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Trump salvó los empleos de Carrier. Estos trabajadores no tuvieron tanta suerte

(A J Mast/The New York Times)

HUNTINGTON, Indiana ⎯ Estos son los trabajadores de Indiana cuyos empleos el presidente Donald Trump no salvó.
Después de ensamblar tableros de circuitos para las calderas de Carrier en una fábrica aquí durante 21 años, Jim Sholle, de 56 años de edad, salió de la planta por última vez recientemente. Pero sigue despertándose a las 4:30 cada mañana, listo para trabajar en el turno de 6 de la mañana a 2 de la tarde.
“Soy un tipo rutinario, y no estoy quejándome”, dijo. “Pero me siento exhausto”.
Pat Saylors, de 57 años de edad, sigue empleada, pero sus días aquí están contados, como los de otros más de 700 obreros. La producción debe terminar a fines de diciembre en la planta, y cada mes varias docenas de ellos están siendo despedidos.
“Me encantaba mi trabajo”, dijo Saylors, quien gana 17.31 dólares por hora como especialista de materiales. Se unió a la compañía hace 40 años, cuando la planta estaba en la diminuta localidad de Converse, y luego siguió a su empleo a Huntington cuando abrió la fábrica aquí en 1990.
Saylors es típica de la fuerza laboral de la fábrica, que es mayormente femenina, con una edad promedio de alrededor de 50 años. Se unió unos meses después de graduarse del bachillerato, al igual que su hija, Amanda, quien tiene 33 años de edad.
“Es todo lo que he conocido”, dijo.
Durante la campaña de Trump, el destino de más de 2,000 empleos de Carrier que la compañía quería trasladar a México desde Indiana, incluidos los de Huntington, fueron la Prueba A en sus ataques contra las políticas de libre comercio de sus predecesores.
Así que cuando Trump anunció que estaba cerca de un acuerdo con la matriz corporativa de Carrier, United Technologies, para salvarlos, Sholle y Saylors pensaron que estaban entre los afortunados.
No sería así. Gracias a la presión de Trump y un paquete de exenciones fiscales negociadas por el gobernador Mike Pence, ahora el vicepresidente, Carrier aceptó seguir produciendo algunas de sus calderas en Indianápolis, preservando aproximadamente 800 de los 1,400 empleos ahí.
Pero la planta en Huntington operada por United Technologies Electronic Controls, o UTEC, no fue parte del acuerdo; ni sería ayudada por el mandato de “comprar productos estadounidenses” para los proyectos de infraestructura federales que Trump prometió. Y, para principios del año próximo, los componentes usados para las calderas que seguirán siendo ensambladas en Indianápolis provendrán más bien de Monterrey, México, donde a los trabajadores les toma un día ganar lo que los trabajadores ganan aquí en alrededor de una hora.
Sin embargo, la economía en Huntington, una localidad de 17,000 habitantes en el noreste rural de Indiana, es bastante diferente a la que enfrentan los trabajadores en Indianápolis, al igual que su cultura. Pese a algunos cierres notables, muchas fábricas permanecen, con 21 por ciento de los trabajadores locales empleados en manufactura, una proporción más alta que en más de 90 por ciento de los otros condados del país.
Y como sugiere la renuencia a quejarse de Sholle, el enojo por la economía y por Washington que era tan evidente en Indianápolis y otras partes del Medio Oeste donde Trump ganó está más apagado aquí. No es que esté ausente ⎯ más de 70 por ciento de los votantes del condado de Huntington apoyaron a Trump ⎯, pero el dolor está muy por debajo de la superficie.
En su mayor parte, los trabajadores no culpan a Trump por no conservar sus empleos.
“Lo apoyo al 100 por ciento”, dijo Tami Barnett, una veterana de 27 años que dejó de trabajar a fines de marzo. “Me complació mucho que salvara los empleos en Indianápolis. ¿Deseo que pudiera haber salvado el mío? Absolutamente. Pero hizo su mejor esfuerzo”.
El alcalde de Huntington, Brooks Fetters, admite cuando se le presiona que se siente frustrado de que nunca recibió respuesta de la oficina de Pence después de que llamó a fines del año pasado para descubrir por qué Huntington no estaba recibiendo ayuda.
“Para bien o para mal, aquí es donde estamos”, dijo Fetters, un republicano moderado. “No estamos en modalidad de pánico”.
Y, en cualquier caso, dijo, “el estoicismo alemán es profundo en el norte de Indiana, y recibes los golpes”.
Huntington se las ha ingeniado para adaptarse atrayendo a nuevos proveedores de metalurgia y automotrices en los últimos años, según Mark Wickersham, director de desarrollo económico del condado de Huntington.
