales como “una campaña por parte de líderes del gobierno que se sienten impacientes con las instituciones de la democracia”.

Macedonia, que pasa apuros para formar un nuevo gobierno en medio de los escombros de una crisis política de dos años, ha adoptado quizá la postura contra Soros más vigorosa. La campaña Detengan la Operación Soros promueve la idea de que la presión internacional ⎯ de parte de las ONG y gobiernos occidentales ⎯ forzó la reciente caída del gobierno derechista de Gruevski, quien espera regresar al poder.

“Creemos que, en estos tiempos turbios, es realmente importante quitar la máscara a las llamadas organizaciones cívicas y revelar claramente sus objetivos y acciones políticas, así como su financiamiento”, dijo Nenad Mirchevski, fundador del movimiento.

En Polonia, enfrentada con un estallido de declaraciones contra Soros, la primera ministra Beata Szydlo dijo que su gobierno pretendía crear un nuevo organismo para coordinar el financiamiento estatal de todas las organizaciones no gubernamentales. En Eslovaquia, un partido de extrema derecha propuso forzar a las ONG “con financiamiento extranjero” a registrarse ante el gobierno. Ese esfuerzo no tuvo éxito, pero eso no desaceleró la ola de declaraciones contra Soros.

“Las fuerzas demoniacas del mal, representadas por Soros, los Clinton, la familia Bush y otros, no han aceptado haber perdido la elección, así que siguen atacando a Trump y quieren deshacerse de él”, indicó un artículo reciente en Hlavne Spravy, un diario eslovaco derechista.

Desde el momento en que el partido nominalmente socialista de Rumania regresó al poder en diciembre, su líder populista, Liviu Dragnea, ha presionado a favor de más control sobre las ONG. “Tengo algo contra el señor Soros”, dijo Dragnea en una entrevista a fines de enero.

En Bulgaria, tanto Soros como las organizaciones que defienden los derechos humanos han estado bajo ataque. Un periódico local, poco después del triunfo de Trump, describió a Soros como un “terrorista liberal”.

En Serbia, las publicaciones derechistas y pro-rusas locales han vinculado a Soros con los Rothschild, destacado su judaísmo y descrito sus esfuerzos como un “movimiento radical anti-Trump”.

“Y solo estamos al inicio de la historia”, dijo Laszlo Majtenyi, director del Instituto Eotvos Karoly en Budapest, una organización financiada por Soros, y candidato de una coalición izquierdista para la presidencia en abril. Una vez que el gobierno haya estigmatizado a los grupos como receptores de “financiamiento extranjero”, dijo, las represiones futuras serán más fáciles.

Rick Lyman
© 2017 New York Times News Service

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