New York Times

¿Qué valor tienen las piezas coleccionables de un Presidente? Depende de cuál Presidente

Bob Cacchione llevó consigo un bol de gomitas la primera vez que fue a la Casa Blanca para conocer a Ronald Reagan. Sin embargo, antes de poder entregar su regalo, la directora de protocolo del presidente las tiró y salió del cuarto. Ella regresó unos minutos después y ahora el bol estaba lleno de Jelly Belly, la marca de gomitas que eran las favoritas de Reagan.

“Eran las única gomitas que comía el presidente”, contó él.

Cacchione, a la sazón ejecutivo sénior en Cartier, estaba ahí para mostrar regalos que Reagan y los funcionarios de su gabinete podrían ofrecer en viajes oficiales. Sin embargo, como resultado de sus reuniones de tres personas, él se convirtió en coleccionista de piezas de Reagan, incluido el bléiser con botones y mancuernillas que le hizo Cartier.

“Era un jinete y yo soy un jinete”, contó Cacchione, quien fundó la asociación Intercollegiate Horse Show. “Con Ronald Reagan, pude hablar mucho sobre caballos”.

Richard S. Berg, el director ejecutivo de Performance Trust Capital Partners, el despacho de asesores en servicios financieros, ha tomado otra dirección para coleccionar piezas presidenciales y se concentra en objetos únicos o documentos básicos. Compró una de las cuatro plumas que utilizó Abraham Lincoln para firmar la Proclamación de la Emancipación.

Sin embargo, también adquirió el segundo juego de recámara de Lincoln, el cual colocó en la habitación para las visitas en su casa de Chicago. “Mary Todd Lincoln ordenó dos y canceló uno”, dijo. “Consiguió una gran reacción negativa por la cantidad de dinero que gastó en la redecoración de la Casa Blanca”.

Berg no quiso especificar cuánto pagó por su cama de Lincoln, cuya procedencia confirmó Bill Rau, de Nueva Orleáns, un comerciante en antigüedades, quien se la compró a una familia en el oeste de Illinois. Solo comentó que le costó entre 50,000 y 100,000 dólares, y agregó: “Las únicas antigüedades que hay en mi casa están en esa recámara”.

En cierto sentido, la colección de objetos presidenciales es una subsección de la Americana o de las antigüedades. Sin embargo, dada la disponibilidad finita del material de los presidentes, la exclusividad atrae a personas que tienen intereses específicos.

A algunos coleccionistas les gustan las insignias de las campañas políticas, los programas y las pancartas de las convenciones, o las banderas. Otros se concentran en presidentes específicos.

Los coleccionistas y los comerciantes dicen que los partidos políticos les importan menos a los coleccionistas que una pieza o un presidente en particular.

“Es el artículo, dijo James Gillis, quien maneja las ventas mundiales en M.S. Rau Antiques en Nueva Orleáns. “Solo hay 44 presidentes. Ningún material presidencial es negativo. Gente de todo el país los colecciona.

Las más codiciadas son las pertenencias de Lincoln, y están entre las mejores inversiones, seguidas por artículos asociados con George Washington y los dos Roosevelt. En épocas más recientes, John F. Kennedy y Reagan se han hecho populares entre los entusiastas.

Los expertos dicen que comprar pertenencias de alguna celebridad con la mirada puesta en su valor potencial requiere de concentración, precaución y paciencia. Desde luego que las falsificaciones son un problema. Pero también hay mucho material histórico que no tiene ningún valor en el mercado.

Por ejemplo, las insignias de las campañas presidenciales. Ted Hake, el dueño de Hake’s Americana and Collectibles en York, Pensilvania, y experto en insignias, dijo que las primeras, como las conocemos, se hicieron para la contienda presidencial entre William Jennings Bryan y William McKinley, en 1896.

“Hicieron miles de diseños para cada candidato”, contó Hake. “La insignia era tal novedad que todos siguieron al rebaño. Las insignias inundaron al país”.

Sin embargo, debido a esa provisión, explicó Hake, una insignia de 120 años de antigüedad vale unos 10 dólares hoy. No obstante, cualquiera hecha para la campaña presidencial de 1920, que tenga los nombres de James M. Cox para presidente y Franklin Delano Roosevelt para vicepresidente, es valiosa. Señaló que una en buenas condiciones podría valer unos 25,000 dólares y las que están perfectas podrían tener un valor de cerca de los 150,000 dólares.

“El error más común es tratar de comprarlo todo”, dijo, porque las insignias son pequeñas y más fáciles de guardar que otro tipo de recuerdos. “Tarde o temprano, el material te abruma”.

Y si no abruma, podría ser solo un gasto en lugar de una inversión. “Se necesita ser un especialista en un área”, dijo Jeff R. Bridgman, un experto en banderas estadounidenses. “Los generalistas cometen muchísimos más errores. Los documentos, las insignias, los listones, la porcelana, cada cosa tiene sus propias excentricidades”.

