Vivir en las calles. Silverio

Silverio que  llego de un pequeño pueblo de Oaxaca con tan sólo 20 años de edad, tras vivir 16 años en la ciudad de Tijuana  se ha convertido en un indigente

Silverio
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Y caminaba arrastrando una pierna, la sangre todavía fresca se se filtraba desde su tobillo vendado.  Silverio que  llego de un pequeño pueblo de Oaxaca con tan sólo 20 años de edad, tras vivir 16 años en la ciudad de Tijuana  se ha convertido en un indigente, un indigente más, que por circunstancias de la vida termina deambulando, buscando un lugar donde dormir en las noches y evitando que la policía lo “levante”.

Cuando llego a la ciudad sólo pensaba en trabajar, comenta: “Como viene uno de allá, todos son muy cerrados”; haciendo referencia a su origen y el trato que le daba la gente. No tenía mucho conocimiento sobre lo que él podía ofrecer y lo que la ciudad podía ofrecerle. Tuvo la oportunidad de trabajar en una taquería, hasta que su vida dio un cambio “Conoces a gente y el ambiente te envuelve en el vicio, como el cristal. Ya cuando te unes ya está uno atrapado y uno ni se da cuenta” me platica haciendo referencia a cómo fue que termino en situación de calle.

Silverio lleva 3 días limpio, pero no necesariamente por voluntad propia “Pues hace como 2 o 3 días que consumí drogas, ahorita no he consumido porque me llevaron a la veinte antier y ante antier también”. Me comenta que su arresto fue porque dormía en el parque y cuando el guardia de seguridad se dio cuenta lo golpeo con un palo y le llamño a  la policía. Para ellos no hace ninguna diferencia si tienes identificación o no, el aspecto de ellos les da un pase seguro a la cárcel. Y es que Silverio no sabe cómo salir ni de la calle ni del vicio. Ha sido recluido 4 veces en un centro de rehabilitación, pero ¿Cuál es su plan después de eso? Las calles vuelven a ser su refugio, calles donde tampoco es bienvenido y donde se encuentra odio y desprecio. Se vuelven víctimas de la autoridad.

Silverio está acostumbrado al acoso constante, relata como lo han golpeado a puño cerrado e inclusive con  el bastón de seguridad de un volante, cuando después de que lo apuntaran con una pistola, intentará defenderse, pero Silverio tiene fe en Dios y para él, eso hace que los golpes duelan menos.

“Desde que era chiquito mi mama me decía que Dios llora. Cuando uno se porta mal Dios llora y eso me dio sentimiento. Dios me dice que no me drogue y eso me hace sentir mal, muy mal.” Silverio comenta.

Ahora lo único que quiere es respeto y oportunidades, para él y todos aquellos que viven su situación, Salir de este mundo no es fácil, “Tijuana no tiene nada, nada en el sentido de que me quedo por esto. Y no me gustaría llegar así a Oaxaca así jodido y como no me puedo levantar pues entonces aquí me voy a morir”.

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