Editorial

Zona de turbulencias

Palco de Prensa

 

El actual proceso electoral entró a la última semana de actividades proselitistas. A partir de ahora, pueden arreciar las campañas negras, comúnes en este tipo de contiendas.

Es como cuando a los pasajeros del avión se les recomienda que tomen sus asientos y se ajusten el cinturón. Y efectivamente, sin aparente explicación, de pronto la nave empieza a zarandearse.

Es el período, durante el cual, los “simpatizantes” de tal o cual partido político o candidato, lanzan todo tipo de señalamientos o descalificaciones, en contra de los rivales, tratando de desbancarlos.

Es el período, durante el cual, las autoridades en general, y las electorales en especial, deben estar vigilantes del proceso, tratando de evitar que las “pasiones” se desborden.

En días pasados, afuera del World Trade Center, durante un debate de los candidatos a alcalde de Tijuana, hubo fricciones entre choferes de taxis, que apoyan a candidatos panistas, y brigadistas tricolores. Afortunadamente las cosas no pasaron a mayores. Salvo algunos golpes y raspones.

Tales acciones, podrían repetirse, de un momento a otro, y debe ser prevenido. Empezando por los dirigentes de los partidos políticos, y luego por los propios candidatos, quienes deben recomendar a sus seguidores, que eviten los encuentros con grupos de partidos contrarios. A nadie conviene.

Mientras tanto, a través de las redes sociales, empieza a subir el tono de las críticas y descalificaciones. Cada día más audaces y groseras. Incluso tratando de evidenciar supuestas actitudes indebidas, sin importar exhibir, denostar o agraviar a mujeres.

Seguramente, los agresores o promotores de tales campañas negras, habrán de subir aún más el grado de suciedad, buscando que prenda el fuego.

Se quejan del abstencionismo y no entienden, ni reconocen, que las campañas negras, ciertas o falsas, desalientan aún más a los electores.

Que si los candidatos rivales son unos pillos, este ya no es momento propicio para señalamientos. En todo caso, sale sobrando el denostarlos, si caben las denuncias formales.

Las simples descalificaciones, en ocasiones burdas, groseras o mentirosas, aumentan el repudio de los electores hacia los políticos.

Que si se trata de oportunistas o vivales, también cabe la crítica dura, pero objetiva. Dicen que la verdad no peca, pero incomoda.

Pero se nota, cuando la intención es simplemente fastidiar a los rivales. Muchas de las veces con meros infundios o mentiras.

Las campañas negras, son como el lodo. Quien lanza la suciedad, también se embarra. De una u otra forma, directa o indirectamente, se llega a identificar a los autores. Materiales e intelectuales.

El columnista decía ha ce tiempo, a propósito de campañas negras, que las caretas ocultan rostros, pero que las acciones delatan identidades.

En ocasiones, suele ocurrir, pagan justos por pecadores. Aunque no se identifique plenamente a los autores intelectuales, se presume su identidad, al buscar presuntos beneficiarios.

Por ejemplo, no hay quien pueda decir que escuchó a dirigentes panistas, o al candidato blanquiazul, Juan Manuel Gastélum, ponerse de acuerdo o dar instrucciones, a los transportistas que irrumpieron en la parte exterior del World Trade Center, para que agredieran a los priístas, pero la presencia de estos, nadie lo puede negar, fue en apoyo de los panistas.

Hasta ahora, además de destruir o robar propaganda de los contrarios, o de sacar la lengua a los brigadistas de los candidatos rivales, no ha pasado a más.

Pero hay que tener cuidado, para que las cosas no pasen a mayores, pues en estos momentos, las cosas están de “mírame y no me toques”.

Los actos indebidos que realicen, unos u otros, van a afectar los ánimos de los electores. Los van a desalentar. Muchos de ellos, han de decir, que para que van a las urnas a votar, si los que participan como candidatos, son unos pillos. Si voten ellos o se abstengan, son electos los peores.

El simple hecho de que se afirme o anuncie, la formación de “ejércitos” para defender el voto, da a entender que esta es una contienda entre ladrones y tramposos. Genera desconfianza, además de repudio.

Bajo aviso, no hay engaño. Entramos a zona de turbulencias. Tomen sus asientos, ajústense el cinturón. Para que la zarandeada, no los agarre desprevenidos.
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