Morris W. Offit, el presidente de Offit Capital, un despacho de asesoría en administración de la riqueza, en la Ciudad de Nueva York, dijo que su interés inicial en coleccionar pertenencias presidenciales se desencadenó cuando se le pegó a sus esposa para ir a una feria de antigüedades y vio banderas de Estados Unidos con las estrellas arregladas en formas distintas. (El patrón de las estrellas no se estableció sino hasta que el entonces presidente William Howard Taft emitió un decreto presidencial al respecto en 1912.)

Ahora, Offit tiene más de 40 banderas en exhibición en su oficina, incluidas algunas con distintos patrones de las estrellas y algunas con el nombre, la cara o los lemas de los candidatos en ellas. “Te vuelves bastante exigente con los años”, comentó. “Busco algo que sea diferente, que tenga alguna historia asociada a ella o brinde conocimiento sobre ese periodo de tiempo”.

Después de 15 años de coleccionar banderas, comentó que hay una que lo sigue eludiendo. En las elecciones de 1860, Lincoln contendió contra otros tres candidatos: John Bell, John c. Breckinridge y Stephen A. Douglas.

Tiene las banderas de Lincoln, Bell y Douglas. “Hace unos años, salió la de Breckinridge al mercado”, dijo. “El precio no estaba dentro de mis posibilidades”.

Offit no quiso hablar sobre cuánto pagó por sus banderas. Sin embargo, algunas de ellas alcanzan los seis dígitos. Una bandera estadounidenses con el sello presidencial que ondeó en la casa de Franklin Roosevelt en Hyde Park, Nueva York, se vendió en 98,000 dólares hace dos años.

“Eleanor Roosevelt se la dio a William D. Simmons, uno de los elementos del personal de la Casa Blanca como un regalo por haber estado al servicio de Franklin Roosevelt durante tanto tiempo”, contó Gillis.

Sin embargo, ¿cómo puede un comprador estar seguro de que una bandera estadounidense en particular ondeó en Hyde Park?

En este caso, Gillis le compró la bandera a descendientes de Simmons. Sin embargo, otros comerciantes y él enfatizaron la importancia de saber de dónde viene cualquier cosa. “La procedencia lo es todo en este negocio”, notó.

en York, Pensilvania, y experto en insignias, dijo que las primeras, como las conocemos, se hicieron para la contienda presidencial entre William Jennings Bryan y William McKinley, en 1896.

“Hicieron miles de diseños para cada candidato”, contó Hake. “La insignia era tal novedad que todos siguieron al rebaño. Las insignias inundaron al país”.

Sin embargo, debido a esa provisión, explicó Hake, una insignia de 120 años de antigüedad vale unos 10 dólares hoy. No obstante, cualquiera hecha para la campaña presidencial de 1920, que tenga los nombres de James M. Cox para presidente y Franklin Delano Roosevelt para vicepresidente, es valiosa. Señaló que una en buenas condiciones podría valer unos 25,000 dólares y las que están perfectas podrían tener un valor de cerca de los 150,000 dólares.

“El error más común es tratar de comprarlo todo”, dijo, porque las insignias son pequeñas y más fáciles de guardar que otro tipo de recuerdos. “Tarde o temprano, el material te abruma”.

Y si no abruma, podría ser solo un gasto en lugar de una inversión. “Se necesita ser un especialista en un área”, dijo Jeff R. Bridgman, un experto en banderas estadounidenses. “Los generalistas cometen muchísimos más errores. Los documentos, las insignias, los listones, la porcelana, cada cosa tiene sus propias excentricidades”.

Morris W. Offit, el presidente de Offit Capital, un despacho de asesoría en administración de la riqueza, en la Ciudad de Nueva York, dijo que su interés inicial en coleccionar pertenencias presidenciales se desencadenó cuando se le pegó a sus esposa para ir a una feria de antigüedades y vio banderas de Estados Unidos con las estrellas arregladas en formas distintas. (El patrón de las estrellas no se estableció sino hasta que el entonces presidente William Howard Taft emitió un decreto presidencial al respecto en 1912.)

Ahora, Offit tiene más de 40 banderas en exhibición en su oficina, incluidas algunas con distintos patrones de las estrellas y algunas con el nombre, la cara o los lemas de los candidatos en ellas. “Te vuelves bastante exigente con los años”, comentó. “Busco algo que sea diferente, que tenga alguna historia asociada a ella o brinde conocimiento sobre ese periodo de tiempo”.

Después de 15 años de coleccionar banderas, comentó que hay una que lo sigue eludiendo. En las elecciones de 1860, Lincoln contendió contra otros tres candidatos: John Bell, John c. Breckinridge y Stephen A. Douglas.