“No somos una localidad moribunda”, dijo, citando la expansión de 1.4 millones de dólares el otoño pasado de un centro de aprendizaje frente a la preparatoria, donde los adolescentes y los adultos pueden obtener certificados en campos como manufactura avanzada y atención médica.
Aunque la nueva capacitación ofrece solo una modesta esperanza para los trabajadores de más de 55 años que tienen solo un diploma de bachillerato, Fetters insiste en que los trabajadores de UTEC no tiene que enfrentar un futuro económico desalentador si pueden aprender nuevas habilidades.
“Con un desempleo del 4 por ciento, si la persona no está trabajando, hay una razón y no es buena”, dijo Fetters. “Como alcalde, no tengo empleos para personas que solo pueden usar un rastrillo y una pala. Tengo empleos para operadores de equipo”.
El alcalde tiene razón; hasta cierto punto. Es cierto que los proveedores de autopartes, los fabricantes de máquinas herramienta y otras compañías industriales locales están contratando. Pero solo unos cuantos puestos están disponibles en cualquier momento dado.
No lejos de la planta de UTEC que pronto será cerrada, Ecolab está haciendo contrataciones. El salario por hora es igual a lo que pagaba UTEC, pero solo hay cuatro vacantes en la planta.
Más allá de eso, no se espera que la fuerza laboral de 100 personas de Ecolab aumente significativamente, según Tracey Hartman, la gerente de recursos humanos de la compañía en Huntington.
Como otros trabajadores veteranos, Sholle recibió un paquete de indemnización, incluido un pago de 17,700 dólares en su caso. Pero le preocupa que no esté lo suficientemente sano para empezar de nuevo en otra fábrica, y después de pagar 10,000 dólares para cubrir impuestos y gastos médicos, la indemnización no le ayudará por mucho tiempo. Su seguro de salud se vence en septiembre.
Para mejorar los ingresos en medio de un crecimiento lento en los últimos años, una estrategia clave de los ejecutivos de United Technologies ha sido reducir la huella manufacturera de la compañía y trasladar la producción a países donde la mano de obra es barata.
En una reciente reunión con analistas para discutir las perspectivas para 2017, el jefe de la división que incluye a Carrier, Robert J. McDonough, se jactó de que los márgenes de utilidad se habían duplicado en los últimos cinco años.
“Parte de ello obedece al traslado de fábricas a ubicaciones de más bajo costo, no hay duda de ello”, dijo. “Pienso que todos saben que eso ha sido parte de la fórmula para nosotros”.
¿Por qué Trump tuvo más éxito en Indianápolis que en Huntington? “Nosotros éramos el hijastro pelirrojo de incisivos prominentes”, dijo Sholle amargamente. “Nunca fuimos siquiera mencionados en la cobertura”.
Hay algo de verdad en la segunda parte de la evaluación de Sholle. A más de dos horas al norte desde Indianápolis y a cierta distancia de la carretera interestatal más cercana, Huntington, como otros rincones rurales del país, rara vez recibe mucha atención de los forasteros.
Unos 100 empleos en ventas, mercadotecnia e ingeniería permanecerán en Huntington después de que cese la manufactura, y la compañía ha estado aumentando su personal administrativo aquí. Desafortunadamente, la mayoría de los trabajadores de las líneas de ensamblaje nunca serían considerados para estos puestos porque carecen de títulos universitarios y otras credenciales, como experiencia en ingeniería.
Aunque es demasiado tarde para personas como Jim Sholle y Pat Saylors, incluso el director ejecutivo de United Technologies, Greg Hayes, sugirió recientemente que los años de reducción de costos en Carrier, el fabricante de calderas y aires acondicionados, habían ido demasiado lejos, poniendo a las utilidades a corto plazo por delante del crecimiento a largo plazo.
La necesidad de seguir siendo competitiva fue la razón que la compañía dio para trasladar los empleos de Indiana a México, pero la participación de mercado de Carrier realmente se erosionó ligeramente el año pasado. Así que Carrier está haciendo una corrección de rumbo.
“Necesitamos hacer inversiones, como dije antes, en la fuerza de ventas”, dijo Hayes a los analistas en Wall Street en diciembre. “Necesitamos tener a más vendedores en la calle”.
“Bob está enfocado en eso”, añadió Hayes, refiriéndose a las nuevas órdenes de McDonough, en lo que sonó como una mezcla de propósito y amenaza. “El equipo de liderazgo superior de Bob está enfocado en ello, y vamos a hacer que todos en la organización se enfoquen en ello igualmente, para que se trabaje más en eso”.

Nelson D. Schwartz
© 2017 New York Times News Service

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