CIUDAD DE MÉXICO.- El director de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA), Terrance Cole, elevó la presión contra México al advertir que las acusaciones anunciadas contra el gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y otros funcionarios sinaloenses “son sólo el principio de lo que está por venir”.
Las declaraciones ocurrieron durante una comparecencia ante el subcomité de Apropiaciones del Senado estadounidense, donde Cole insistió en que el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) operan como “empresas globales” responsables de la crisis de fentanilo en Estados Unidos.
EU insiste en vincular políticos y narcotráfico
El funcionario estadounidense respaldó los señalamientos lanzados por legisladores republicanos sobre presuntos vínculos entre políticos mexicanos y organizaciones criminales. Incluso afirmó que “no hay duda” de que narcotraficantes y altos funcionarios mexicanos “han compartido cama por años”, retomando el caso del exsecretario de Seguridad Pública Genaro García Luna, condenado en Estados Unidos por nexos con el narcotráfico.
Cole aseguró que la DEA seguirá avanzando en investigaciones contra funcionarios mexicanos y sugirió que podrían surgir más acusaciones derivadas de posibles acuerdos de cooperación con integrantes del crimen organizado detenidos en territorio estadounidense.
Pese al tono de las amenazas, reconoció que México ha incrementado su cooperación bilateral, destacando la entrega de decenas de acusados por narcotráfico durante el último año.
Trump mantiene amenazas de intervención
Las declaraciones del titular de la DEA coincidieron con nuevas presiones del secretario estadounidense de Guerra, Pete Hegseth, quien exigió al gobierno mexicano hacer más contra los cárteles “para que nosotros no tengamos que hacerlo”.
La postura forma parte de la estrategia impulsada por Donald Trump, quien desde el inicio de su nuevo mandato ha amenazado con intervenir directamente en territorio mexicano bajo el argumento de combatir al narcotráfico y frenar el tráfico de fentanilo.
Aunque funcionarios estadounidenses reconocen públicamente la cooperación de México, el discurso de Washington mantiene una narrativa cada vez más agresiva que insiste en responsabilizar al gobierno mexicano de la crisis de drogas en Estados Unidos, mientras evita profundizar en el consumo interno, el tráfico de armas hacia México y la demanda estadounidense que sostiene las ganancias de los cárteles.