Tiene las banderas de Lincoln, Bell y Douglas. “Hace unos años, salió la de Breckinridge al mercado”, dijo. “El precio no estaba dentro de mis posibilidades”.

Offit no quiso hablar sobre cuánto pagó por sus banderas. Sin embargo, algunas de ellas alcanzan los seis dígitos. Una bandera estadounidenses con el sello presidencial que ondeó en la casa de Franklin Roosevelt en Hyde Park, Nueva York, se vendió en 98,000 dólares hace dos años.

“Eleanor Roosevelt se la dio a William D. Simmons, uno de los elementos del personal de la Casa Blanca como un regalo por haber estado al servicio de Franklin Roosevelt durante tanto tiempo”, contó Gillis.

Sin embargo, ¿cómo puede un comprador estar seguro de que una bandera estadounidense en particular ondeó en Hyde Park?

En este caso, Gillis le compró la bandera a descendientes de Simmons. Sin embargo, otros comerciantes y él enfatizaron la importancia de saber de dónde viene cualquier cosa. “La procedencia lo es todo en este negocio”, notó.

en York, Pensilvania, y experto en insignias, dijo que las primeras, como las conocemos, se hicieron para la contienda presidencial entre William Jennings Bryan y William McKinley, en 1896.

“Hicieron miles de diseños para cada candidato”, contó Hake. “La insignia era tal novedad que todos siguieron al rebaño. Las insignias inundaron al país”.

Sin embargo, debido a esa provisión, explicó Hake, una insignia de 120 años de antigüedad vale unos 10 dólares hoy. No obstante, cualquiera hecha para la campaña presidencial de 1920, que tenga los nombres de James M. Cox para presidente y Franklin Delano Roosevelt para vicepresidente, es valiosa. Señaló que una en buenas condiciones podría valer unos 25,000 dólares y las que están perfectas podrían tener un valor de cerca de los 150,000 dólares.

“El error más común es tratar de comprarlo todo”, dijo, porque las insignias son pequeñas y más fáciles de guardar que otro tipo de recuerdos. “Tarde o temprano, el material te abruma”.

Y si no abruma, podría ser solo un gasto en lugar de una inversión. “Se necesita ser un especialista en un área”, dijo Jeff R. Bridgman, un experto en banderas estadounidenses. “Los generalistas cometen muchísimos más errores. Los documentos, las insignias, los listones, la porcelana, cada cosa tiene sus propias excentricidades”.

Morris W. Offit, el presidente de Offit Capital, un despacho de asesoría en administración de la riqueza, en la Ciudad de Nueva York, dijo que su interés inicial en coleccionar pertenencias presidenciales se desencadenó cuando se le pegó a sus esposa para ir a una feria de antigüedades y vio banderas de Estados Unidos con las estrellas arregladas en formas distintas. (El patrón de las estrellas no se estableció sino hasta que el entonces presidente William Howard Taft emitió un decreto presidencial al respecto en 1912.)

Ahora, Offit tiene más de 40 banderas en exhibición en su oficina, incluidas algunas con distintos patrones de las estrellas y algunas con el nombre, la cara o los lemas de los candidatos en ellas. “Te vuelves bastante exigente con los años”, comentó. “Busco algo que sea diferente, que tenga alguna historia asociada a ella o brinde conocimiento sobre ese periodo de tiempo”.

Después de 15 años de coleccionar banderas, comentó que hay una que lo sigue eludiendo. En las elecciones de 1860, Lincoln contendió contra otros tres candidatos: John Bell, John c. Breckinridge y Stephen A. Douglas.

Tiene las banderas de Lincoln, Bell y Douglas. “Hace unos años, salió la de Breckinridge al mercado”, dijo. “El precio no estaba dentro de mis posibilidades”.

Offit no quiso hablar sobre cuánto pagó por sus banderas. Sin embargo, algunas de ellas alcanzan los seis dígitos. Una bandera estadounidenses con el sello presidencial que ondeó en la casa de Franklin Roosevelt en Hyde Park, Nueva York, se vendió en 98,000 dólares hace dos años.

“Eleanor Roosevelt se la dio a William D. Simmons, uno de los elementos del personal de la Casa Blanca como un regalo por haber estado al servicio de Franklin Roosevelt durante tanto tiempo”, contó Gillis.

Sin embargo, ¿cómo puede un comprador estar seguro de que una bandera estadounidense en particular ondeó en Hyde Park?

En este caso, Gillis le compró la bandera a descendientes de Simmons. Sin embargo, otros comerciantes y él enfatizaron la importancia de saber de dónde viene cualquier cosa. “La procedencia lo es todo en este negocio”, notó.

Paul Sullivan
© 2016 New York Times News Service

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